Franz Ferdinand – Zaragoza (Pabellón Príncipe Felipe 4-12-09)

Gran expectación por parte del público como hacía tiempo que no veía antes de un concierto en la ciudad de Zaragoza. El casi sistemático olvido de los promotores a la hora de programar conciertos de estas características en la capital maña quizá tuviera algo que ver, porque a las puertas del Príncipe Felipe, y una vez dentro todavía más, se vivía una contagiosa sensación mezcla de excitación y alegría. Estaba bien claro que un público poco habituado a presenciar giras de primera fila tenía hambre de diversión y baile, abarrotando como nunca el pabellón. Ahora con la candidatura de Zaragoza para ser la Capital Europea de la Cultura en el año 2016 quizás la cosa cambie, no en vano hablamos de la quinta ciudad de España, que no hace tanto además era una de las primeras plazas para todo tipo de giras y artistas. Claro que esto no servirá de nada sin un apoyo por parte de las instituciones para desarrollar también una escena a nivel más modesto que complemente la oferta; escena que ya existe por otra parte, aunque deberíamos decir más bien que simplemente subsiste.

Pero tras estas consideraciones previas pasemos al concierto. Lamentablemente no podemos decir nada de los teloneros, el octeto norteamericano Phenomenal Handclap Band, que actuaron a la temprana hora de las 20:15. Pero esa es la constante del telonero, tener que abrir ante recintos semivacíos y además enfrentándose a la indiferencia de muchos. Algunos ni siquiera pudimos llegar a tiempo, como decimos. Una lástima.

Sobre la hora prevista, las 21:30, comenzó a sonar en el Príncipe Felipe la música introductoria que precedería a la actuación de Franz Ferdinand. Poco después aparecerían los de Glasgow sobre el escenario causando una reacción del respetable que bordeaba la histeria. Alex Kapranos encendía todavía más al público preguntando en castellano «Zaragoza ¿estáis bien?» y agradeciendo en castellano casi cada tema. No hacía falta, tenían la partida ganada de antemano. Poco a poco fueron desgranando algunos de sus éxitos masivos como «Do You Want To», «Take Me Out» o un «Ulysses» con el apoyo visual de su videoclip proyectado en el enorme panel que presidía el escenario y al que recurrieron en diversas ocasiones, conviritiendo la pista y el graderío en todo un hervidero de saltos y bailes. Algunos de sus temas ganan en contundencia en el directo frente a sus versiones de estudio, con un sonido menos pulcro y aséptico que en el disco, pero mucho más agradecido.

Tras una hora de concierto los escoceses se despidieron con una especie de batucada los cuatro a una en la que, a pesar del entusiasmo recibido, cometieron algunos errores de coordinación bastante evidentes. No fue lo único prescindible del show. Tras los bises la banda se fue marchando escalonadamente del escenario por segunda vez con una especie de ritmo electrónico y machacón que se alargó durante alrededor de diez minutos. Decir que resultó irritante es poco.

A pesar de estos detalles, el público salió feliz y con un gran sabor de boca, tras haber disfrutado de una gran noche de pop bailable. Y eso, supongo, es lo que verdaderamente cuenta.

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