El despróposito de Michael Jackson

Hace ya una semana que nos quedamos sin Michael Jackson, pero los medios no dejan de bombardear con nuevos e incesantes rumores sobre la muerte del Rey del Pop. El amarillismo está llegando a límites insospechados, incluso en medios «serios». Sin duda el personaje es digno de toda la atención que está generando (y me refiero al «personaje» de Michael Jackson, aunque en este caso concreto parece difícil diferenciarlo de la persona), pero uno se pregunta… ¿nunca van a tener suficiente?

Empiezo a estar saturado de datos sobre la autopsia (no se supone que estas cosas deberían ser confidenciales), de panegíricos redactados por inútiles que en vida se mofaban de él, de cotilleos sobre la herencia, el estado de su fortuna, etcétera etcétera.

No, evidentemente yo tampoco soy el mayor fan de Michael Jackson, pero respeto parte de su legado musical, que es lo que tendría que tenerse en cuenta, bajo mi punto de vista, a la hora de hacer balance de su carrera. Todo lo demás solo sirve para rellenar minutos de programas para marujas ¿por qué le dan cancha a ese tipo de informaciones en los informativos? Supongo que en este sinsentido en que parece haberse convertido la vida moderna y sobre todo la televisión todas esas cosas les parecerán noticia. Pero no quiero entrar en ese debate.

La cuestión es la necrofilia que parece haberse apoderado de gran parte del público. «Thriller» ya tenía el mérito de ser el álbum más vendido de la historia, pero es vergonzante que tenga que morirse alguien para que grandes masas de borregos, los mismos que además se declaran fans de toda la vida, decidan que ya es hora de contar con ese disco en su colección particular, sobre todo teniendo en cuenta que hace un año salió al mercado una edición especial conmemorativa del vigésimoquinto aniversario. Es, al menos, para meditar…

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