KobetaSonik 2009 – Bilbao (19 y 20-06-2009)

KobetaSonik 2009 – Bilbao (19 y 20-06-2009)
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La segunda edición del festival KobetaSonik en Bilbao, celebrada el pasado fin de semana, no puede calificarse de rotundo éxito, aunque sí de consolidación. No se han llegado a las cifras de público del año pasado, pero teniendo en cuenta que el festival ha coincidido en fechas con el Metalway zaragozano tampoco es de extrañar. Según los datos proporcionados por la organización, el viernes 19 fueron 12.302 las personas que acudieron al recinto, mientras que el sábado 20 lo hicieron algunas más, 15.567. En total han sido 27.869 los fanáticos del Hard y Heavy Metal los que han presenciado el festival. Entre ellos dos de nuestros redactores, Hellspawn y Natxo G. (aka Natxolas). Lo siguiente es su resumen de estos dos días.

Viernes 19 de junio, por Hellspawn

Con todo el dolor de mi corazón, no llegué a tiempo de presenciar la descarga de Crucified Barbara, mi primer objetivo del día. Sus dos discos me parecen deliciosamente macarras, y las cuatro suecas tienen fama de ser un auténtico vendaval en directo. La providencia hizo que más tarde, pudiera departir brevemente con ellas en el stand donde firmaban autógrafos. Esperemos que vuelvan pronto a nuestros escenarios.

Pude presenciar la parte final de la actuación de Devildriver, y a decir verdad, no me convencieron demasiado. Su metal corrosivo me resulta demasiado lineal, y me resulta sorprendente ver a su frontman, Dez Fafara, reconvertido en mesías metálico, después de verle durante años al frente de Coal Chamber, prácticamente renegando de todo lo que olía a guitarreo, aunque en su favor hay que decir que es un frontman realmente potente, aunque en el plano musical me resulten, vuelvo a decir, algo cargantes.

Tras la descarga de Devildriver, me dirigí sin demora al segundo escenario donde iba a comenzar el show de Hot Leg, la nueva andanada del gran Justin Hawkins, frontman de los injustamente difuntos The Darkness. Las similitudes entre las dos bandas son evidentes, quedando patente de Justin era el principal motor de los Darkness. El grupo desgranó varios temas de su disco debut, como “Ashamed”, “I´ve met Jesus”, “Cocktails”, o la histérica “Chickens” (sin duda, uno de los momentos más rocambolescos del festival, y si me apuran, de la historia del rock!!!!), y pudimos ver a un Justin Hawkins en un estado de forma envidiable, llegando sin problemas a las notas altas, y apoyado por una banda realmente sólida. Una de las sorpresas más agradables del festival.

Una de las bandas más esperadas por mí eran Cathedral, que tocaron en el primer escenario, y aunque, personalmente me encantaron, reconozco que no son una banda de festival, por lo menos no para uno de este tipo. Las leyendas británicas del doom metal no calaron demasiado, y la gente estuvo algo fría con ellos, a pesar de que su cantante, el soberbio Lee Dorrian, no paró un instante de moverse y bailar como un poseso. Cathedral son una auténtica apisonadora en directo, y temas como “Vampire Sun”, “Soul Sacrifice”, la excelente “Midnight Mountain” o “Cosmic Funeral” sonaron a gloria. Lo mejor para el final, la escalofriante “Hopkins, Witchfinder General”, uno de mis temas favoritos de todos los tiempos, que consiguió, esta vez sí, una reacción bastante más entusiasta del público.

Las bandas de black metal no deberían tocar a plena luz del día. Punto. Y la actuación de Cradle of Filth no hizo más que reafirmar mi opinión. Las huestes de Dani Filth tienen fama de ser algo irregulares en sus conciertos, pudiendo pasar de lo mejor a lo peor en cuestión de minutos. Y si encima desaparece el elemento nocturno, la cosa se complica. El grupo apareció en escena, atacando el primer tema de su nuevo disco, “Shat out of hell” para seguir con la ya clásica “Guilded Cunt”. Aunque el grupo sonaba bastante bien, destacando, como siempre, Paul Allender a la guitarra, y Dani Filth estuvo soberbio en las voces, no acabaron de cuajar una actuación muy destacable. Por lo menos, y teniendo en cuenta el tiempo de que disponían, obviaron bastante su último disco, dedicándose a tirar de fondo de catálogo. Así, pudimos escuchar “Dusk and her Embrace”, “The Principle of Evil made Flesh” o “Her Ghost in a Fog”. Curiosamente, se saltaron su tema más conocido, “From the Cradle to Enslave”. La próxima vez de noche, por favor.

