Bettie Page: La reina de los 50

En un día como ayer, en el que en cientos de páginas de Internet colgaban fotografías de jóvenes posando con su flequillo calculado y un escueto biquini (y sin este también), en un día como ayer, en el que el consumo de la foto de corte retro-erótico y las modelos que se prestan a ello hacen gala de su estatus de Pin Up, como si de una bandera se tratase; digo que, en un día como ayer, 11 de diciembre de 2008, murió, no la pionera, pero sí la mujer que definió y popularizó toda una estética que traspasó las portadas de las revistas para adultos para ser el dogma de toda una década, y el espíritu de una forma de vida. Me refiero a Bettie Page. La década, los años 50. El estilo de vida, llámale retro, psycobilliy o Rock.

Nacida Bettie Mae Page en 1923 de un matrimonio mixto, (padre Indio y madre blanca), heredará de estos la belleza de la mestiza y la soledad a la que se verá relegada en el orfanato en el que pasará gran parte de su infancia, a causa de la muerte del padre.

Después de la estancia en el orfanato y de un matrimonio fallido con Billy Neal, a la tierna edad de 20 años, conocerá al que será su segundo marido (pero no por mucho tiempo), Jerry Tibbs. Y si quiero que se recuerde a este anónimo norteamericano, es por el simple motivo de que quizás sea el al que le debamos la corta -pero placentera- carrera de Bettie en el mundo de la fotografía, puesto que el tal Tibbs, fotógrafo amateur y oficial de policía en activo, después de realizar unas sesiones con la joven Page en posiciones más que sugerentes, descubre el natural talento de esta para alegrar los corazones a media nación, por lo que ni corto ni perezoso decide pasar el jugoso material a Cass Carr.

Una vez establecida la relación con Cass Carr, era cuestión de nanosegundos que el editor Robert Harrison viera una oportunidad de oro para empapelar las habitaciones de miles de americanos con las fotos que colaría en revistas como “Eyeful”, “Wink”, “Beauty Parade” o “Titter” (por no decir TODAS las revistas con espacio para unas sugerentes fotos) de la más sensual y sonriente mujer de todos los tiempos.

Ahora parece irónico que Bettie Page entrara en el mundo de las Pin Ups gracias a un policía, ya que, por culpa de la ley y orden americana también se vería desbancada del trono de estas mismas.

Se dice que fruto de estas relaciones con el mundo de la fotografía “profesional” (señores, que en los 50 llamar a la fotografía erótica “profesional”, vendría a ser como llamar a «Private» la meca del cine) nuestra inocente heroína cambió, por una sugerencia, su frente despoblada por el flequillo que la populariza. Al parecer, de los ojos para arriba debía de ser “poco fotogénica”; Axial que, una vez más, el destino y la casualidad, o la astucia de un fotógrafo con visión comercial, se unieron para crear un mito.

Por esta época Bettie conocería a Bunny Yeager, que con este nombre no podía si no ser una ex chica Pin Up venida a fotógrafo, para desgracia de fans incondicionales (como yo mismo) de su repertorio más ligerito de ropa. Bunny Yeager la inmortalizaría para dos de las tres de las más memorables y manoseadas visiones que tenemos de la pizpireta Page: primero, Bettie rodeada de leopardos y semi vestida con un biquini digno de la Jane de Tarzan (Lord Greystoke para los puristas y Johnny Weissmüller para los fanáticos), y segunda para el Centerfold (póster central, para los pajilleros españoles) de la primeriza revista de Hugh Hefner, es decir, Playboy. Y de esta colaboración con el magnate también nacería una amistad y un intercambio de cheques entre ambos, que duraría hasta este mes de Diciembre; lo que para la modelo, en las décadas posteriores a los 50 sería de algo más que de “gran ayuda”.

No contenta con ser la Pin Up más reconocible y genial de la historia, Bettie, casi por casualidad, llegaría hasta el estudio de Irving Klaw donde realizaría una serie de sesiones de eso que los siniestros quieren practicar, pero no se atreven. Sí amigos, hablamos de Bondage y Spanking (de nuevo, para los pervertidos hispanohablantes: atarse y azotarse respectivamente).

