Green Day ganan dos Tonys por el musical basado en American Idiot

La semana pasada se celebró la ceremonia de los Tony, los premios del teatro en los Estados Unidos. En ella competía el musical basado en «American Idiot» de Green Day, que de los tres premios a los que aspiraba se llevó dos. Dicho así no suena mal, pero lo cierto es que el que se le escapó era el premio principal, el de «Mejor Musical». Acabó llevándose el gato al agua en las categorías de «Mejor montaje escénico» y «Mejor diseño de iluminación para un musical».

Independientemente de que sea una gran obra o no (no podemos opinar de algo que no hemos visto), nos llama la atención el hecho de que una banda que comenzó tocando en casas ocupadas y durmiendo en el suelo sea ahora inspiradora de un musical de Broadway. Cierto es que no debería sorpendernos algo así; al fin y al cabo Green Day llevan varios lustros instalados cómodamente en el mainstream. Pero algunos echamos de menos cierto espíritu contestatario y punk en la música actual. Porque lo que algunos llaman ahora Punk desde luego poco tiene que ver tanto en alma como en sonido con aquella música que, surgiendo de las entrañas, desgarró la industria musical y renovó una escena que, de tan estancada, comenzaba a oler peor que los lapos que se lanzaban en los conciertos del 77. Y con ella enseñó un nuevo modo de hacer las cosas al margen de las corporaciones. Éstas todavía aguantaron algunos años más, pero acabaron recibiendo una estocada que, si no mortal, sí ha dejado a media industria moribunda. Aunque mucho nos tememos que acabarán hincando el diente de otra forma y se perpetuará el actual sistema de música diseñada con tiralíneas, plana, sin alma y destinada a un consumo rápido, fácil y sobre todo lucrativo. Que alguien me diga quién está perdiendo entonces, ellos -grandes corporaciones a las que la música les importa un carajo- o nosotros, los consumidores más «exigentes».

Sí, Green Day se han convertido en ese idiota americano que tanto odian. Porque, por mucho que quieran vendernos la moto de que se puede luchar contra la industria desde dentro, la triste realidad es que por mucho que intentemos aprovecharnos del altavoz, sólo nos lo van a conectar cuando ellos quieran o a ellos les interese. Son víctimas de un sistema de márketing que pretende vender a las desmemoriadas nuevas generaciones de jóvenes de todo el mundo unos ideales de rebeldía que colmen su angustia adolescente. Pero es una rebeldía completamente calculada, despojada de todo contexto y cuyo único fin es el de lobotomizar a una juventud sin referentes y cada vez más inculta; la misma juventud que cree que el Che Guevara es un personaje de una canción de Rage Against the Machine o que Francisco Franco era un personaje de «Cuéntame». La misma la misma que prefiere estar con «la roja» antes que preocuparse de un futuro tan negro como el que nos espera en los próximos años.

Y todavía dicen que «American idiot» podría convertirse también en película. Pues que paren el planeta de los simios que yo me bajo, porque definitivamente hemos debido de perder la partida.

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