Bruce Springsteen & The E Street Band – Bilbao (San Mamés 26-07-09)

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Vaya por delante que no soy el mayor fan de Bruce Springsteen; respeto mucho gran parte de su carrera, pero no colecciono todos y cada uno de sus discos. También me gustaría aclarar que a partir de las dos horas y cuarto cualquier concierto comienza a hacerse pesado (sobre todo con insulsas versiones de «Twist & Shout» dignas de una orquestina de pueblo), con lo cuál a este le sobraron cuarenta y cinco minutos para mí, y más si tenemos en cuenta que era un domingo y que algunos teníamos que realizar un largo viaje de vuelta. Y no quiero entrar en la discusión de siempre sobre los die hard fans del Boss y su extrema fijación con la carrera de su ídolo. Dicho todo esto, hablemos del concierto.

No hacía falta que el bueno de Nils Lofgren saliera al escenario interpretando en el acordeón «Desde Santurce a Bilbao» ni que las primeras palabras escuchadas desde el escenario fueran el «Kaixo Bilbao» [«Hola Bilbao»] que el Boss dirigió al público para que este cayera rendido a sus pies; antes de aparecer siquiera el grupo en escena (lo que hizo con media hora de retraso, por cierto), el graderío ya se divertía de lo lindo cantando y haciendo la ola.

El concierto tomó un ritmo bastante rockero (mi momento preferido fue la interpretación de «Murder Inc.», con las guitarras de Springsteen, Lofgren y Little Steven echando humo), con un set list plagado de temas clásicos (como siempre), y algunos un tanto controvertidos (como ese «Outlaw Pete» y su parecido con algún otro tema que no vamos a recordar porque para eso están las hemerotecas). El momento central del show, esa «planificada improvisación» del set con Springsteen eligiendo temas de entre los que le solicitaban desde la primeras filas, no por ya visto antes deja de ser tremendamente efectivo. Y es que a Springsteen le sobran tablas y se nota que realmente disfruta haciendo disfrutar a su público. No creo que cuando le pasó el micro al chaval de unos siete años de la primera fila para que cantara una estrofa fuera un gesto de cara a la galería (por las pantallas se veía justo detrás de él al televisivo Manel Fuentes, fan irredento del de New Jersey, ¿sería su hijo?).

Se puede comulgar o no con su filosofía, ser fan de su discografía en mayor o menor grado, pero lo que está claro es que sin grandes parafernalias escénicas, tan en boga hoy en día por superestrellas en camino descendente quizás no en cuanto a público pero sí de inspiración, Bruce Springsteen sale más que airoso después de tres horas de concierto, colmando a sus seguidores de felicidad y desesosos de que llegue ya la siguiente gira. Y al fin y al cabo de eso debería tratarse el Rock and Roll.

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