Azkena Rock Festival 2010

La novena edición del Azkena Rock Festival ha sido una de las más atípicas que servidor recuerda, y tengo que decir que he estado en todas. Atípica porque ya desde el primer día se respiraba ambiente de sábado, con una asistencia bastante alta para tratarse de la primera jornada (algo más de 9.000 personas), tradicionalmente más floja. Puede que tuviera que ver el cartel de esa primera jornada, realmente potente; puede que fuera por la aglomeración de conciertos de estos días (Aerosmith en Barcelona el domingo 27 y AC/DC en Bilbao el lunes 28). En cualquier caso esta ha sido la edición más numerosa hasta el momento, con una cifra global de más de 44.000 asistentes. Está claro que nombres como KISS o Bob Dylan arrastran multitudes, lo que se traduce en algo de incomodidad para los asiduos, pero, como se diría vulgarmente, es lo que hay.

Centrándonos en lo exclusivamente musical, los tres días del ARF 2010 han dado bastante de sí. Personalmente destacaría Th’ Legendary Shack Shakers, Jim Jones Revue, Gov’t Mule, Chris Isaak, o The Hives entre lo más destacado, aunque sería injusto olvidarnos de muchos de los otros nombres. A continuación os lofrecemos un somero repaso de las actuaciones de estos tres días.

Jueves 24 de junio

Nos acercamos al recinto a primera hora, justo cuando comienza la descarga de los locales Bronze. Stoner pesado y a un volumen quizás excesivo (fue la tónica durante toda la jornada), Bronze parecían estar a gusto sobre el escenario grande en el que se desarrollaron todas las actuaciones de este primer día. Personalmente y aunque no sonaban mal debo decir que ese tipo de sonido me satura, y además tenía otros objetivos ese día, con lo que mi mente probablemente estaba en otro lado. El público local sin embargo les ofreció la mejor de sus respuestas.

A continuación subieron al escenario Baskery, tres jovencísimas hermanas suecas que practican un country muy personal a base de contrabajo, banjo, bombo y guitarra acústica. Sorprende su desparpajo, aunque desgraciadamente el ya numeroso público congregado en el recinto no pareció despertar del todo con su concierto. Habrá que seguirles la pista en el futuro.

Uno de los grupos que más ganas tenía de ver sería el siguiente en tomar la escena. Th’ Legendary Shack Shakers no defraudaron. Con un enloquecido J.D. Wilkes como maestro de ceremonias, los Shakers se metieron al público en el bolsillo con toda esa mezcla de sonidos tradicionales y Rock pasados por la batidora redneck. Los pocos que a esa hora no habían llegado a Mendizabala deberían arrepentirse.

Lo mismo valdría para la siguiente actuación, la de The Jim Jones Revue, otro de los platos fuertes de la tarde. Tenía muchas ganas de pillar a Jim Jones en directo porque se me había escapado en anteriores ocasiones, y la verdad es que obtuve justamente lo que esperaba: una enorme dosis de Rock ‘n’ Roll primitivo y salvaje con un sonido tan saturado como en los discos, algo que forma parte de su encanto. El frontman les hizo la vida imposible a los roadies que una y otra vez debían salir al escenario a desenredar el cable de su micro.

Con Kitty, Daisy & Lewis volvía un poco la calma. Quizás demasiada añadiría. No sé si se debió a lo adrenalínico de los dos anteriores conciertos o qué, pero lo cierto es que en esta ocasión los tres chavales me aburrieron un poco. No parecían tener una tarde especialmente fina, y la salida al escenario del trompetista de color que les suele acompañar me pareció un momento totalmente prescindible. Aún así, parece que al respetable le gustó la actuación.

The Hold Steady eran los siguientes. No estoy familiarizado con el material de esta banda, y aunque el comienzo parecía prometedor, con un Craig Finn más que cantando arengando a las masas y con una guitarra que tocaba en pocos momentos y que juraría que estaba desconectada, poco a poco se fueron desinflando (o ellos o yo). Esa sensación de escuchar algo familiar en cada tema no ayudó demasiado, así que acabé pensando que estaba escuchando una y otra vez el mismo tema reproducido en bucle. No dudo de que había muchos fans encantados con su concierto, pero personalmente preferí seguirlo desde la lejanía mientras cenaba algo.

Y es que tras The Hold Steady llegaban Gov’t Mule, banda a la que hacía ya varios años que no veía en directo. Los de Warren Haynes ya entrada la noche ofrecieron un concierto soberbio, con un entregadísimo público que se lo estaba pasando de lo lindo. Las limitaciones temporales de un festival no parecieron hacer mella en una banda acostumbrada a tocar durante tres horas, y eso a pesar de tener que cercenar su repertorio, Se despidieron en medio de una gran ovación tras interpretar dos de sus clásicos, «Mule» (durante el que intercalaron un fragmento de «Whole Lotta Love») y un «Soulshine» como único bis. Es evidente que todos son unos grandes músicos, pero el genio de Warren Haynes, enorme en todos los sentidos, sobresale un poquito sobre el resto.

