Psych

En un mundo de exceso de información, ser una persona observadora se considera un talento inusual. Ser una persona capaz de leer en el lenguaje corporal, la forma de hablar, la posición en la que se dejan los objetos y cualquier otro rastro que dejan las personas, y hacerlo sin una formación académica psicológica específica, se considera algo imposible.

En una sociedad donde somos constantemente bombardeados por imágenes y datos, se considera impensable.

Esa es la historia del protagonista, Shaw Spencer. Criado por su padre, un modesto agente de policía, para prestar atención y memorizar los detalles más insignificantes hasta alcanzar una memoria fotográfica pulida por un gran poder de deducción. Tan inusual es su talento, que para que la gente lo tome en serio se hace pasar por un psíquico con poderes mentales.

Así es: cómo es este mundo, que antes cuela alguien por ser psíquico que por ser inteligente.

Viviendo de las recompensas de la policía por dar pistas sobre casos que aparecen en televisión, Shawn resuelve, gracias a su poder de deducción, un caso en el que no hay sospechosos. La policía, obviamente, no le cree y lo toma por culpable, siendo la única forma de redimirse el demostrar que es realmente un psíquico, ayudándoles a resolver el caso.

James Roday, cara conocida de la serie B por haber protagonizado infumables tales como “Repli-Kate”, acentúa la vis cómica de un ya de por sí surrealista personaje. Su compañero de aventuras, un friki habitual del salón del cómic de noche, marchante de productos de farmacia de día, es Dullé Hill, mítico segundón de grandes producciones como “Hombres de Honor” o “The Guardian”.

Cuesta de creer que una serie dirigida por el que perpetró el remake de “Vacaciones en el mar” sea tan buena. Pues es el sorprendente caso.

Uno de los grandes alicientes de esta serie se encontraba en su increíblemente ingeniosa publicidad, que ya da muchas pistas sobre el tipo de comedia con el que nos encontraremos. Muchas veces, dicha publicidad estaba cruzada con otro de los grandes éxitos de la NBC: “Monk”, el detective obsesivo compulsivo cuyo número favorito es el 10. Abogando por el crossover entre series, la mutua publicidad se retroalimentaba de tal forma que ambos éxitos de audiencia tenían el mismo número de espectadores.

En su día, la cadena Cuatro apostó por esta serie de una forma un tanto curiosa: los primeros 8 episodios de la primera temporada, rodeados de carteles en cada estación de bus y metro, para interrumpir su emisión durante 7 meses y emitir el resto de la temporada. A pesar de que en su país de origen, Estados Unidos, las tres temporadas han sido máxima audiencia, parece que, como siempre, en este país una serie basada en la inteligencia del protagonista no tiene mucho futuro, y se ha pasado directamente a la parrilla de los estantes de la FNAC.

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