Azkena Rock Festival 2009 – Vitoria-Gasteiz (14, 15 y 16-05-09)

La edición 2009 de Azkena Rock Festival se presentaba con algunas incógnitas motivadas por el cambio de fecha. Una vez concluido podemos decir que si había algún temor ante el posible descenso de público este era infundado. Porque el del Azkena es mayoritariamente un público fiel y así se ha demostrado una vez más. En cuanto a las bandas ha habido de todo, grandes conciertos y algunas decepciones, pero si tuviera que escoger, personalmente me quedaría con Eli «Paperboy» Reed y Mike Farris, protagonistas además de las sesiones especiales en la plaza de la Virgen Blanca. Buena idea la que han tenido los responsables del festival este año, mostrando a la ciudadanía en general que no todo tiene por qué ser sexo y drogas en un festival de Rock. Enormes también los conciertos de ambos cabezas de cartel de los días fuertes. Black Crowes dieron una lección magistral el viernes mientras que Alice Cooper ofreció el concierto soñado, repleto de clásicos de principio a fin. Obviaremos la jornada del jueves ya que los compromisos laborales y radiofónicos nos impidieron acercarnos a Vitoria la primera noche.

Así que pasemos directamente al viernes. Llegamos al recinto para ver a Howlin’ Rain con un poco de retraso debido a un pequeño malentendido con los horarios. Una lástima ya que era uno de los grupos que más ganas tenía de ver un servidor. De todas maneras por los dos temas y medio que vi no parecieron gozar de muy buen sonido.

El siguiente grupo en actuar lo hizo en el escenario grande, bautizado este año como Lux Interior Stage, y fueron Elliot Brood. No conocía a esta banda y aunque el inicio un tanto fúnebre no prometía, me gustaron pero tengo que reconocer que este tipo de sonidos me aburren en directo.

De vuelta al segundo escenario, el Ron Asheton Stage, Dr Dog ofrecieron un concierto bastante potente, aunque con un volumen excesivamente alto. A mí me acabaron agobiando un poco.

The Fabulous Thunderbirds ofrecieron después un concierto bastante discreto, aunque probablemente no es el mejor lugar para disfrutar de un grupo de estas características.

De vuelta al segundo escenario, era el momento de uno de los mejores conciertos de todo el festival: Eli «Paperboy» Reed, que se vació en escena en el que era el último concierto de su gira europea. Tenía muchas ganas de este concierto, y aunque al mediodía llegué tarde para verlo actuar en solitario en la plaza de la Virgen Blanca, ya por la tarde con los True Loves consiguió levantar al público como pocas veces he visto en ese festival, y menos a tan temprana hora (las 19:15). Muchos acabamos preguntándonos si el escenario secundario y el horario eran adecuados después de lo que allí vimos.

No obstante la noticia del día era la caída de Bad Brains, anunciada la noche anterior. La organización contrató a UK Subs en su lugar, que con su punk inglés ofrecieron un concierto con bastante poca gracia, salvo cuando suenan hits como «Endangered Species», «Down in the Farm» o «Stranglehold».

Después era el turno de The Zombies, que ofrecieron un concierto de verbena que vino de perlas para llenar el estómago. Lo mejor estaba por llegar.

De vuelta al escenario grande era el turno de Soul Asylum. Nunca fui fan de esta banda, pero es justo reconocer que sonaron muy bien sobre todo al comienzo, aunque después se fueron desinflando un poco. Mucha gente no obstante estaba esperando el plato fuerte de la noche.

The Black Crowes por fin actuaban ante el público vitoriano después de la espantada de hace unos años. Y tras lo visto el viernes puedo decir que la espera ha merecido la pena. Porque con un set list de dos horas que comienza con un tema como «Sting Me» es imposible decepcionar. Resulta curioso que la banda se centrara en temas de su primer disco, ya que sonó prácticamente la mitad de «Shake Your Money Maker»: «Twice as Hard», «Sister Luck», «Hard to Handle», «Jealous Again», «She Talks to Angels» o el único y sorprendente bis de la noche, «Thick N’ Thin». Se quedaron sin representación en el set list «Three Snakes and One Charm» y «By Your Side», denostados álbumes que merecerían en mi opinión mayor estima. En cualquier caso The Black Crowes demostraron encontrarse en un momento muy dulce con un Luther Dickinson espectacular a la guitarra y totalmente integrado en el grupo. Rich Robinson por su parte aporta toda la clase del mundo repartiendo riffs con sobria elegancia, mientras su hermano Chris aporta todo el sentimiento al conjunto en una mezcla poco menos que sobrenatural. El numeroso público estaba entregadísimo desde el principio, y no era para menos.

