La noche de los gigantes (The Stalking Moon), 1968

Fue Robert Mulligan un director versátil donde los haya, un artesano que dotaba a sus películas de una sensibilidad, una perfección técnica y una exposición de personajes irreprochables.
Capaz de rodar obras maestras tan diferentes como puedan ser “El otro” (una de las películas preferidas de un servidor, todo un clasicazo del cine de terror) o “Verano del 42” donde se retrata el mundo de la adolescencia como pocas veces se ha hecho, y la que es su obra mas reconocida “Matar a un ruiseñor”, la mejor adaptación de un libro que se haya llevado a la pantalla, o esa es mi opinión, vaya.
Pero rebuscando un poco en la filmografía de Mulligan no es raro encontrar otras pequeñas joyas, quizás un poco eclipsadas por los films anteriormente citados, pero que desde luego merecen un visionado. Una de ellas es sin duda “la noche de los gigantes”, un western crepuscular en el que Mulligan usando unos recursos y códigos mas cercanos al género del trhiller/terror consigue una película realmente angustiosa, de hecho no es nada descabellado decir que estamos ante un proto-slasher en toda regla.
La película nos cuenta la historia de Sam Varner, un explorador del ejército que está a punto de jubilarse y retirarse a un rancho que ha comprado con sus ahorros, pero antes de que llegue ese momento decide aceptar una última misión: conducir a su destino a una mujer blanca que ha sido encontrada entre una tribu de apaches, los cuales la habían secuestrado años atrás. Pero la mujer no va sola, la acompaña un niño mestizo fruto de una relación forzada con uno de los indios de la tribu, el sanguinario “Salvaje”.
El camino para Varner, la madre y el niño no va ser desde luego un camino de rosas, “Salvaje” quiere dar con ellos al precio que sea.
Para el papel de Varner, Robert Mulligan contó con un ya veterano Gregory Peck (relación que tan buenos frutos había dado años antes con “Matar a un ruiseñor”) que realiza una gran interpretación, de hecho uno de los puntos fuertes de la película es la enigmática y bella relación entre Gregory Peck y la Hitchcockniana Eva Marie Saint que aquí interpreta a Sara, la mujer secuestrada por los indios.
Con una magistral mezcla de sensibilidad, intriga y terror, con una fotografía magnífica, que da mas grandeza si cabe a esas montañas rocosas y esos desiertos polvorientos, y no exenta en ciertos momentos de algún mensaje antixenófobo, Mulligan consigue sumergirnos en una película realmente fascinante, donde la casi fantasmal figura de “Salvaje” (prácticamente solo lo veremos al final de la película) nos amenaza durante todo el film.
Un western realmente atípico.

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