El redondo negocio del disco de vinilo de segunda mano

El mercado del vinilo de segunda mano vive un repunte importante durante estos últimos años, a tenor de lo que se cotizan algunas piezas en las subastas por internet. Cualquiera que sea aficionado habrá visto cómo de un tiempo a esta parte algunos discos están alcanzando precios prohibitivos en las webs de subastas. Son sobre todo discos de las décadas de los años 90 y 2000 los que están alcanzando precios más irreales. Parece lógico que siendo tiradas más limitadas y por lo tanto quedando menos ejemplares para la «caza», sus precios sean algo más altos, pero lo que se paga por algunas de estas «rarezas» (si es que podemos aplicar el término a álbumes oficiales de distribución estándar) está alcanzando límites ridículos. Alguna vez he escuchado decir a más de un vendedor que el valor de un disco está «en el que le dé el comprador». Pues por mi experiencia debemos de estar volviéndonos todos locos, porque llegar a pagar más de 25 euros por según qué discos me parece ya tirar el dinero. Y ojo, que 25 euros no está ni tan mal, porque algunos de salida en las subastas ya rondan los 70-80 euros… ¡y por lo visto la gente los paga!

Es curioso que mi primer artículo para esta web hace algunos años tratase el tema del coleccionismo. Por eso no voy a ser yo el que escurra el bulto, porque reconozco que también he sido culpable de pagar por algún que otro disco bastante más de lo que mi sentido común me recomienda. Así pues, muchos de nosotros, los coleccionistas, somos los primeros culpables de este aumento artificial de los precios. De hecho a menudo me pregunto por qué discos en estado aceptable de los años 70 o 60 suelen encontrarse mucho más asequibles que los de 20 o 30 años después, cuando aquellos se tienen por los mejores años para la música Rock. Misterios del mercado, la escasez, el fanatismo sin sentido o la eficaz labor de unos vendedores un tanto «fenicios». A fin de cuentas da lo mismo porque probablemente las cosas seguirán yendo a peor, a no ser que la actual fiebre tienda a desaparecer y los comerciantes sin escrúpulos se vean obligados a pedir cantidades más razonables para dar salida al stock.

Y evitaré hablar de esas copias que o bien por maltrechas o bien por habernos desecho de ellas en un momento de debilidad allá por principios, mediados de los 90, nos vemos obligados a reemplazar con el tiempo, porque entonces sería para llamarnos gilipollas.

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