Tras la actuación de The Black Crowes mucha gente abandonó el recinto, tremendo error ya que tocaba el turno de la bizarrada del festival, el trío japonés Electric Eel Shock. Musicalmente no es que sean nada del otro jueves, pero cuando aparece sobre un escenario una banda con un batería desnudo de cintura para abajo con sus partes enfundadas en una especie de calcetín de un metro de longitud, al más puro estilo Chili Peppers, lo mínimo es prestarles atención. Y la cosa fue a más, ya que posteriormente se quitó su camiseta de Hanoi Rocks y aporreó su instrumento (y me refiero al musical) con cuatro baquetas, dos en cada mano. Acabaron triunfando.

La jornada del sábado comenzaba con el concierto de Mike Farris en una plaza de la Virgen Blanca llena a rebosar y bajo un sol de justicia. Farris sí actuó con la Roseland Rythm Revue al completo. Buen preludio de lo que vendría después.

Nuevamente nos dirigimos al recinto tras el pequeño aperitivo con la mala suerte de llegar casi al final de la actuación de Johnny Kaplan. En esta ocasión los Lazy Stars incluían a un teclista y un tipo con aspecto de cowboy tejano a la steel guitar. El par de temas que pudimos ver sonaron a gloria.

A quien sí vimos desde el principio fue a Dan Auerbach y su banda de foragidos fronterizos. Para mí era una banda a descubrir, y disfruté mucho con ese sonido pantanoso y oscuro.

Los sonidos americanos más genuinos y auténticos siguieron en el escenario secundario con Woven Hand. El intenso calor que hacía bajo la carpa casi me provoca un estado de trance similar a los que sufre David Eugene Edwards sobre el escenario. Afortunadamente no pasó a mayores, aunque no conseguí entrar en el sonido denso de la banda.

The New Christs sonaron correctos en el primer escenario, cambiando la dirección musical de la tarde hacia sonidos más acelerados y ruidosos.

Después llegaría la segunda sesión de Mike Farris del día. Cambiando un poco el repertorio con respecto al mediodía, Farris logró meterse al público en el bolsillo con una banda que suena perfecta, a pesar de que la sección de viento estaba compuesta por músicos vascos que según comentó el vocalista había conocido ese mismo día. Diremos lo mismo sobre su concierto que decíamos antes sobre Eli «Paperboy» Reed: merecía otro horario y otra ubicación. Si tuviera que elegir entre uno de los dos ganaría Farris, pero por muy poquito.

Después en el escenario grande las leyendas del sureño Molly Hatchet emocionaron a los fieles con su rendición de «Free Bird» entre otros temas clásicos como «Flirtin’ with Disaster» con el que cerraron su set, aunque personalmente ese endurecido sonido que contrasta con el más rockero de sus inicios les hace perder algo de encanto.

Otros que se esperaban con ganas eran The Sountrack of Our Lives tras dos cancelaciones en años previos. Tengo que reconocer que esta banda me aburre, pero el sábado hicieron un concierto muy directo y rockero que no sonó nada mal. Y el público entusiasmado, claro.

Tras TSOOL llegarían Fun Lovin’ Criminals, en su segunda visita al festival y tercera a la ciudad de Vitoria, donde actuarion en la mítica sala El Elefante Blanco en la época de «100% Colombian» si la memoria no me falla. Pero si en aquellas ocasiones montaron toda una fiesta, lo del sábado fue una tremenda decepción personal. Lo único salvable fue, cómo no, el chulesco y carismático Huey, frontman de los neoyorquinos, porque el repertorio sonó sin fuerza, y es inexplicable que lo rellenaran con (malas) versiones de Hendrix («Foxy Lady») y Led Zeppelin («Rock and Roll»). Me quedaré con el recuerdo de las dos veces anteriores.

Tras una espera que se hizo interminable en la que sonaba música del propio Vincent Fournier, Alice Cooper salió al escenario con un repertorio cargado de clásicos de principio a fin. Los temas más modernos que sonaron si exceptuamos «Dirty Diamonds» y «Vengeance is Mine», el mejor de su último disco, fueron un «Feed My Frankenstein» que sonó espectacular y el inevitable «Poison». Quizás su banda actual suene bastante heavy, pero con un repertorio así es imposible fallar. No faltó ningún tema clásico en un repertorio increíble: «Elected», «Billion Dollar Babies», «School’s Out», «Only Women Bleed», «Welcome to My Nightmare», «Under My Wheels», «Be My Lover», «Dead Babies», «No More Mr Nice Guy», «I Love the Dead»… Por no faltar no faltó ni el número de la horca. Uno de los conciertos que mejor sabor de boca me ha dejado de todo el festival.

Cerrarían las actuaciones los ingleses The Toy Dolls en la carpa del segundo escenario por cuestiones técnicas (el montaje de Alice Cooper requería después de su correspondiente desmontaje). La banda con su punk de chicle contó con un público rendido a sus pies, que entonaba cada himno festivo del grupo a pesar del cansancio acumulado ya a esas alturas. Nos volveremos a ver como siempre el año que viene.

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