Airbourne eran también uno de los grupos más esperados, sobre todo después de las dos cancelaciones de los últimos meses en tierras vascas. Y la verdad es que tendrán detractores al menos en mismo número que fervientes defensores, pero teniendo claro que su sonido nos remite a quienes ya sabéis por mi parte no hay ningún problema. Los australianos tomaron el escenario como las grandes estrellas, y conscientes de eso y además también por su juventud, la banda ofrece un espectáculo dinámico en el que Joel O’Keefe es el centro de todas las miradas. El tío no para quieto ni un instante, y se sube guitarra a la espalda a la estructura del escenario por uno de sus laterales, lo que ya viene siendo uno de sus trucos escénicos más celebrados, para lanzar desde allí un solo y volver después a su sitio en el centro del escenario. La gente encantada después de semejante exhibición de garra, claro. Yo solo espero que puedan encontrar su propio sonido y serán, si es que no se desinflan antes, una de las grandes bandas de los próximos años. Seguro.

Y tras todas estas horas de festival y con la desgracia de tener que tocar después de Airbourne llegaba la última actuación del día: The Black Lips. A semejantes horas uno no estaba ya para muchos trotes, así que el concierto de The Black Lips se me hizo realmente eterno. Aún así había abundante público gozando y divirtiéndose en las primeras filas, lo que da muestra de que su concierto no estaría del todo mal. Tras esto, despedida y cierre hasta el día siguiente.

Viernes 25 de junio

La segunda jornada la abrían los catalanes 77′, aunque lamentablemebte su set finalizó justo con mi llegada al recinto. No nos perdimos sin embargo a The Hot Dogs, que congregando ya a bastante público en el segundo escenario ofrecieron un gran concierto basado en su último trabajo, el grandísimo «Nothing but a Bad Day». Arropados por gran parte de su público en las primeras filas, los de Urretxu convencieron de principio a fin, sonando muy potentes en uno de los mejores conciertos que les he visto últimamente.

Dan Baird & Homemade Sin estrenaban el primer escenario en esta jornada. Lamentablemente no disfruté demasiado de su concierto porque no gozaron de muy buen sonido, y salvo momentos como «Keep Your Hands to Yourself», no llegué a meterme por completo en la fiesta. A Dan Baird se le veía tan simpático como de costumbre, disfrutando enormemente junto a su banda, pero la próxima vez mejor en sala.

De vuelta al escenario secundario, El Vez ofreció uno de sus devertidísimos shows en el que hubo de todo: cambios de vestuario, comentarios descacharrantes en su castellano macarrónico, y hasta delirantes versiones de… ¡Mocedades a ritmo de The Clash! Un perfecto divertimento para un festival.

La irlandesa Imelda May aportó un toque de clase a continuación de vuelta al escenario grande. Todavía no había podido ver su directo pero comprobé que todo lo que me habían comentado era cierto. Deseando ya que llegue otra oportunidad para verla en directo de nuevo.

El siguiente era Teddy Thompson, y uno se pregunta qué demonios pintaba allí. No parecía lo más adecuado programar su concierto a esa hora, y aunque congregó a bastante público en la carpa, lo cierto es que su pop acústico tuvo que luchar contra la indiferencia general. Y es una lástima, porque su música es muy interesante.

The Saints actuaban a continuación en el primer escenario, aunque poco puedo decir sobre su concierto porque aproveché para comer algo. Aunque al parecer tampoco me perdí mucho porque los comentarios que he escuchado no son muy favorables. No los reproduciré aquí; baste con que cite el término «verbena».

Todo lo contrario que The Damned, que sonaron espectaculares en el escenario secundario tocando muchos de sus clásicos. Los de Dave Vanian literalmente se salieron esa noche.

Y después Slash… ay Slash… Al igual que ya hiciera Duff McKagan en el mismo escenario, Slash tiene que tirar de repertorio Gunner. Inevitable o no, lo cierto es que algunas de sus nuevas canciones palidecen frente a los clásicos de «Appetite for Destruction». Me pregunto además en qué coño estaría pensando cuando compuso un tema en clave power metal alemán, pero en líneas generales disfruté mucho de su concierto como fanático gunner que soy. Y es que además Slash está tocando mejor que nunca. Mención especial merece el vocalista Myles Kennedy, capaz de echarse a sus espaldas canciones como «Civil War» y no fallecer en el intento. Y eso por no mencionar la gran imitación de Ian Astbury, donde parecía estar cantando realmente el vocalista de The Cult.