Pude ver el show de Trivium desde la distancia, y, aunque es evidente que poseen un directo muy potente, musicalmente no les veo la gracia por ningún sitio. En su día, sus discos me gustaron, pero hay algo que me chirría, y supongo que es el hecho de que sean tan derivativos (no citaré de qué banda, por lo obvio), algo que se ha acentuado de manera casi desvergonzada, en los últimos dos discos del grupo. Prefiero a los originales.Journey

Y llegamos a uno de los “highlights” (permítanme el término) del festival. Journey no dejaron, literalmente, títere con cabeza. Hasta el más irredento metal head se derritió con la exhibición de los de San Francisco. La banda está pasando por una segunda juventud, gracias, evidentemente, a la incorporación de Arnel Pineda (cariñosamente conocido entre la audiencia como “el puto filipino”). Es imposible no contagiarse de la vitalidad del cantante, y si a eso le añadimos su prodigiosa voz, virtualmente idéntica a la de Steve Perry, la combinación es explosiva. Arrancaron con “Separate Ways” y aquello se vino abajo. Un sonido perfecto y una banda pletórica. A los veteranos Neil Schon (absolutamente soberbio), Ross Valory al bajo, y Jonathan Cain a los teclados, se suman Pineda y el excelente Deen Castronovo a la batería. Y a partir de ahí, clásico tras clásico, “Stone in Love”, “Wheel in the Sky”, “Chain Reaction”, alternados con temas de su reciente “Revelation”, como “Wildest Dream” o “Change for the Better”. Incluso rescataron “One More”, un tema de “Trial by Fire”, el olvidado último disco que hicieron con Steve Perry. El final del concierto ya fue para enmarcar. La preciosa “Faithfully”, y para terminar, yes, ladies and gentlemen, “Don´t Stop Believin´” con el que suscribe botando como un poseído, y “Anyway you Want it”, que puso final al, probablemente, mejor concierto del festival, con permiso de Mötley Crüe y Machine Head.

De vuelta en el escenario principal, y ya con el juego de luces a toda potencia, aparecieron Machine Head… Nadie estaba preparado para lo que se avecinaba. La actuación de los de Rob Flynn alcanzó, por momentos, cotas de tal intensidad, que temí por mi integridad física. Efectivamente, me había acercado a las primeras filas, con el final de coger un buen sitio para ver el show de Marilyn Manson (hablaremos de ello más tarde…) y casi me cuesta caro. Desde la inicial “Imperium” aquello fue una auténtica marea de metal heads sudorosos, estrellándose unos contra otros, mientras Machine Head descargaban sin piedad su repertorio. Si digo que el segundo tema fue “Ten Ton Hammer”, está todo dicho. Más locura desencadenada. He visto muy pocos frontmen aleccionar tanto al público como a Rob Flynn, que estuvo absolutamente enorme, maltratando su Flying V como si no hubiera un mañana, y el resto de la banda es de auténtico lujo, sobre todo Dave McClain, algo inhumano a los tambores. Los únicos momentos más o menos “tranquilos” se vivieron durante los temas de su último “The Blackening”, donde han experimentado con elementos más progresivos. Aunque cuando volvían a atacar cosas como la demencial “Old”, de su ya lejano disco de debut “Burn my Eyes”, el infierno volvía a desatarse. Flynn estaba exultante ante la entusiasta reacción del público, y se notaba que el grupo lo estaba pasando realmente bien. Para el final, la emotiva “Descend the Shades of Night”, de su anterior entrega, “Through the Ashes of Empires”, para acabar por todo lo alto, con la ya clásica “Davidian”, durante la cual todo voló por los aires. Uno de los mejores shows metálicos que quien firma estas líneas ha presenciado nunca.

Y llegamos al punto culminante del festival (según cómo se mire). De hecho, más adelante, mi esforzado compañero de fatigas, Natxolas, os ofrecerá su visión de lo que aconteció en el ¿concierto? de Marilyn Manson, la cual, vista desde la distancia, no deja de tener su lógica. Pero la verdad es que el que suscribe lo vivió de modo muy diferente.

