Mi vida como un homeless: el triste presente de Sly Stone

En la tarde de ayer numerosos medios reprodujeron la noticia del New York Post: Sly Stone, la leyenda del Soul y el Funk, vive casi como un vagabundo, en una caravana aparcada en una calle de Crenshaw, uno de los peores barrios de Los Angeles. En ella sigue grabando canciones con la ayuda de un ordenador portátil, y es gracias a la caridad de unos jubilados de la vecindad que puede comer todos los días, además de poder asearse en casa de estos. Y eso que recientemente se publicó «I’m Back! Friends & Family», un álbum que recogía nuevas grabaciones de algunos de sus clásicos además de tres temas nuevos en el que contó con las colaboraciones de Jeff Beck, el teclista de The Doors Ray Manzarek y Ann Wilson de Heart.

El caso de Sylvester Stewart es uno más en la historia del Rock de carrera truncada por los excesos y el derroche, incluyendo varios comeback frustrados a lo largo de los años. Hizo historia con su música en la década de los 70, pero ahora con 68 años algo más que mala suerte es lo que parece padecer, al menos a tenor de sus palabras: «Me gusta mi pequeña caravana. No quiero volver a una casa fija. No aguanto estar en un solo sitio. Necesito moverme». Las imágenes que ilustran el artículo, con un Sly vestido para la ocasión como si de una sesión de fotos de promoción se tratase, hacen que se nos caiga el alma a los pies, al menos a mí. Sus recuerdos de cómo una navidad se gastó 2.500 dólares que había destinado a regalos para su hijo en droga, antes siquiera de llegar a la tienda de juguetes, ilustran muy bien la caída de un músico -y una banda- que entre finales de los 60 y los primeros 70 tuvieron el mundo en sus manos. Después de la desintegración de la banda en 1975, la espiral de drogas fue en aumento. La venta de los derechos de sus canciones a Michael Jackson en 1984 tampoco parece que constituyera un gran negocio, a pesar del millón de dólares que recibió entonces. Ahora Sly habla de colaborar con Lady Gaga, algo que añade más tristeza a todo el asunto. En estos casos siempre es recomendable refugiarnos en su música, que quedará para siempre.

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