Rock de estadio versus autenticidad rockera

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Como ya sabes, querido lector, la experiencia Rock and Roll Army no acaba con nuestro dominio; nuestros tentáculos se extienden a varias redes sociales, y es allí donde, en ocasiones, se generan interesantes debates que a veces consideramos tienen el suficiente interés como para ampliar nuestra postura por medio de estas editoriales.

El caso que nos ocupa hoy es uno de esos. A cuenta de la noticia que recogíamos estos días comentando que D Generation van a telonear a Guns N’ Roses, uno de nuestros lectores expresaba su disconformidad con el asunto. Es más, parecía decepcionado con Malin y compañía por haber aceptado semejante oferta. «La pasta es la pasta, qué asco» decía nuestro amigo lector.

No puedo por más que estar en desacuerdo con él. Pero sobre todo agradecido, porque gracias a las opiniones sinceras de todo el mundo se enriquece el debate. Y sin el feedback de la gente (siempre que sea respetuoso, obviamente), esto no tendría demasiado sentido. Además nos da la excusa perfecta para explicar nuestra postura, que es a lo que viene este artículo dominguero.

Está claro que no toda la música que recibe una respuesta masiva es buena, incluso si hablamos de Rock exclusivamente. Pero no es menos cierto que comercialidad no tiene por qué ser sinónimo de falta de calidad. Y aquí no estoy haciendo una defensa de Guns N’ Roses ni en particular a la actual formación que acompaña a Axl Rose, sino a la música en general. Cada cual es libre de acudir a los conciertos que le parezca por las razones que sean, pero me parece injusto que porque una banda que, no nos engañemos, nunca tuvo una popularidad ni repercusión masivas a pesar de haber sido telonera en los años 90 de Green Day en una gira de grandes pabellones por cierto, haya que considerar ya que «se ha vendido», que únicamente ha regresado «por la pasta», etc etc. Y lo mismo sirve para cualquier pequeña banda en situación similar, claro. No creo que intentar que tu música llegue a al mayor número de personas sea algo de lo que debiera avergonzarse nadie, ni tampoco creo que debamos ser tan talibanes como para pensar que cuando un grupo acepta una oferta de una banda grande para abrir sus conciertos, sea menos auténtico o únicamente piense en el dinero (que casos así también los habrá, ojo).

Además la cantidad de bandas de «arena Rock» que quedan está llegando a niveles alarmantes. Y casi todas las que quedan capaces de aguantar con éxito una gira por grandes recintos tienen más de dos décadas a sus espaldas. Creo que es sintomático de la situación de popularidad actual de nuestra música. Creo haberlo dicho en más de una ocasión por aquí, así que no me extenderé demasiado. Las bandas de estadio son positivas para el Rock, porque gracias a su popularidad otras muchas pueden conseguir que se les escuche. Si el Rock es popular las compañías apoyan el Rock. Y si las compañías apoyan el Rock, muchas pequeñas bandas tienen más oportunidades. Quizás D Generation consigan que en esos conciertos por California algunos de los asistentes descubran a una buena banda, que investiguen más y que se hagan seguidores de su música. Y que haya más público interesado en pequeñas bandas ayuda a su continuidad, porque al fin y al cabo el amor al arte está muy bien, pero todos queremos comer todos los días.

De hecho debo decir que siempre he creido que una de las «misiones» que medios como nosotros tenemos encomendadas es la de ayudar a que no se extinga la llama del Rock. Llamadme cuanto queráis, pero si nos metimos -y seguimos- en esto es por mantener vivo algo que se nos muere lentamente ante nuestros ojos. El paralelismo es claro además: si hacernos eco de la última salida de tono de Axl Rose permite que alguien bucee entre nuestros contenidos y descubra la cantidad de artículos y entrevistas que a lo largo de los años hemos dedicado a D Generation y sus integrantes, daremos todo nuestro sudor por bien empleado. Y orgullosos de ello.

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