Black Rebel Motorcycle Club – Barcelona (Apolo 11-11-10)

Al principio la cosa pintó bastante mal. Al entrar en el Apolo media hora antes del comienzo, la sala estaba casi vacía. Solo las primeras dos o tres filas delante el escenario estaban pobladas, algunas personas cómodamente repartidas por la sala. Afortunadamente, el trío californiano al final no tuvo que actuar sólo para los fans más dedicados. Como de milagro el Apolo se empezó a llenar diez minutos antes de la entrada de los hombres (y la mujer) de negro, y si bien la promotora no pudo colgar el cartel de «sold out», bastante apretados nos vimos en la pista.

Robert Been, Peter Hayes y Leah Shapiro llevan promocionado «Beat the Devil’s Tatoo» desde marzo. Pronto BRMC celebrará su concierto número 1.000 en la Brixton Academy de Londres. Uno podría pensar entonces que para el grupo el show de Barcelona sería sólo un bolo más, pero nada más lejos de la realidad. El Club atacó fuerte desde el momento cero y no descansó hasta el último bis dos horas después. Serios y centrados, los tres músicos desprendieron una pasión casi obsesiva por sus canciones, las torcían y las alargaban en improvisaciones psicodélicas que en ningún momento se hicieron pesadas.

La comunicación entre Hayes y Been en Barcelona fue nula, pero musicalmente se entendieron sin palabras ni miradas. Es curioso ver cómo en directo quedan plasmadas las influencias de cada uno: Robert parece más inclinado hacía el Rock oscuro al estilo de Jesus & Mary Chain o Velvet Underground, mientras Peter cada vez más suena a Mississipi Delta. La canción más aplaudida cantada por Hayes no sin razón fue la bluesera «Ain’’t No Easy Way» del disco «Howl». La batería Leah Shapiro, sustituta del malogrado Nick Jago, le da una nueva coherencia a los directos del BRMC. Su estilo es simple pero contundente, tiene un groove bailable que al más volátil Jago quizá le faltaba.

El trío se permitió el lujo de omitir algunas de sus canciones más conocidas, como «Love Burns» o «US Government». Tal es la fe en su último trabajo que lo presentaron casi entero. Arrancando con «War Machine» y «Mama Taught Me Better», el primer clímax se avecinó con la comercial «Bad Blood». La primera hora pasó a todo gas con temazos como «Weapon of Choice» o «Berlin». En la segunda mitad del concierto tanto Been como Hayes tuvieron su momento en solitario, el primero al piano Honky Tonk y el segundo a la acústica, aunque esta vez no cayó la ya celebre interpretación del clásico «Dirty Old Town».

Si bien el set acústico distraía a la parroquia, para la recta final la entrega del público fue total: «Conscience Killer», «Six Barrel Shotgun» y «Spread Your Love» cerraron la parte oficial del concierto, en el bis sonaron una brutal «666 Conducer», la apoteósica «Shadow’s Keeper» con un solo cargado de acoples que hacían daño, y como broche final «Open Invitation» interpretada sólo por Haynes y Been.

Tras dos horas de concierto no hubo queja ninguna. Caras felices por todas partes por haber presenciado uno de los conciertos del año. BRMC puede que ya no sean tan famosos como antes (impensable ha quedado la locura mediática que acompañó sus primeras apariciones), pero en directo dan mil vueltas a muchos de sus contemporáneos, y encima por el hoy en día ya módico precio de 20 euros. Digna de mención también la selección de merchandising: aparte de una gran colección de camisetas de muy buen gusto, estaba a la venta «Live in London», recién editado DVD grabado en abril. Un buen recuerdo para revivir una y otra vez una noche inolvidable.

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