Al contrario que la mayoría, tenía grandes esperanzas puestas en el show de Manson. Presentaban un nuevo disco bastante potente, Twiggy había vuelto a su banda madre, y todo parecía indicar, después del buen sabor de boca que me dejó su último concierto, hace un par de años, que iba a ser una gran noche…….pues no, amigos. De gran noche, nada de nada. Lo que allí se vivió fue una pantomima de concierto, que, por momentos rozó la vergüenza ajena. Todo empezó bastante bien, con la banda apareciendo en escena, e iniciando el show con “Four Rusted Horses”, del último disco. No me parece un gran tema para empezar un concierto, aunque la cosa mejoró con la siguiente “Disposable Teens”. El nuevo bajista estaba muy enchufado en el concierto, moviéndose continuamente, pero Twiggy…¡Ah, amigos! Twiggy deambulaba por el escenario, como si la cosa no fuera con él. Y con el reverendo la cosa no mejoraba. Parecía completamente apático, sin rastro de aquella arrogancia de que hacía gala hasta hace un par de años. Todavía hubieron algunos buenos momentos, como “Irresponsible Hate Anthem”, “The Love Song” o “Pretty (as a Svastika)” y “Leave a Scar”, del último disco, del cual cayeron hasta cinco canciones (algo que me pareció encomiable) Pero a partir de ahí, la cosa empezó a caer en picado. Continuos parones, idas y venidas de una….¿maquilladora? que retocaba a Manson, mientras otro fulano daba golpes de claqueta (¿?) y otro sacaba focos de TV a escena (¿¿??). La audiencia se desinflaba por momenMarilyn Mansontos, y el grupo no hizo nada absolutamente por arreglar el entuerto. Ginger Fish y Chris Vrenna esperaban, pertrechados tras sus instrumentos, que aquello acabara cuanto antes. Y el punto culminante llegó con “Rock n’Roll Nigger”, durante la cual Manson y Twiggy se dedicaron a hacer el canelo por el escenario, alargando el tema hasta el infinito. Yo, para entonces, estaba enviando un SMS a un colega para ver si nos largábamos de allí, mientras el público comenzaba a mentar a la madre de “la Marilyn” (esa noche no hubo ni rastro de Manson). Ya en la lejanía, escuchamos como la banda destrozaba “The Beautiful People”. Puede ser que se tratara únicamente de una mala noche, pero, o mucho me equivoco, o el viernes asistimos al fin de Marilyn Manson, la banda y el personaje. L-A-M-E-N-T-A-B-L-E

Hellspawn

Viernes 19, por Natxo G.

Marilyn Manson reinó en la primera noche del KobetaSonik. Y no me refiero precisamente al plano musical, en el que hubo algunos buenos momentos, pero que deberíamos calificar objetivamente como justito-justito. Fue la actitud despótica del divo la verdadera estrella de la velada. Demostrando tan poco respeto por su público como por sus subalternos, aquello parecía una delirante corte de temorosos aduladores de su señor (banda incluida): claquetas, retoques de maquillaje, secado del sudor de la frente (algunos pensarán que se debía más al calor de los focos que al esfuerzo), errores en la ejecución de los temas, falsos arranques… Sí, yo disfruté enormemente del espectáculo. Porque aquello fue un espectáculo en el sentido más amplio de la palabra, como cuando en uno de sus ataques de cólera lanzó un micro a un pobre roadie y el público, ya empezando a mosquearse con el asunto, arrancó a corear «hijo de puta»; ¿la respuesta de Manson? dar la espalda pasando de todo, despreciando e ignorando completamente a todos aquellos que habían pagado una entrada por verle. Soy consciente de que mucha gente encontrará paradójico todo esto, pero cuando esperas muy poco o directamente nada de un artista es entonces cuando verdaderamente puede llegar a sorprenderte. Fueran reales o fuera fingidos sus arrebatos, poca importancia tiene. El señor Brian Warner es un caradura. Pero un caradura que la noche del pasado viernes dio la mejor-peor imagen de sí mismo y/o de su personaje. Y esto, señores, también es diversión, aunque lamentablemente una gran parte de su público no supo apreciarlo así (lamentablemente para ellos, claro, porque a su ex-héroe probablemente se la traiga floja). Qué le vamos a hacer, siento especial predilección por las estrellas en decadencia…

Muchos son los grupos de mi infancia-adolescencia que, al verlos al cabo de los años por vez primera, me han dejado frío o directamente me han decepcionado. Afortunadamente también me ha ocurrido todo lo contrario, como con Suicidal Tendencies. Sorprendiendo desde el minuto cero (ese «You Can’t Bring Me Down» de apertura que lo que ha perdido en poderío heavy lo ha ganado en contundencia hardcore) y con un set list de tirar de espaldas abundante en clásicos, los de Mike Muir han vuelto a ganar mi respeto y conquistar mi corazón, el mismo que allá por el año 90 dedicó todo su mimJosh Todd - Buckcherryo a completar toda su discografía. Reconozco haber perdido el interés por sus mediocres discos y la fe en la banda (todavía no he encajado la disolución que dejó fuera a Rocky George) durante los últimos años, pero prometo solemnemente que en su próxima gira por estas tierras haré lo imposible por volver a verlos. Gracias cycos.

