Roxy Music – Barcelona (Sónar 2010, 19-6-10)

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No nos engañemos: grupos como Roxy Music en un festival como Sónar desentonan totalmente. Ya me dirás tú qué pintan allí abriendo para tipos como Dizee Rascal o The Chemical Brothers. Desde la organización informan que este año hubo más gente en el Sónar que nunca, pero no será gracias a Bryan Ferry y los suyos. Sea por el horario o por falta de interés, cuando a las 23:10 del último día del festival Roxy Music se suben al escenario, se encuentran con el pabellón principal medio vacío. Nada que ver con la afluencia en las actuaciones de Air, LCD Soundsystem o más adelante The Chemical Brothers.

También sus pintas los ubican en otra época y otro lugar. Lejos de las locuras Glam de sus inicios (de las que sólo nos recuerdan las proyecciones en las pantallas), el conjunto se parece más a una combo de baile de salón que a un grupo de Rock. Los hombres en traje negro, las coristas de color en minúsculos vestidos blancos.

Sin embargo, el concierto que este grupo de cuatro cincuentones acompañados por un verdadero ejército de músicos dio fue una gran lección en cómo mantener la dignidad en eso de la música tras más de 35 años.

Lección número uno: Pasa de tus grandes éxitos. Quien acudiera al recinto para escuchar «More than This», «Avalon», «Angel Eyes» y otra docena de temas que aún suenan en M80 y otras cadenas nostálgicas, se quedó con las ganas. Los Roxy casi exclusivamente dedicaron la actuación a canciones de sus inicios. Arrancaron con «Remake – Remodel» para seguir con «Out of the Blue» e «If There is Something», todos temas mayúsculos artísticamente hablando pero de poco impacto comercial. Sólo hacia el final hicieron unas pocas concesiones al fan menos implicado con «Jealous Guy» y «Love is the Drug», el tema más aplaudido de la velada.

Lección número dos: No dejes intimidarte por el horario apretado del festival. Es que estamos hablando de ROXY MUSIC, y una actuación de una hora no hace justicia a un legado tan importante como el suyo. Ya que es la primera vez en casi 30 años que aterrizan en Barcelona, no vamos a dejar que se vayan después de una hora. Ferry obviamente opinaba lo mismo, y cuando llegó la hora de plegar, siguieron y nos regalaron «Virginia Plain» y «Do the Strand», de esta manera causando sudores a la organización. Cualquiera se atrevía a desenchufarlos, como lo hicieron el día anterior con LCD Soundsystem. La exquisita banda de músicos se tomó su tiempo para cada canción, extendiéndose en largos solos y elaboradas introducciones. En 60 minutos de esta manera hubieran llegado a tocar como mucho siete temas. Es un gusto ver y escuchar a Andy Mackay y a Phil Manzanera interactuar en el mismo escenario. Curiosamente, el que se llevó la ovación más vocal por un solo fue el segundo guitarra, el jovencísimo hijo del batería Paul Thompson.

Lección número tres: Hazlo como Bryan Ferry. Este hombre multimillonario, empresario, coleccionista de arte y propietario de terrenos no tiene otro motivo que pasarlo bien para estar de gira. Dinero no le falta, prestigio tampoco, pero allí está, cantando igual de bien que antaño y entreteniéndonos con los mismos bailecitos y movimientos ligeramente torpes que ya conocemos de los DVDs de sus conciertos antiguos. Al principio se le veía un poco tenso, no sé si por los nervios o por el amargo de sólo disponer de una hora de actuación (lo comentó desde el escenario antes de presentar a la banda para luego pasarse los horarios por el forro), pero en la segunda mitad del concierto nadie le pudo quitar la sonrisa de la cara. Ferry al igual que David Bowie es uno de los pocos intérpretes que haga lo que haga siempre va a conservar este aire cool y elegante tan propio de los artistas británicos.

Para los verdaderos fans llegó el momento álgido con «In Every Dream Home a Heartache», tema homenaje a una muñeca hinchable. Supongo que muy poca gente habría contado con semejante joya en un entorno festivalero. Pero Roxy Music siempre ha sido un grupo «alternativo» en el mejor sentido de la palabra, años antes de que existiera el término de marketing para vender los grupos «no adaptados». El contraste entre la óptica conservadora y el setlist tan atrevido no podría haber sido más grande en este concierto. Siempre han hecho las cosas a su manera, y aunque no hayan sacado disco en 28 años, lo siguen haciendo. Que sigan. Y que vuelvan pronto. Pero la próxima vez, si no es mucho pedir, para dar un concierto por su cuenta.

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