Aunque esto suene a una señora china machacando el escroto de un ejecutivo aburrido mientras le practica unas sesiones de chispazos en los pezones, nada más alejado de la realidad, pues gracias dadas a (o por culpa de) la sonrisa inocente (¿???) de nuestra reina de las Pin Ups las fotografías se quedaron en tiernas instantáneas de esta siendo atada o atando/azotando o siendo azotada a y por la “grandisima” (y lo digo en el mas vicioso de los sentidos) Tempest Storm (nota del redactor: que más se le puede pedir a una Pin Up de nombre: Tempestad Tormenta… tiembla Miss Mayo, Tiembla. Por cierto, para referencia visual: Tempest decora, a pesar de que el pesado de Manu Chao no sepa ni quién es, la portada del “Puta’s Fever” -manda narices- de Mano Negra).

Al final, los Klaw, que vieron un filón sin precedentes en la perversión preferida de cierto periodista y editor español, decidieron seguir con la broma grabando unos cortos robados directamente de las sesiones que recibieron nombres tan sugerentes como: “Striporama”, “ Varietase” y “ Teaserama”, en los que podemos ver a estas pícaras “chicas de calendario” en las actitudes anteriormente mencionadas. Para goce de los fanáticos también podemos disfrutar a una Bettie Page “en movimiento”, y os puedo asegurar que la magia que desplegaba frente a una cámara fotográfica no debía de ser ni una décima parte de la que podría tener en persona, a tenor de los escasos minutos (editados y preparados) que se dejan intuir en estos rollos de película. Aviso a navegantes y propietarios de pantallas de plasma: la calidad de las imágenes es comparable a la de una película de estudiante de arte con un cinexin y el argumento, hasta donde he visto, es inexistente (digamos que la peor película pornográfica a su lado es un éxito seguro de Hollywood). Así que, pondré el aviso aquí de: ¡SOLO FANÁTICOS!

Lo dicho, a pesar de ser unas fotos más inocentes (hoy en día) que el reno de Papá Noel, estas sesiones, aparte de sacar a la luz (fueron muy, pero muy populares) una parte escondida del vulgo norteamericano, también le granjearon una serie de enemistades entre amas de casa, novias virginales y lo que es peor, un odio visceral (me guardo para mí decir que de auténtico pervertido reprimido) por parte del senador Estes Kefauves, miembro y amigo de la “Liga por la decencia”, una de esas asociaciones como el Comics Code o la Asociación del Rifle que tanto te hundían una de las mejores publicaciones de los 50 (EC Comics y sus “Historias de la Cripta”) por perversa, como hacían apología de las armas o la vuelta a los viejos tiempos de esclavitud. Vamos, un modelo de conducta ideal.

La enemistad con el Senador llevaría a Bettie Page, Irving Klaw y demás “ enemigos de la decencia” a una serie de juicios de corte parecido a la famosa “caza de brujas” mcarthista, y aunque Page se libraría de testificar, algo quedó seguro: nuestra modelo preferida tenía los días contados en el mundo del estrellato y de esta fecha en adelante (finales de los 50) entramos en el mundo de la especulación, amenazas de Estes, sobornos estatales y demás conspiranoias varias, pero lo que es seguro es que:

A) Bettie comenzó una vida alejada de las cámaras
B) Se dedicó con fervor a la causa cristiana (y Brigitte Bardot se creerá original por acabar sus días cuidando animales en su granja).
C) No sabemos nada de su vida hasta los 90, cuando un fanatismo sin límites por su figura se propaga por todo el mundo y conocemos la triste noticia de su intento de asesinato, cuchillo en mano y viendo el mal personificado, a un matrimonio que tuvo a bien acogerla en su casa.

Por lo que a mí respecta, pasados los 50 comienza una decadencia para Bettie Page que no me gustaría haber conocido, así que prefiero recordar a esa jovencita risueña, a la Pin Up que decoró varios aviones americanos, la que alegraba la estancia de los militares americanos en los confines del mundo, esa que sin ser mas bella que Lilly St Cyr o tener mas pecho que Blaze Starr o Tempest Storm , consiguió ser un icono de referencia para varias generaciones posteriores de lo que debió de ser la parte más salvaje de los 50.

Y no hay que ser muy listo para ver las referencias a Bettie Page en la cultura popular actual, basta con abrir una pagina de “The Rocketeer” de Dave Stevens, ojear las portadas, carteles, tatuajes, cantantes (femeninas) de Psychobilly/Rock y sus variantes punk etc., las miles de páginas dedicadas a la cultura Pin Up o simplemente erótica, los reportajes de moda 50’s de la Cosmopolitan, para ver que las caderas anchas, el flequillo y la sonrisa pícara son sinónimo de toda una reina de una década. No, no os engañéis, la reina de los 50 no fue Marilyn, la auténtica, la que en voz bajita fue ganándose el título (y sin acostarse con un presidente) fue la mejor de todas:

Bettie Page.

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