Tras esto llegaba el gran momento de la noche. KISS tomaban el escenario principal en un concierto que encantó a las masas, pero decepcionó a los más exigentes. Tomaré partido diciendo que ni lo uno ni lo otro. El concierto tuvo grandes momentos, y el haber variado el montaje con respecto a la gira de hace un par de años fue todo un acierto. Otra cosa es que algunos pretendan ver a los mismos Paul Stanley y Gene Simmons del año 79. KISS a día de hoy es lo que es: un espectáculo para todo tipo de público, igual que lo que nos puedan ofrecer Rolling Stones o U2. Es así de simple, y como tal nos lo tenemos que tomar. Quizás habría sacado alguna cosilla del repertorio, pero aparte del detalle de que las pausas entre tema y tema sí es cierto que eran excesivas, disfruté bastante.

Imperial State Electric lo tenían complicado después. Los de Nicke Andersson salieron con bastante retraso mientras todavía se lanzaban los fuegos artificiales de KISS (a quienes el genio de The Hellacopters agradeció en broma el haber sido su banda telonera esa noche). Un poco flojo de voz, Nicke se esforzó por despertar a los que allí seguíamos a tan intempestiva hora (su concierto finalizó alrededor de las 4 de la mañana). En directo las canciones de su disco de debut pierden algunos matices melódicos, pero en general la impresión fue buena. Su amigo Dregen también se dejó caer por allí para tocar un par de temas, y si redondeas el repertorio con alguna versión de Sam Cooke o de Cheap Trick pues ya tienes un concierto redondo. Aún así espero que la próxima vez no me pille tan cansado.

Sábado 26 de junio

La última jornada aunque habían comenzado con los vascos Audience, empezaba para mí con los primeros compases de los cacereños Maggot Brain. Su último disco, «Land», es uno de esos álbumes que debería estar entre las listas de lo mejor del año pasado. Eso sí, no entiendo muy bien a qué vino hacer una versión del «Alive» de Pearl Jam. La banda ahora incluye a un teclista y también estuvieron acompañados de tres coristas femeninas, y aunque el sonido del escenario pequeño no era muy bueno, ofrecieron un buen concierto que se hizo corto.

El trío australiano The Russian Roulettes actuaba a continuación en el primer escenario, pero qué queréis que os diga, tampoco me parecieron nada del otro jueves, quizás por no estar familiarizado con su música. Sin más.

Tampoco conocía a los británicos The Cubical, pero me quedé gratamente sorprendido por su sonido garagero directamente sacado de los años 60. Otro de esos grupos a apuntar, a pesar de tener nombre de banda electrónica.

Robert Gordon & The Gang They Couldn’t Hang pusieron la nota de sonido 50’s del día. Esta superbanda del Rockabilly realmente sabe lo que se hace y ofrecieron un gran concierto.

Tras ellos llegaba el turno de NRBQ, que lejos de sonar verbeneros como me temía ofrecieron también un gran concierto en el escenario secundario.

También del lado de las sorpresas positivas la de Bob Dylan. A pesar de sus excentricidades y rarezas, parece que el de Duluth tenía un buen día (o bien era consciente de que estaba en un festival), y ofreció un concierto en el que sus clásicos eran medianamente reconocibles. Dylan no se limitó además a tocar el piano desde una esquina del escenario, sino que tocó gran parte del concierto la guitarra e incluso la armónica. Las concesiones no acabarían ahí, ya que como único bis regaló una buenísima versión de «Like a Rolling Stone». Sencillamente excelente.

A continuación Toilet Boys hacían su comeback en el escenario pequeño. Como fanático que soy de los de Nueva York esperaba con muchas ganas su concierto, pero la sensación después fue agridulce. Miss Guy estaba flojo (o floja) de voz y además el volumen revienta tímpanos no ayudaba demasiado. Acabaron él/ella a hombros de su guitarrista entre el público a ritmo de «Blitzkrieg Bop».

Mientras Toilet Boys ofrecían su descarga en la carpa, fuera también descargaba lo suyo. A pesar del aguacero no fuimos pocos los que nos acercamos a las primeras filas del escenario grande para ver a Chris Isaak, que ofreció un concierto impecable cargado de clase. Isaak es un increíble performer que además de su gran voz sabe entretener al público, agradecido como estaba además a los que soportamos estoicamente la insistente lluvia. De diez.

Los suecos The Hives tuvieron más suerte ya que la lluvia cesó poco rato después de que acabara Chris Isaak. La verdad es que me parece una banda perfecta para animar a todo un festival, y aunque Howlin’ Pelle habla demasiado entre canciones (se atreve hasta con el castellano), su directo fue de los de enmarcar, y eso que sus últimos discos no me dicen demasiado.

Bad Religion ponían el cierre al festival también en el escenario grande (su concierto se trasladó allí no sabemos muy bien por qué). Los californianos están celebrando su trigésimo aniversario y probablemente por eso ofrecieron un concierto repleto de clásicos que a mí personalmente me encantó. Un perfecto broche final para una edición que algunos habían calificado de floja. Sin comentarios. Y el año que viene más.

 

Foto: ElCrack

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