Marah + The Brew – Festival Luna Lunera (Sos del Rey Católico 6-8-10)

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Llevo bastante rato dándole vueltas en mi cabeza a estas líneas, pero me cuesta horrores poner negro sobre blanco lo que viví la noche del pasado viernes en la localidad de Sos. Ser testigo de una banda en su mejor momento y de otra en franca decadencia es francamente desconcertante. Por un lado tienes a unos The Brew en constante crecimiento, tanto en su directo como en el público que los descubre y los sigue; por otro tienes a unos Marah que no llegan ni a sombra de lo que fueron ofreciendo un lamentable concierto que más parecía un circo de freaks que un espectáculo de Rock ‘n’ Roll. Es triste ver desintegrarse delante de ti a una banda que, recordemos, no hace demasiado tiempo me atrevo a decir que era la mejor del mundo en directo. Por ello resulta doblemente doloroso haber sido testigo de semejante despropósito, con un David Bielanko haciendo alarde, otra vez, de su alcoholismo, respaldado por una banda sin ningún tipo de carisma donde destaca sobremanera en el sentido más negativo un bajista tarado reñido con cualquier tipo de moda y que parece rescatado de algún sanatorio mental. Ya sé que lo de Marah nunca se ha tratado de la imagen, pero uno presupone para ciertas bandas al menos un mínimo de estilo.

Por suerte allí estaban The Brew en lo que parecía un simbólico traspaso de poderes. Después de tantos años siendo consumidor de música uno no espera muy a menudo que una banda te emocione, pero The Brew lo consiguieron. Ya hace unos meses me dejaron con la boca abierta en un sitio de muy reducido aforo, y me siento muy afortunado de haber podido verlos así porque mucho me temo que, como de hecho ya está ocurriendo, cada vez irán llenando recintos más grandes. Por lo pronto en septiembre estarán de vuelta por nuestros escenarios, y en el caso de mi ciudad se cumple lo anterior porque para su segunda actuación en Zaragoza están programados en una sala más grande y con solera como es La Casa del Loco.

Hace cinco años habría dicho que Marah, pero si ahora tuviera que introducir a mis sobrinos en el Rock los llevaría a un concierto de The Brew. Afortunadamente creo que no tengo que hacerlo, aunque igualmente los llevaría con mucho gusto. Descubro también como agradabilísima sorpresa que todavía hay chavales jóvenes que sienten el Rock, como los dos que conocimos en la entrada del recinto esperando ansiosos la apertura de puertas y que venían de haber visto ya a The Brew en Burgos dos noches antes. No todo está perdido pues, y gracias a bandas como The Brew podemos estar tranquilos. El grupo no ofrece un show muy diferente al de hace unos meses, aunque sí un poco más corto suponemos que por exigencias horarias, compuesto por temas de “The Joker” y “A Million Dead Stars” además de la Stevie Ray Vaughan-esca versión de “Little Wing”. Está claro que el foco de atención de The Brew es el jovencísimo y dotadísimo por igual guitarrista Jason Barwick, pero creo que a nivel de virtuosismo instrumental el batería Kurtis Smith no se queda atrás, y su padre Tim aporta con su sólido bajo todo el pegamento para que la banda funcione como una máquinaria perfectamente engrasada. The Brew salen a matar, sonando más potentes que en la anterior ocasión en la que les había visto aunque quizás precisamente por ello lo que ganan en contundencia lo pierden en melodía. Es sin embargo algo prácticamente imperceptible, y temas como “Every Gig Has a Neighbour”, “Postcode Hero”, “Surrender It All”, “Change in the Air” o “Dil Chahta Hai” llegan a emocionarme. Uno se siente un privilegiado por poder ver a The Brew ahora que todavía no son demasiado famosos y que, al menos en nuestro país, se están ganando a pulso y por el boca a boca cada nuevo fan que merecidamente se convierte a su causa. La banda se entrega como si no hubiera mañana, y recibe feliz y emocionada los vítores de un público que se levanta espontáneamente de sus butacas movido por una emoción verdadera y no por ser lo que se supone que hay que hacer.

El contraste con el lamentable concierto de Marah no podría ser pues más grande. La “banda” (dicho en el peor sentido de la palabra; no dudo de que sean buenos músicos, pero su actitud deja bastante que desear), con todo nuevos miembros desde la última vez que servidor les había visto salvo David Bielanko y Christine Smith, sale remolona al escenario, no dando comienzo a su concierto hasta varios minutos después. Esa sería la constante del concierto, largas pausas entre tema y tema, con músicos entrando y saliendo del escenario a su antojo, incluyendo un amigo de la banda cuyo nombre no recuerdo que salió a tocar la armónica en varias ocasiones (aunque desde aquí le pido que la próxima vez procure tocar todo el rato junto a un micrófono). La “curda” de David Bielanko parece monumental y se traduce en largas parrafadas sin sentido en la línea de la típica exaltación de la amistad envuelta en vapores alcohólicos, del tipo de “esto no merecería la pena sin vosotros”, “el mejor sitio del mundo para estar en este momento”, o “la ciudad más mágica de Europa”. Algunos desde el graderío no damos crédito a lo que estamos viendo, porque el resto de la banda no parece estar en mucho mejor estado. El momento más surrealista se produce cuando Christine Smith (la que, no me cabe ninguna duda, es la Yoko Ono de esta historia, estatus agravado por el hecho de que ella SÍ pertenece a la banda) se arranca con un rap de dudoso gusto y por supuesto totalmente fuera de lugar. David Bielanko aprovecha para sumergirse entre el público para después subirse a un lateral del escenario de donde es conminado a bajar por miembros de la organización. La falta de ritmo no es el único problema, ya que las canciones más eléctricas suenan como auténticas bolas de sonido en las que cuesta distinguir algo, salvo el onmipresente teclado de, otra vez, nuestra querida Christine. Tal vez tampoco ayude demasiado que David se empeñe en toquetear los controles de su amplificador una y otra vez (en esas estábamos cuando me asaltó la duda de si la banda había realizado algún tipo de prueba de sonido o en qué estado se encontraría ya cuando les tocó hacerla). No puedo dejar de volver sobre el nuevo bajista, que se pasó más tiempo tocando entre el público (al parecer había hecho abundantes amigos entre la chavalería del pueblo desde el día anterior) que en el escenario, un auténtico bufón cuyos descoordinados movimientos de escena dan más pena que otra cosa. Triste triste triste…

También hubo algunos momentos para la buena música, cuando la banda se arrancaba con algunos, pocos, de su clásicos como una “So What If We’re Outta Tune (w/ The Rest of the World)”, tema que se dejó escuchar pero que por supuesto no llegó a las cotas de emoción de ocasiones anteriores. Porque esa es otra, el repertorio creo que dejó bastante que desear, no siendo esto menor responsable del despropósito. Tuvo que ser Jason Barwick el que aportara algo de sensatez a la noche cuando fue invitado a tocar en el único bis -gracias a dios- de la noche, y aunque en un primer momento parecía desconcertado y fuera de lugar (¿tendría algo que ver la desconocida de buen ver que salió con la banda al escenario hasta que alguien del equipo se llevó porque, aparte de decorar, poco más aportaba y con la que cruzó miraditas?), dio un poco de clase con sus solos al final del concierto, que por momentos era bastante Neil Young-iano.

David Bielanko comentó que Marah estarán de gira en el mes de noviembre. Esperemos que para entonces hayan aprendido la lección, aunque servidor no cree que tenga ganas de comprobarlo in situ.

Fotos: Luna Lunera

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