Kurt Cobain: 15 años sin la voz del Grunge

El día 8 de abril de 1994 el cuerpo sin vida del líder de Nirvana, Kurt Cobain, era hallado sin vida en su casa de las afueras de Seattle. Justo hoy se cumplen quince años de tan desagradable y doloroso aniversario, aunque el informe de la autopsia concluyó que Cobain se había suicidado tres días antes, el lunes 5 de abril. Mucho se especuló en su día sobre el suicidio; incluso existe un documental (bastante malo por cierto, independientemente de su cuestionable veracidad: «Who Killed Kurt Cobain?») en el que se apunta directamente a Courtney Love como culpable de la muerte del cantante. Hay quien apoya esta increíble afirmación en el título del disco de Hole, que a la postre resultó en cierta manera premonitorio, «Live Through This» («sobrevive a esto»), editado tan solo cuatro días después del hallazgo del cadáver de Cobain, el 12 de abril del año 1994. Incluso hay gente que cree que la mayoría del material incluido en el álbum lleva la firma (no acreditada por su viuda) de Cobain.

Pero, como casi siempre en estos casos, nos encontramos con mucha historia turbia, controvertida y poco fiable que no debería ocultarnos la vista de lo que realmente importa: hace quince años que Kurt Cobain abandonó este mundo, y tras de sí dejó un corto pero importante legado musical (en este punto los fans enfermizos argumentarán que existe gran cantidad de material inédito que ha ido viendo la luz a través de bootlegs y ediciones piratas; desde aquí les felicitó por dedicar su anodina existencia casi exclusivamente a su ídolo). En cualquier caso, lo que aquí debería importar es que Nirvana, junto a otros grupos de la escena de Seattle, lideraron la que fue última gran revolución musical en el mundo del Rock.

Resulta bastante chocante darse cuenta de que muchas de aquellas bandas que surgieron de la era Grunge desaparecieron casi a la vez que Nirvana. En unos pocos años, los que van desde 1991 cuando se editaron álbumes tan imprescindibles como «Nevermind» y «Ten», los Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains y algunos más asaltaron las listas de ventas, y casi como habían llegado (salvo la banda de Eddie Vedder, que con altibajos se ha ido manteniendo viva hasta hoy en día), desaparecieron. Nuevamente parece que la frase de Neil Young que Cobain utilizó en su nota de suicidio fue premonitoria: «It’s better to burn out than to fade away». Hacia 1995 apenas quedaba rastro de lo que se llamó Grunge, pero a pesar de esta corta existencia, el movimiento, ya fuera una realidad o algo creado y alentado en cierto modo por las discográficas, marcó una indeleble huella en la industria musical y entre el gran público.

Algunos piensan que desde entonces el Rock and Roll está de capa caída. Y puede que tengan razón, pero esa no es la cuestión. Lo que realmente me pregunto en un día como el de hoy es si llegaremos a ver aparecer a otro Kurt Cobain algún día de estos, alguien que no sea un producto prefabricado por los ejecutivos de una gran compañía.

Aunque lo que era inevitable ha sucedido: el surgimiento de toda una maquinaria del merchandising y la mercadotecnia a la sombra de Kurt Cobain. Son inabarcables todos los productos que se han comercializado bajo el nombre de Nirvana o de Kurt Cobain, desde camisetas a discos recopilatorios, de rarezas, más recopilatorios, reediciones en serie media, en vinilo… la lista es larga. Resulta irónico que alguien a quien la fama le disgustaba sea ahora pasto del consumismo más exacerbado. Generaciones enteras que ni siquiera habían nacido cuando se editó «In Utero» lucen orgullosas camisetas con el rostro de Cobain. Dejando a un lado el dudoso gusto de muchas de ellas, lo que está claro es que Kurt Cobain se convirtió en un icono de la cultura popular de finales del siglo XX, igual que antes otros musicos muertos en lo más alto de sus carreras.

¿Realmente era para tanto? Cada uno puede tener su propia opinión, y cada uno otorgará a Nirvana y a Cobain la importancia que crea oportuna dentro de la historia del Rock. No voy a entrar ahora en eso porque sería un debate baldío (y aún así estoy seguro de que levantaré las iras de muchos fanáticos de pacotilla). El caso es que en Cobain se dieron todas las circunstancias para que eso ocurriera: músico de éxito, joven y relativamente atractivo físicamente, con una personalidad contradictoria, huraña y esquiva que ocultaba toda una serie de problemas de los que el gran público nunca fue consciente hasta después de su muerte.

Llevamos quince años sin Kurt Cobain, pero al menos todavía nos queda su música.

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