Shuarma – Barcelona (Luz de Gas, 15-4-10)

Shuarma es amigo y colaborador de Enrique Bunbury. Y se le nota. No porque imite al ex Héroe. Más bien comparte la filosofía musical y escénica con el maño. Ambos saben que la música es una cosa importante, pero si le añades drama, teatro y carisma, eres capaz de convertirte en un artista de culto en vez de ser un mero compositor e intérprete.  

En su concierto en Luz de Gas Juan Manuel Álvarez Puig deja bien claro que en diez años de carretera junto a los compañeros de Elefantes ha aprendido su lección. Tiene una puesta en escena impecable y sabe meterse al público en el bolsillo en todo momento. La comunicación con el aforo es fluida, los comentarios y anécdotas entre temas parecen espontáneos y honestos, y aunque no lo fueran, el catalán al menos es un interlocutor creíble y encantador.

Aparte dispone de un gran el cancionero. Shuarma está de gira de presentación de su segundo disco en solitario, «El poder de lo frágil». Una propuesta elegante, inteligente, profunda y comercial en el buen sentido de la palabra, este disco no tiene punto flaco. El barcelonés podría haber basado el concierto en este álbum y algunas pocas pinceladas de su pasado. Y hubiera arrasado. Pero cuando encima caen todos los clásicos de la época de Elefantes, desde «Azul» hasta «Piedad», el éxtasis del público está garantizado. Aún más cuando el artista cuenta con unos invitados de lujo como el mismísimo Morti (Skizoo, El Fantástico Hombre Bala, Ex-Mundus, seguido por un largo etc) o el ex Elefante Hugo Toscano.  

Acompañado por una banda de lujo que sabe sacarle juego a su catálogo, el cantante demuestra unas capacidades vocales impresionantes hasta el último momento del concierto. La audiencia (muchos treintañeros, algunos cuarentones, poca gente joven) sale satisfecha tras casi dos horas de actuación, pero uno se pregunta por qué este artista no es capaz de llenar aforos más grandes. ¿Demasiado culto para la masa quizá, o demasiado comercial para los «enterados»?  

«El poder de lo frágil» lleva poco tiempo en el mercado, y Shuarma se ganará a nuevos fans en cada acto público. Y quién sabe, a lo mejor sí que estamos ante el nuevo Bunbury, una estrella de culto con potencial para un público masivo. Por falta de carisma y buenos temas no será. El tiempo lo dirá. De mientras disfrutamos de Shuarma en entornos íntimos como Luz de Gas. Para poder decir que estábamos allí en sus comienzos como solista cuando nos cite a un auditorio más amplio dentro de unos años. Se lo merecería.

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