Azkena Rock Festival 2011 – Vitoria-Gasteiz (Mendizabala 23-25/6/11)

Una nueva edición del ya clásico Azkena Rock Festival tocaba a su fin la noche del pasado sábado en el recinto de Mendizabala. Y ya son diez las que cumple un evento que puede ser considerado como el decano de nuestros festivales de Rock. Las cifras lo avalan. En contínuo crecimiento de unos años a esta parte, el festival ha vuelto a superar su asistencia global con un total de 58.580 espectadores (superando los 18.000 espectadores en cada una de las tres jornadas). La masificación del ARF es pues un hecho. Pero todo esto no tendría ninguna importancia si no pudiéramos ser testigos de grandes conciertos. Y de esos hemos tenido algunos en esta edición del décimo aniversario, cargada además de actos y atracciones varias que no comentaremos aquí por cuestiones prácticas y por no aburrir en exceso al personal.

Los navarros Bizardunak eran los encargados de abrir el festival a las 17:30 del jueves. A pesar de lo tempranero de la hora y de tratarse del primer día de festival, la banda actuó ya frente a un público bastante numeroso. Bizardunak ofrecieron su cancionero de folk que bebe de Pogues por ejemplo. No es que conecte demasiado con ese sonido, pero Bizardunak lo dieron todo y divirtieron al respetable entre tema y tema con sus ataques al Heavy Metal o a engendros como César Vidal. Muy disfrutables.

Los Eels de Mark Oliver Everett eran los siguientes en tomar el escenario. Reconozco que, desconociendo casi totalmente la carrera de la banda, uno pensaba que lo suyo era algo más intrascendente y poppie. Sin embargo la banda ofreció un concierto en una línea muy rockera que me sorprendió gratamente.

Lo de Black Country Communion, la siguiente banda del cartel, también es digno de mención. No sabemos si el grupo tendrá una vida mucho más larga, pero con un segundo disco recién editado al menos han demostrado que lo suyo no es el típico proyecto pararelo que es flor de un día. Joe Bonamassa debe de ser uno de los tipos más atareados del Rock en estos momentos, y las giras de la banda se programan en consecuencia, así que su inclusión en el cartel estaba más que justificada porque vaya usted a saber cuándo podremos volver a verlos. La banda ofreció temas de sus dos discos, incluyendo un homenaje a The Who con un fragmento de «Won’t Get Fooled Again». Sorprende el chorro de voz que todavía conserva Glen Hughes, con un Jason Bonham a las baquetas que es un digno sucesor de su padre, un Derek Sherinian que no agobia a los teclados y el citado Bonamassa centrado en tocar más para la banda y no como un solista.

The Cult sin embargo me dejaron bastante frío. En un concierto con un repertorio acertado y no excesivamente obvio, la banda sin embargo no parecía tener el día, y no puso toda la carne en el asador hasta prácticamente la recta final del mismo. Un Ian Astbury guasón hasta la pesadez y ataviado con unos horribles pantalones bombachos que le hacían parecer la anti-estrella del Rock, se pasó el concierto haciendo comentarios sobre las personas que acudían a la zona de vallas a hacer sus necesidades. Estuvieron correctos; les salva su repertorio.

El siguiente en aparecer sobre el escenario fue Rob Zombie. Nunca entendí por qué se deshizo de malas maneras de White Zombie, porque su música en solitario, aparte de mediocre, parece una serie de caras B de su anterior banda. El hecho de que una parte importante de su set list esté basado en clásicos de White Zombie creo que avala esta opinión. La banda, con una puesta en escena bastante vistosa, comenzó con un sonido atronador pero para nada definido, aunque pronto se corregiría. Sin embargo solo logré conectar en los momentos en que arremetían con los temas de White Zombie como «More Human than Human» o «Thunderkiss ’65», a pesar de que el vocalista-director hizo todo de su parte por levantar al público.

