Tsunami Nirvana: 20 años de ‘Nevermind’

Mañana 24 de septiembre de 2011 se cumple el vigésimo aniversario de la salida al mercado de «Nevermind», el disco de Nirvana que supuso un antes y un después en el panorama musical del Rock. La irrupción de Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl hundió una escena musical que casi de la noche a la mañana pasó de vender millones de discos y reventar estadios a intentar encajar en las nuevas circunstancias primero, y desaparecer como si nunca hubiera existido poco después. Fue un tsunami que envió al underground a bandas acostumbradas a viajar en limusina y elevó a la categoría de superventas a otras que se habían batido el cobre en discográficas independientes y subsistiendo en pequeños garitos.

¿Era «Nevermind» un disco tan grande como para que ya en su momento se le adjudicase la suficiente fuerza como para sepultar un tipo de Rock más basado en la imagen -aunque de aquello también salió muy buena música, por mucho que los alternakids que se destetaron con Nirvana no miren más allá del año 90- y que se le considerara el símbolo de una nueva generación? Pues yo diría que sí y no. La calidad del disco es innegable. Su éxito se lo ganó por derecho propio, y está claro que efectivamente es el disco que marcó aquella época. Pero también está claro que por mucho éxito que tenga un disco, si la maquinaria de promoción y sobre todo el ansia de las discográficas por sacar tajada a toda costa no entra en acción, una sola banda no podría haber desterrado del mapa a tantos otros grupos. Los sellos se lanzaron a fichar como locos a grupos «alternativos» que siguieran, aunque fuera por paisanaje, la estela de Cobain & co., y fue entonces cuando la bola comenzó a rodar. Toda la atención que se prestó a los nuevos descubrimientos se apartó de todas las bandas que habían estado de moda hasta entonces, afectanto tanto a los grupos de tercera regional como a grupos que realmente merecían la pena, y simplemente porque las leyes de mercado así lo dictaban en aquel momento.

Lo curioso de todo esto es que mientras el Grunge se fagocitó a sí mismo paulatinamente tras la muerte de Cobain, muchos de estos grupos hard rockeros subsisitieron o reemergieron algún tiempo después con relativo éxito y/o tino. Por suerte para el oyente educado en el Hard Rock clásico tengo que añadir, porque gracias a que afortunadamente todos los que compramos «Nevermind» en 1991 no éramos unos recién llegados al mundo de la música, cuando bajó la espuma del Grunge pudimos recuperar a algunas de aquellas bandas y hoy en día no son pocas las que giran con cierta regularidad o que hemos podido ver por primera vez por estos parajes. Fueron años difíciles, sí, pero a la larga ¿quién ha sido el vencedor? Nirvana desaparecieron forzosamente, Pearl Jam no es una sombra ni de lo que fue entre 1991 y 1993 aproximadamente, Soundgarden solo recientemente han vuelto, Alice in Chains hace algo más, pero a costa de haber perdido por el camino a Layne Staley y casi a Jerry Cantrell (por no citar al difunto Mike Starr) y, por no alargarnos, del resto de bandas de Seattle que adquirieron éxito moderadamente poco más se supo. No olvidemos que 1991 es el año de edición de «Badmotorfinger», «Ten», «Temple of the Dog» o el propio «Nevermind», pero también de «Use Your Illusion» o el «Black Album». Así que si alguien me pregunta, considero tan fundamentales los discos de aquellos grupos que comenzaban a parecer dinosaurios como los de todas estas bandas que imprimieron una urgencia vital y una nueva manera de entender la música.

Tampoco creo que haya que olvidar que un éxito como el de Nirvana pueda salir de la nada. Sin unos Pixies, unos Jane’s Addiction o unos Sonic Youth que habían abonado antes el suelo, no podrían haber germinado unos Nirvana. Y sabemos que Cobain lo admitía siempre que podía pero ¿lo saben muchos de los que crecieron con su éxito?

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