Warrior Soul – Madrid (La Sala Live, 2-4-11)

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Kory Clarke al frente del proyecto musical de su vida por primera vez en España, casi nada. Lo que prometía ser una velada histórica, no estuvo a la altura de las expectativas creadas por sus seguidores, no exactamente. A tenor de la positiva unanimidad mostrada por el puñado de fans que no dio crédito de lo que vio en primera fila, superó con creces los mejores augurios.

Que Clarke lleve instalado en su mundo desde hace ya un tiempo (vive en Berlín, aunque su mente no parezca conocer de muchas fronteras) y que Warrior Soul nunca hayan tenido mucho de banda sólida (los músicos que le acompañaban se mostraron tan competentes e impersonales como antaño) no parecieron inconvenientes para vivir un concierto mayúsculo. Como si de los tiempos en que actuaban en Donington se tratase, cuando parecía que se iban a comer el mundo con aquel ya lejano «Space Age Playboys», lo que Kory y los suyos nos ofrecieron sólo cabe catalogarse como homérico. Y no me dejo llevar por el histerismo fanático, sigan leyendo.

Demasiado punk para los heavies, demasiado heavy para los rockeros, demasiado rockero para los punks, la música de Warrior Soul (¡de acid punk se llegó a tildar lo que hacían!) nunca ha tenido un acomodo agradable en el siempre cansino mundo de las etiquetas. Precisamente ese es uno de los grandes aspectos que siempre les han hecho especiales, su inquebrantable personalidad.

Con un Kory inconmensurable, (anti)voz cazallera, epítome de la figura del frontman y pelazo mediante, la hora y media transcurrió en un suspiro para los que llevábamos demasiados años esperando algo así. «Superpower Dreamland», «Let’s Get Wasted», «The Drug»… para entonces ya nos faltaba vida con la que poder asimilar semejante trastazo. Hicieron parada y fonda en casi todos sus discos (grandes, el tiempo les está haciendo un gran favor), conformando un set list perfecto, en el que también hubo cabida para favoritas como «Downtown», «Punk and Belligerent», «Love Destruction», «Rotten Soul» o «Fuck the Pigs» aunque, sinceramente, no hubiese sido yo el que se quejase la noche del sábado de haber escogido otro repertorio.

La emoción desbordante que muchos transmitíamos tras su despedida del escenario con «The Wasteland» fue de las que hacen época. Para siempre nos quedará el recuerdo de uno de los conciertos más especiales que he disfrutado en años, con la agridulce sensación de saber con certeza que no volveremos a gozar de esto jamás. Demanda obliga.

Antes habían desplegado sus bondades dos grupos españoles muy recomendables. Los resultones Ángeles y toda una institución del rock patrio, Maggot Brain, quienes gracias a melonazos como «Alabama» (uno de mis temas nacionales del rock favoritos de los últimos doscientos años), «In Our Veins» o «Gimme All Your Lovin'» (ZZ Top), entre otras, calentaron la velada de manera inmejorable.

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