Ozzy Osbourne era el indiscutible cabeza de cartel de esta primera jornada y razón por la que muchos habían acudido. No había más que ver la cantidad de público heavy que había en el recinto. Probablemente consciente de que estaba en un festival (y puede que también de que «Scream» es peor que mediocre), Ozzy suplió perfectamente algunos problemas de voz centrando su set en gran parte de sus clásicos y en algunos de Black Sabbath, como la sorpresiva «Fairies Wear Boots». De tan espectacular que era el set list, uno llegó a pensar que había truco por algún lado, porque no es muy normal encadenar clásico tras clásico sin dejar resquicio alguno al material que en teoría está presentando en esta gira. Eso sí, no entiendo por qué el teclista Adam Wakeman apoyaba con la guitarra en los temas de Black Sabbath, pensados originalmente para una sola. Aún así la actual banda de Ozzy es más que competente, con unos sólidos Blasko al bajo y Tommy Clufetos a la batería y un inconmensurable Gus G a las seis cuerdas. El guitarrista griego es lo más parecido a un «guitar hero» salido de los 80 que podamos ver hoy en día, clavando nota por nota los solos, en especial el icónico «Crazy Train». Y hay que decir que ahora mismo Ozzy está en mejor forma que hace unos cuatro o cinco años.

Lo de Kyuss Lives! era toda una incógnita, ¿Serían capaces John Garcia, Brant Bjork y Nick Oliveri de recrear su legado dignamente? Había mucha espectación para comprobarlo, y ya desde la primeras notas enseguida se disiparon las reticencias. No está Josh Homme pero da bastante igual, Bruno Fevery es capaz de reproducir sus partes de guitarra de manera sorprendentemente fiel. Así, estos Kyuss Lives! que, permítaseme el mal juego de palabras, deberían llamarse Kyuss Rules!, lanzaron el guante a un Homme que actuaría en el mismo escenario al día siguiente. La banda consiguió hacer que todo el recinto botara durante todo su concierto, transportando al público a una dimensión que muchos han intentado imitar, pero de la que solo ellos son los creadores. Supongo que habrá gente incómoda con esta reunión, pero no creo que quede ninguno entre los que presenciamos tamaña exhibición que sin duda alguna fue el concierto del día. Más que suficiente para la primera jornada.

El viernes y con quince minutos de adelanto comenzamos con The Riff Truckers en un recinto casi vacío, aunque la banda vizcaína estaba bien apoyada por sus incondicionales. Sonaron muy bien, con esa especie de boogie rock sureño que es perfecta para un festival. Una banda a tener en cuenta.

Los canadienses Blue Rodeo inauguraban justo después el segundo escenario. Con un público primero a la expectativa y ya bastante más numeroso, la banda consiguió llegar a la audiencia con sus armonías de americana a dos voces, llegando a levantar la primera gran ovación de la tarde cuando se pusieron más electricos.

De vuelta al primer escenario, Reverend Horton Heat ofrecieron un repaso a su discografía deslucido por un pésimo sonido. Durante la primera canción apenas se oía algo, y luego ya con un volumen más alto la que salió perjudicada fue la guitarra. La banda aún así se esforzó, luciéndose con intercambios de instrumentos o atacando versiones de Chuck Berry («Run Rudolph Run») o Johnny Cash (esa «Folsom Prison Blues» recibida muy bien por el público). Lásrima que no fuera en mejores condiciones acústicas.

Los vascos Atom Rhumba tomaban el relevo en el segundo escenario. Se notaba que jugaban en casa, con una carpa a rebosar y un público por la labor. Son sin duda una buenísima banda, con esos arranques a lo JSBX, aunque como suele decirse todas las comparaciones son odiosas -e injustas en este caso- ya que Atom Rhumba tienen su propia personalidad.

