Springsteen, la Esteban y el sátiro

Si alguien se ha parado a pensar alguna vez por qué los Estados Unidos tienen una escena del entretenimiento tan potente no creo que sea simplemente por el tan cacareado colonialismo cultural y económico. No, que va, esa no es la razón. No al menos la principal. Y es que a veces hasta alguien tan crítico con ciertos aspectos del patriotismo americano como yo debe reconocer que los cabrones -calificativo usado desde el cariño- se lo merecen. Nos dan sopas con ondas. En algunos aspectos envidio a Norteamérica. Mientras allí una encuesta dice que si se presentara a las elecciones, Bruce Springsteen saldría elegido Gobernador de Nueva Jersey, aquí tenemos que aguantar estoicamente que gracias a la televisión de Berlusconi, una presunta analfabeta como Belén Esteban (creo que es la primera vez que aparece este nombre en esta web, y espero de todo corazón que sea la última, al menos hasta que nos compre el grupo Mediaset), saliera como tercera fuerza política si hipotéticamente se presentara a Presidenta del Gobierno.

Lo miremos por donde lo miremos, salimos mal parados. ¿Dónde está esa supuesta superioridad cultural que los anti-americanistas de patio de colegio suelen esgrimir para atacar a los Estados Unidos? Ellos elegirían a Springsteen, nosotros a la Esteban, cuyo mayor supuesto mérito, como dice una amiga mía, es «haberle agarrado la polla a un torero».

Que aquel no es un país ideal lo sabemos todos, pero que el nuestro dista mucho de serlo también deberíamos asumirlo, y puestos a elegir prefiero que me gobierne alguien como el Boss, que musicalmente no es santo de mi devoción pero con quien creo tener algunos puntos en común ideológicamente hablando, que una completa iletrada cuyo tono de voz me resulta más molesto que un graznido de cuervo un sábado a las 8 de la mañana. Que alguien como ella pudiera ejercer de bisagra en nuestra política simplemente me repugna.

Y otro día hablaremos del modelo de sociedad que está ayudando a apuntalar el grupo mediático de «Il Cavaliere». Porque desde la distancia nos parece muy divertido ver cómo un primer ministro parece dirigir un país a golpes de polla cuando no es el nuestro, pero no parece que nos demos cuenta de que la mitad de la población de Italia apoya su gestión. Y en esto tiene mucho que ver la bazofia de modelo televisivo que ha impuesto. Ahora quizás no nos hace tanta gracia, sobre todo cuando nos acordamos de que en España maneja algunos medios y que la juventud (la senectud me importa menos, al fin y al cabo el futuro del país no está en sus manos) sigue masivamente programas como ese en el que energúmenos de gimnasio y zorritas de quirófano buscan supuestamente su media naranja -léase un puesto como «tertuliano del corazón»-, o a imbéciles pasando las de Caín en una puta isla solo por seguir siendo famosillos de saldo. O cuando nos acordamos de que ha desmantelado el único canal español íntegramente de noticias que no era público. Mi voto para el Boss.

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