Primal Scream – Barcelona (Razzmatazz 20-11-10)

Party like it’s 1991 – La velada olía a nostalgia. Primal Scream aterrizaron en Barcelona para repasar «Screamadelica», su seminal disco que el año que viene cumplirá 20 tacos. Y por momentos nos sentíamos jóvenes: El DJ pinchó a The Stone Roses y The Soup Dragons y nos olvidamos de los colgajos y las calvicies, de las hipotecas y los papeles de divorcio que hoy en día nos tienen tan preocupados. En nuestra mente volvimos a llevar melena y pantalones baggy mientras la música nos transportaba a esta época pre-Britpop cuando Blur se habían subido al tren de Madchester y Noel Gallagher todavía hacía de roadie para Inspiral Carpets.

Sin embargo, cuando Primal Scream se subieron al escenario austero y sin parafernalia, de golpe se acabó el rollo nostálgico y nos encontramos en el hoy. Bobby Gillespie tiene 48 años pero mantiene la silueta de un chaval anoréxico y la cabeza llena de pelos. A su derecha Little Barrie pareció su hermano menor y sustituía a Rob Young. Como siempre, Mani al bajo dando ánimos, y el alma Mater de Primal Scream, guitarrista Andrew Innes, al que más se notaron los años. El batería Darin Mooney y Martin Duffy en los teclados actuaron en un segundo plano. Además, los Scream contaron con el apoyo de una corista y un saxo que sobre todo en la segunda mitad del concierto cogieron mucho peso.

Pero para calentar el ambiente, Gillespie y sus compañeros no entraron directamente con «Movin’ On Up», título que abre el disco que protagonizaba el encuentro, sino con 45 minutos de grandes éxitos. Y esta primera parte del show para muchos fue la mejor: «Accelerator», «Country Girl», «Swastika Eyes» y «Rocks» ante todo hicieron saltar a los asistentes. La banda sonaba como un tren de alta velocidad, Gillespie estaba animadísimo (pero no pasado como en otras actuaciones por estos lares), y cada tema nos llegó como una hostia en la colectiva cara.

Tras un «Rocks» apoteósico el grupo se retiró durante 20 minutos para volver con el disco bajo el brazo que les lanzó a la fama: «Screamadelica», de principio a final. O más bien ligeramente revuelto. El repaso comenzó con la ya mencionada «Movin’ On Up», pero a partir de allí no se respetó el orden original del disco. En algunos momentos pareció que el público (siempre me pregunto dónde se esconde tanto cabronazo inglés y americano durante el resto del año que por lo visto sólo acuden a los bolos para liarla) perdió el interés, sobre todo durante los temas instrumentales, pero Gillespie en todo momento estaba allí para animarnos con palmas y gestos. La ejecución del material de «Screamadelica», nada fácil de interpretar en directa debido a la multitud de capas de sonido y una producción abundante, fue impecable. La banda se sirvió de pregrabaciones, pero toco en directo todo lo que pudo para que el concierto no se convirtiera en un playback de lata. Sonaron la hermosa «Damage» y una eterna «Higher Than The Sun» antes de «Loaded» y el gran final de «Come Together». Los visuales sencillos acompañaron la interpretación y no distrajeron de la música. Un solo foco láser con diferentes programaciones creó el ambiente adecuado, demostrando que en muchas ocasiones menos es más.

Se ha puesto muy de moda eso de repasar el disco más famoso en directo. Echo & The Bunnymen después de la gira «Ocean Rain» ahora están preparando el directo «Crocodiles & Heaven Up Here». Pero con discos tan malos como su último no les queda mucho más remedio. El concierto «Screamadelica» en cambio fue una celebración por todo lo alto. Un parón voluntario en la constante evolución de una banda sin miedo al cambio. El siguiente elepé saldrá en 2011, según Gillespie. Esta vez hemos podido celebrar su pasado, pero al escocés y los suyos les espera un futuro bonito, un «Beautiful Future», como se tituló el último larga duración de los Scream del 2008 que no indicó ningún desgaste creativo.

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