En cualquier caso poco antes de finalizar Atom Rhumba nos dirigimos al primer escenario para tomar posiciones. Cheap Trick eran los siguientes y no queríamos perdernos detalle. Y la decisión se demostró acertada, porque los de Rockford ofrecieron un concierto lleno de hits en el que Robin Zander derrochó clase y voz, Rick Nielsen repartió púas a diestro y siniestro y reinó un buen rollo absoluto entre la banda que se contagiaba a los presentes. Lástima que no esté el bueno de Bun E. Carlos para redondear uno de esos conciertos de ensueño donde, por poner una pega, únicamente faltó un pelín más de fuerza en el sonido. La interpretación catártica de «Surrender» o el final con «Dream Police» son unos de mis momentos preferidos de la presente edición y si me apuras de la historia del festival.

A continuación era evidente que lo de Bad Brains no era muy adecuado. Me habría gustado ver a Bad Brains un concierto completo en otras condiciones, pero supongo que no era el día. Además con ellos comenzaba el solapamiento de conciertos, con lo que tras algunas recomendaciones recibidas vimos los primeros minutos y luego nos acercamos al tercer escenario a ver el directo de Dirty York. Los australianos parecen una banda hecha a la medida del que escribe. No me gusta poner etiquetas, pero lo suyo es una especie de sonido a los Rolling Stones pasado por el filtro de los Black Crowes de la era «Shake Your Money

Maker», solo que más sucios y macarruzos. Quizás el cantante tenga algunos ticks escénicos heredados precisamente de Chris Robinson, pero tampoco molesta. Sin duda uno de los descubrimientos del festival que espero nos den muchas alegrías en el futuro.

Para cuando Dirty York acabaron, en el escenario principal ya estaban descargando su set los norteamericanos Primus. Nos acercamos un momento para comprobar que los de Les Claypool son una banda técnicamente impecable, pero nuevamente uno no estaba para muchas florituras y tras unos pocos minutos volvimos al tercer escenario a ver a Rival Sons. Eso sí, el escenario, presidido por dos imponentes y gigantescas figuras de unos astronautas, era algoespectacular. Pero era hora de volver al tercer escenario para ver a Rival Sons, así que allá que nos plantamos de nuevo. El del Azkena Rock era el primer concierto de su gira europea, así que a la banda se la veía con ganas. Y aunque no me gustaron tanto como Dirty York, su rock setentero con ciertos aromas zeppelinianos es también como para seguirles la pista. Su vocalista Jay Buchanan tiene todos los boletos como para convertirse en uno de los mejores cantantes de los próximos años. Veremos.

Los siguientes eran ya los cabezas de cartel de la noche, los Queens of the Stone Age de Josh Homme. Y la banda salió a por todas con un sonido imponente y varios clásicos. Nunca he sido un gran fan de esta banda. Creo que tienen grandes temas pero que sus discos en conjunto flojean. Así que habría preferido un concierto más directo, como el que ofrecieron en el mismo festival en 2005. Porque QOTSA salieron como una apisonadora, pero a los pocos minutos el concierto viró hacia una tediante exhibición de autocomplacencia. Eso sí, impecablemente ejecutada. Supongo que los fans tendrán otra opinión, pero yo lo tengo claro: en ese virtual desafío con sus ex compañeros de banda, Kyuss Lives! ganaron por goleada. Tal vez debería haberme acercado al tercer escenario de nuevo para ver a los canarios This Drama…

Clutch eran los encargados de cerrar la noche en el escenario principal. Sorpendentemente con numeroso público todavía a pesar del horario, los de Maryland ofrecieron un monolítico concierto en el que, sin nadie por detras de ellos, se permitieron el lujo de ofrecer un bis ante la insistencia de un público que no quería dejar que se marcharan. Me gusta el sonido de la banda, pero para un rato, así que no logré conectar demasiado con ellos. O tal vez fuera por la hora.

