Cinderella – Madrid (La Riviera 9-6-10)

Mayúsculo show de Rock (así, a secas) el vivido anoche en la madrileña sala La Riviera. Lamentablemente no mucha gente pareció darse por enterada a juzgar por la afluencia de público, sobre todo teniendo en cuenta que otros grupos menores de la época han llegado al sold out en la misma sala en tiempos recientes. En cualquier caso y a pesar de que debería haberse vivido con la histeria propia de las veladas históricas (lo que de hecho fue), estamos hablando de tres cuartos de entrada, lo que al menos no daba la imagen de lugar desangelado y permitía moverse con comodidad hacia las primeras filas.

Pero vayamos al tema. Cinderella se presentaban por primera vez en España y además lo hacían en sala (único concierto en toda Europa de estas características). Y eso se notaba tanto en el ambiente como en el setlist, que parecía diseñado específicamente para festivales.  

No pudimos ver la descarga de los irlandeses Stormzone, así que nos ahorraremos esa parte por motivos obvios. Tras sonar el «Back in the Saddle» aerosmithiano, los cuatro músicos originales más un teclista de apoyo toman el escenario a ritmo de «Second Wind», canción que servidor hasta ayer no podía ni imaginar ver alguna vez en directo y mucho menos como apertura de concierto. El sonido, aunque mejoró tras los primeros compases, se puede calificar de bastante malo en general, aunque al menos se podía distinguir claramente la voz de un Tom Kiefer, cuyo estado era la mayor de las incógnitas. Afortunadamente demostró que está totalmente recuperado de sus problemas de garganta y pudimos disfrutar de un gran frontman que incluso se atreve con el saxo.

Tras ese inicio con «Second Wind» la banda puso la directa a base de «Push Push», y tras esta toda una retahila de clásicos como «Heartbreak Station», «Nobody’s Fool», «Gypsy Road» y todos los que probablemente se os puedan ocurrir. Aún a riesgo de parecer poco profesional siento no poder dar un set list más detallado, pero qué queréis que os diga, uno va a los conciertos a disfrutar, y si se trata de una banda como Cinderella, por la que hemos esperado toda una vida, todavía más. Aún recuerdo escuchar sus discos en cinta de cassette de mis hermanos mayores allá por finales de los 80, así que os podéis imaginar lo que este grupo representa para mí. Si se puede poner un pero al concierto sería su duración, alrededor de la hora y cuarto, aunque la experiencia me la llevaré a la tumba junto a la de haber visto a Pilar Rubio vestida de «jeborra». Ojalá esto sirva para que Cinderella se animen a venir periódicamente a Europa como hacen bandas como Tesla por ejemplo, porque tenemos ganas de más.

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