Slash, la autobiografía

4.2/5 - (31 votos)

7:30 de la mañana de un apacible día de agosto; salgo de mi casa para dirigirme a la oficina; dentro de un coche parado en el semáforo de mi calle ruge «Chinese Democracy», en un volumen tan alto que incluso con las ventanas cerradas el riff principal y los agudos de Axl se vuelven inconfundibles para cualquier peatón avezado que se cruce en su camino. Resulta curioso e irónico: minutos después me veré inmerso en la lectura del capítulo en el que Slash relata el inicio del dilatado parto de ese disco, convertido por razones extramusicales en uno de los fenómenos de la cultura pop más relevantes de los últimos años.

De título simplemente «Slash», no necesita el guitarrista más para la autobiografía que junto al escritor Anthony Bozza editó Harper Collins hace ya un par de años. Todavía no hay traducción al castellano (yo al menos no tengo noticia de ello), así que en estas fechas estivales es un buen momento para recuperar esta edición inglesa. Para los curiosos comentar que existe una edición en bolsillo bastante asequible, por lo que los fanáticos de Guns N’ Roses ya no tienen excusa.

Como dice la frase promocional del libro, «parece excesivo… pero eso no quiere decir que no ocurriera». Y es que Slash no tiene pelos en la lengua al relatar su propia versión de episodios comprometidos y dramáticos de su vida como la muerte de uno de sus mejores amigos, Todd Crew de Jetboy; la sobredosis que casi lleva a la tumba a Nikki Sixx en su apartamento; el famoso concierto junto a Rolling Stones en el que Axl declaró sobre el escenario que aquel iba a ser el último de la banda por culpa de «Mr. Brownstone»; la huida de Izzy Stradlin’ y la expulsión de Steven Adler; o las tensas relaciones a lo largo de los años con Axl Rose que tuvieron su punto culminante cuando la banda grabó «Sympathy for the Devil» para la banda sonora de «Interview with the Vampire» o las posteriores sesiones previas a lo que muchos años después legaría a ser «Chinese Democracy». El final ya lo conocemos todos: Slash abandona Guns N’ Roses (o es expulsado, según quién lo cuente), y un largo etcétera de cosas que exceden el propósito de este artículo.

«Slash» es como decimos una biografía que parece sincera, aunque como todas las obras de este tipo siempre hay que tener en mente que es el propio protagonista el que nos da su versión. Slash no titubea al contar todos sus problemas con las drogas o con las mujeres, pero una parte fundamental de sus vivencias se refieren a su relación con Axl. Es sin duda alguna el vocalista el miembro de Guns N’ Roses al que Slash dedica más párrafos de la obra. Y sin embargo no se limita a quejarse amargamente del comportamiento de Axl; el guitarrista sabe reconocer su importancia en el desarrollo del sonido del grupo y su talento innato como compositor, letrista y vocalista. Es algo que le honra, sin duda, así como el hecho de que en repetidas ocasiones avise al lector que lo descrito se trata exclusivamente de su visión, pero que probablemente habrá otras tan válidas como la suya.

Hay detalles sin embargo que creo que sobran, como los comentarios despectivos que dedica a ciertos grupos de la escena angelina de la época, no exentos de cierta prepotencia. Por cierto, que uno de mis momentos favoritos es cuando relata lo ocurrido entre Duff, Izzy y el batería de Faster Pussycat en un hotel durante una gira por Alemania, pero mejor que el lector descubra la anécdota por sí mismo.

Son precisamente aquellos primeros momentos de la vida de Guns N’ Roses los que contienen más anécdotas hilarantes, y los que musicalmente hablando tienen mayor interés, cuando se relata cómo se compuso y grabó «Appetite for Destruction», y toda esa etapa de la banda durante la que llevaban una vida de todo menos modélica. Descubrimos que fue casi un milagro que la banda pudiera sobrevivir y haber visto publicado aquel primer álbum, aporta luz a hechos que estaban envueltos en cierta nebulosa y que tenían carácter poco menos que mitológico, y además deja claro que Axl, a menor escala, siempre tuvo la misma personalidad y arrebatos, pero que cuando decidía trabajar deslumbraba a cualquiera con su talento innato.

Las sesiones de los «Use Your Illusion» y la posterior gira mundial también tienen su parte protagonista en el libro. Resulta hasta doloroso leer cómo de una banda que en sus comienzos componía junta, convirtiéndose en casi un ente orgánico, se pasó a un conjunto de individualidades en el estudio que más o menos iban por libre.

No debo olvidar tampoco mencionar las fotografías que ilustran la obra, algunas muy poco conocidas y entre las que también abunda mucho material de la infancia de Saul Hudson.

En resumen, los lectores ávidos de carroña tendrán una buena ración en «Slash», aunque personalmente me parece más interesante el proceso de autodestrucción de una banda que lo tuvo todo y que lo dejó escapar mientras despilfarraban dinero y talento. Nunca el título de un disco de debut definió tan bien una banda.

Comentarios

Comentarios