Sábado 20, por Natxo G.

Para la jornada del sábado nos presentamos al recinto poco antes de la actuación de Buckcherry, nuestro primer objetivo del día, obviando así las actuaciones de Ekon, God Forbid y la encantadora Lauren Harris. Es lamentable que Buckcherry actuaran de noche cuando formaron parte del cartel del Azkena Rock y que para esta edición del KobetaSonik hayan sido relegados a las 16:25 de la tarde y su set reducido a unos míseros treinta o treinta y cinco minutos. En todos los festivales suele haber algún concierto que se acaba haciendo insultantemente corto, y en esta ocasión fue el de Buckcherry. A eso tenemos que añadir un pésimo sonido, sobre todo al comienzo, y un repertorio con pocos recuerdos a sus dos primeros discos (creo recordar que no sonó nada de «Time Bomb», disco injustamente infravalorado, y únicamente «Lit Up» de su debut). A pesar de eso el carisma de Josh Todd y la chulería de un Keith Nelson que parecía un cruce fondón entre Izzy Stradlin’ y el Trent Reznor de «The Perfect Drug» sacaron adelante un concierto probablemente solo disfrutado por los que somos incondicionales.

Tras Buckcherry pasaríamos del cargante Power Metal de Dragonforce esperando a la descarga de Papa Roach. Los Roach, por contra, siendo bastante inferiores en mi opinión que Buckcherry, sí que gozaron de buen sonido y de un tiempo más extenso. En su favor decir que lograron una buena respuesta del público y que sonaron muy compactos, aunque como digo personalmente no lo disfruté demasiado.

Lo de Anthrax fue algo agridulce. Habiendo sido fan de la banda desde los años 80, no me molesta para nada escuchar en directo temas como «Indians», con el que abrieron, «I am the Law» o «Madhouse» por ejemplo, pero siendo honestos la mejor etapa de la banda fue la de John Bush, y resulta incluso doloroso que la despachen únicamente con «Only». Dan Nelson, el nuevo vocalista, es bastante versátil, capaz de interpretar aceptablemente en los registros tanto de Belladonna como de Bush, aunque tampoco parece que aporte demasiado. Esperaremos a ver los resultados del nuevo disco, del cual interpretaron un tema bastante duro cuyo inicio me sonó un poco como Slayer.

Anthrax

La caida del cartel de Thin Lizzy dejó paso a otros Lizzy, en este caso Borden. Coincidencia de nombres, pero no de nivel, porque lo de Lizzy Borden fue un infame show de Hard ochentero de lo más estándar que solo llegó a despertar mi curiosidad y captar mi atención cuando salieron las bailarinas al escenario.

In Flames descargaron justo después en el escenario grande, pero ese estilo de Metal no es lo mío, así que reconociendo que no sonaban mal tampoco presté la debida atención. Tampoco puedo hablar demasiado sobre el concierto de Dream Theater. Muy buenos músicos, sin duda, pero lo progresivo se me atraganta bastante y yo ya tenía en la cabeza el concierto de Mötley Crüe.

La banda está presentando un disco bastante potente, «Saints of Los Angeles», y aunque en los festivales europeos no están interpretando íntegro «Dr. Feelgood» como sí han hecho en su país, los temas de este disco son los que forman la espina dorsal de su set list. Un set list por otra parte que no depara mayores sorpresas, pero en el que incluyen la mayor parte de sus clásicos y con momentos de protagonismo para todos y cada uno de los miembros de la banda, incluyendo un solo de Mick Mars que parecía estar desatado (todo lo desatado que puede estar una persona en sus condiciones, claro está). He oido opiniones de todo tipo sobre este concierto, desde que fue pésimo hasta todo lo contrario. Personalmente poco me importa que el montaje escénico sea bastante espartano (comparado con su anterior gira por nuestro país), la duración del concierto escasa (tambien teniendo como modelo la citada gira), que los coros de algunos temas estén claramente pregrabados o que las imágenes de camaradería entre los cuatro músicos probablemente sean más de cara a la galería que sinceras. Acabé el concierto emocionado y fundiéndome entre abrazos con mis colegas. Y eso, amigos, si que no tiene precio.

Curioso contraste en un mismo festival, me pregunto que pensarían los fans de Hatebreed después de ver (si es que alguno lo hizo) el show de los Crüe. Pusieron el punto final al festival, pero sinceramente, a mí poco me importaba porque ya estaba pensando en la edición del año que viene.

Natxolas

 

 

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