Con un agobiante calor la tercera y última jornada daba comienzo con los bilbaínos Juke Box Racket, de los que únicamente pude ver los últimos compases, aunque el público parecía pasárselo en grande. Así que pasaremos directamente a comentar el concierto de New Bomb Turks. Personalmente era una de las bandas que más ganas tenía de ver, y no salí decepcionado. Para mí EL CONCIERTO del festival, así, en mayúsculas. Liderados por un Eric Davidson que no para quieto en ningún momento, NBT comenzaron con un «Pirate Love» que practicamente fue el único respiro que nos dieron, atacando a continuación una sucesión de clásicos a 110 por hora a un nivelazo digno de sus años mozos. Davidson bromeó, volvió locos

a los cámaras, se subió por la estructura del escenario, hizo agacharse a toda la carpa y dejó el listón demasiado alto. Merecerían haber actuado en un horario mejor.

De vuelta al primer escenario Avett Brothers ofrecieron a continuación uno de los conciertos más sentidos que he visto en mucho tiempo. Probablemente ir detrás de NBT no les favorecía en absoluto a un grupo que está situado en las antípodas de los de Ohio en cuanto a sonido se refiere, pero los Avett consiguieron emocionar a más de uno. Su total entrega sobre el escenario y su humildad convierte a los de North Carolina en uno de los grupos más especiales de la actualidad.

Band of Horses serían los siguientes en el segundo escenario. No soy fan de la banda y su concierto me pareció bastante anodino, aunque recibió una buena respuesta de la numerosa gente congregada en la carpa.

Gregg Allman sería el siguiente de nuevo en el primer escenario. El líder de Allman Brothers  convenció a los incondicionales, aunque su concierto no me parece lo más adecuado para un festival. Correcto sin más.

Con el cansancio acumulado se imponía un giro de timón hacia algo más movido que nos levantara el ánimo, así que en lugar de acudir a ver a Bright Eyes al segundo escenario, nos decantamos por el concierto de los suecos The Knockouts en el tercero. A pesar de algunos problemas de sonido, el trío que aúna sonido rockero con velocidad punk logró hacer botar sin descanso a los que habían tenido la misma idea que yo. Las versiones de «I Want You to Want Me» donde se pidió la participación activa del público y de «Summertime Blues» redondearon un adrenalínico concierto que fue respondido de manera entusiasta.

Brian Setzer’s Rockabilly Riot provocaban nuestra vuelta al primer escenario. Estaba anunciado junto a su compañero de Stray Cats el batería Slim Jim Phantom, que salió en la segunda parte del show. Entre los dos revisitaron el cancionero de los gatos, animando un concierto que para mi gusto estaba siendo algo aburrido hasta entonces. A partir de la salida de Phantom se vivieron momentazos, como el duelo de contrabajos que levantaron a todo el recinto.

Como uno no es fan de Paul Weller, el siguiente en actuar en el escenario principal, nuestra siguiente cita tenía que ser con Whybirds en el tercero. Los ingleses ofrecieron un concierto bien respondido por un público que en gran medida repetía con ellos. Homenaje a Clarence ‘Big Man’ Clemons incluido (el grupo interpretó el clásico de Springsteen «Rosalita»), los de Bedford sonaron más como una banda americana. No son mi grupo ideal pero sonaron bien.

Y mientras Arizona Baby cerraban en el escenario más pequeño, en el primero esperábamos a la finalización de Paul Weller para ver a Thin Lizzy, los sustitutos de Danzig. Con el guitarrista de Axl, Richard Fortus, como sustituto de Vivian Campbell como novedad respecto a su gira por nuestro país de hace unos meses, pocos cambios más pudimos ver. Un repertorio muy similar al de entonces con un sonido pésimo desde mi posición, aunque posteriormente me comentaron que en otras ubicaciones era perfecto. En cualquier caso eso me impidió disfrutar por completo del concierto que cerraba por todo lo alto a pesar del pinchazo de Danzig la décima edición de nuestro festival favorito.

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