Quién te ha visto y quién te ve: Metallica

Hace un tiempo me propuse escribir una serie de artículos sobre esas bandas que, con el paso del tiempo, han terminado por agotar la paciencia de sus fans de toda la vida. Metallica son los merecedores de la segunda entrega de esta serie. Y es que se lo han ganado a pulso.

Realmente la reputación de Metallica lleva años en entredicho, desde la época de los cortes de pelo que acompañaron a la edición de “Load” y “Reload”, así que este artículo no pretende abrir los ojos a nadie. Ni siquiera hacer leña del árbol caído. Es simplemente la constatación de unos hechos que llevábamos tiempo sospechando: que James Hetfield y Lars Ulrich son un par de gilipollas insoportables (de hecho no se soportan ni entre ellos); que el bueno de Kirk Hammett no pinta nada; y que el único con un mínimo de integridad fue siempre Jason Newsted, alguien que pintaba todavía menos que Kirk.

Reconozco que siempre me cayó bien Jason Newsted. Parece ser un tipo simpático, aunque Ozzy no piense lo mismo (¿o debería decir que a quien no le cae bien es a Sharon?). Aunque algunos me tachéis de oportunista por publicar este articulo cuando acaban de publicar “Death Magnetic”, en realidad la motivación me vino hace tiempo, cuando vi “Some Kind of Monster”, el documental que narra la problemática grabación de “St. Anger”. Me indignó bastante ver el trato que recibe Newsted de sus antiguos compañeros. Incluso el baboso de Bob Rock se permite en un momento afirmar que, para él, Jason nunca fue verdaderamente parte de Metallica.

Pero esto es un simple detallito dentro de las dos horas largas de documental. Porque los momentos de vergüenza ajena comienzan casi con los iniciales títulos de crédito y se prolongan hasta que vemos a los de San Francisco comenzar su gira mundial en los últimos momentos del film. Lo que ya intuíamos en las dos partes de “A Year and a Half in the Life of Metallica” a primeros de los 90, en “Some Kind of Monster” lo acabamos por confirmar, si es que todavía quedaba algún resquicio de duda.

La única diferencia entre este y aquellos documentales estriba en que, entonces, James Hetfield sí nos caía bien. Era un tío gracioso, y nadie pensaba que el líder de una banda que había recibido el sobrenombre de Alcoholica pudiera tener un problema con la bebida. O quizás éramos demasiado jóvenes para verlo. El caso es que con James te reías, y Lars te parecía un imbécil con un ego descomunal. Pero creías que la relación entre ellos era la de los dos compadres que se conocían desde su post-adolescencia.

En realidad y como se desvela en “Some Kind of Monster”, Ulrich y Hetfield no se han llevado bien nunca. O al menos de eso se queja amargamente el segundo de ellos. Y están tan preocupados por tirarse los trastos a la cabeza que en ningún momento llegan a plantearse que la presencia de las cámaras a su alrededor deja al descubierto toda la podredumbre y mezquindad de unos sujetos que, si no hubieran vendido millones de discos, podrían protagonizar cualquier reality televisivo en el que mostrar todas sus miserias. Porque al acabar el visionado uno no sabe bien si en realidad siente lastima por esta gente, o si se siente morbosamente atraído por una historia digna de un culebrón.

Y a todo esto asiste Kirk Hammett como un convidado de piedra. Uno de los momentos más interesantes de los que protagoniza es cuando le dicen que no habrá solos en los nuevos temas porque eso ya no se lleva. A pesar de sus quejas al final en el disco no hay un solo punteo. Porque Kirk parece ser el único realmente interesado en la música tras todos estos años, como cuando están ensayando y le tienen que gritar varias veces para que deje de tocar porque está completamente evadido. También es él quien habla de Cliff Burton, cuando dice que Robert Trujillo toca como él.

Es este tema, el del malogrado Cliff Burton, algo que no parecen haber superado a pesar de haber transcurrido más de veinte años. Recuerdo una entrevista de Jason Newsted en la que se quejaba de que al fin y al cabo él había sido bajista de Metallica durante muchos más años que Cliff. Ahora uno puede hacerse una idea de lo que tuvo que pasar Jason, teniendo que luchar contra un recuerdo y no siendo valorado en su justa medida. Nunca pudo quitarse el apodo de “Newkid”, a pesar de permanecer en Metallica más de quince años.

Es algo parecido al caso de Dave Mustaine, que aparece brevemente en el film por sugerencia del terapeuta de la banda, y que a día de hoy todavía tiene que aguantar que le recuerden que una vez fue miembro de la banda más famosa del metal de los últimos veinticinco años.

El terapeuta, por cierto, es un personaje bastante curioso. Porque curioso resulta que un tío que gana miles de dólares a la semana por tratar a Metallica se lo tome tan mal cuando le despiden. Alguien comenta que se cree ya un miembro más de la banda. Yo creo que tiene más que ver con que ve cómo se le va a cerrar el grifo.

Al final de la película, si alguna vez has sido fan de Metallica, acabas con mal cuerpo. “St. Anger” comienza a verse como una tomadura de pelo. Bueno, realmente nunca llegué a escuchar ese disco entero ni dos veces, así que tampoco se puede decir que el documental me abriera los ojos. Al menos en directo, y con el repertorio que arrastran, Metallica todavía eran capaces de ofrecer buenos shows.

Pero volvamos al día de hoy. Metallica han publicado “Death Magnetic”, álbum producido por el pope Rick Rubin, y que durante los meses anteriores a su publicación ha levantado enormes expectativas. Todos los medios especializados que fueron invitados a la audición del disco este verano pasado se mostraron gratamente sorprendidos por un disco que sonaba a los viejos Metallica, pero con un sonido actualizado. El nerviosismo y la expectación entre sus seguidores fue casi inmediata. Porque si algo puede agradecer Metallica es que los del Heavy Metal son los fans más fieles del mundo. Eso les ha salvado de caer en picado en las listas de ventas después de lanzamientos tan mediocres como “S&M”, “Garage Inc.” (sí, las nuevas versiones eran bastante pobres por decir algo suave, casi lograron que cogiera manía a Thin Lizzy; además me pareció una auténtica puñalada por la espalda al fan de toda la vida recopilar todos esos temas desperdigados por singles y EPs, ya que cualquier idiota tuvo acceso a canciones que para algunos como yo eran muy especiales) o “St. Anger”. “Load” y “Reload” los dejaría aparte, creo que hay buenos temas en esos discos, aunque evidentemente palidecerían al simple contacto con sus obras maestras. Pero volviendo al presente, este nuevo disco, si bien superior musicalmente a “St. Anger”, deja la misma sensación de desconfianza. Uno no sabe si realmente ese es el sonido que les pedía su corazón o si es todo una maniobra de mercadotecnia. Porque eso sí, el disco ha salido en infinidad de versiones y formatos, y todo el que sea coleccionista sabe lo que eso significa para un fanático.

Tengo que reconocer que “Death Magnetic” me gusta. El tiempo dirá si realmente algunos de sus temas llegan a convertirse en clásicos, y si me cae cerca alguno de sus conciertos es probable que acuda, pero habría preferido no conocer las miserias de esta gente. Como se suele decir, es mejor no conocer a la gente que admiras como artista.

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