Dååth + Throwdown + Unearth + Chimaira – Estocolmo (Sala Klubben 20-09-09)

Dååth + Throwdown + Unearth + Chimaira – Estocolmo (Sala Klubben 20-09-09)
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Oh, el metal… Pocos estilos conllevan una explosión de adrenalina como la producida por Unearth cada vez que toman un escenario. Lástima que en el lote vayan incluidas un montón de cosas sin las que podríamos pasar. Vayamos por partes: el público de la noche, masculino al 90%, es algo más diverso de lo habitual en cuanto a etnia y triburbana. Los ignotos Dååth ofrecen una actuación a medio gas, en la que lo más sorprendente es que se atrevan a marcarse un solo de guitarra. Ni fu ni fa, vamos. El subidón de volumen es considerable con la esperada aparición de Throwdown, uno de los grupos más reconocidos de la escena Hardcore straight edge del momento. Poderosos, aunque no especialmente carismáticos (además regalan los oídos a los cabezas de cartel), lo que descoloca es que su propuesta actual sea más bien calcada a Pantera, aliñada con riffs de metal sureño como el de Maylene and the Sons of Disaster, por ejemplo. Entre el público se reivindican temas viejos, y para cuando por fin ofrecen uno de sus supuestos himnos, “Forever”, produce algo de grima el comprobar que reúne todos los topicazos de las letras hardcore.

A estas alturas no se puede pasar por alto que, visualmente, resulta un tanto molesto tener dos baterías en escena: la del grupo que toca y la del siguiente, eso sí, convenientemente tapada. Para cuando llega el turno de Unearth ni se puede ver la bandera en su totalidad, pero asistimos a 55 minutos de gloria, con un perfecto equilibrio entre melodía, virtuosismo y partes, ejem, mosh. En efecto, un par de tipos sobrados de testosterona se dedican a demostrar toda suerte de piruetas a cual más agresiva, lo cual provoca algunos momentos de pánico, sobre todo entre el público más joven. Unearth triunfan en su primera visita a Suecia; poco parecen importar los lemas de encefalograma plano en camisetas y entre canción y canción, así como dejes del Metal más descerebrado (¿a qué viene esa pegatina de “Matar” en la guitarra de Ken Susi?). Los cabezas de cartel, de nombre impronunciable, tienen la gentileza de vender a 20 euros –además de los 25 de entrada– un pase para saludarlos en los camerinos, pero ojo, que “sólo” venden veinte por concierto. ¿Tanta gente está dispuesta a algo así? Suenan monolíticos, con un teclado que rara vez se oye, y se refieren a la concurrencia como “amigos”, que no “muthafuckas“. Y es que en estos eventos no suele haber término medio: o bien utilizan fuckings por doquier y en todas sus declinaciones, o prescinden por completo de ellos, como los cristianos August Burns Red. Aunque obviamente intentan caldear a la afición, Chimaira tienen un punto lúdico, así que su cantante incluso reta a un espectador a un concurso de aguantar la mirada (y pierde, dicho sea de paso). En todo caso, la labor de la promotora Skrikhult Production resulta encomiable, más aún si tenemos en cuenta la naturaleza monopolística del gigante Live Nation, anteriormente Clear Channel. Seguiremos anhelando el ocaso del gigante Goliat, a poder ser junto a Ticketmaster y sus muchos tentáculos.

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