The Mars Volta – Barcelona (Razzmatazz 01-03-08)

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¡Brutales!, este grupo es increíble ¡Dos horas y tres cuartos de concierto! ¡Razzmatazz con aforo completo!

Y es que esta gente se lo merece, Cedric es pura energía, saltaba, se contorsionaba, movía el culo, se encaramaba a los amplis, escalaba, chocaba las manos de la gente, escupía… Cedric fue un torbellino que fue creciendo conforme avanzaba el concierto y tras casi dos horas su voz empezó a fallar, pero el tío no desistió y aguantó con mala hostia y saber hacer. Qué gran nivel tiene este tío para cantar y que gran frontman. Es pura adrenalina, nos destrozó literalmente. Para demostrarlo voy a relatar cómo sucedió lo que se podría llamar la “Apoteosis de Cedric en Razzmatazz”…

 ¡Brutales!, este grupo es increíble ¡Dos horas y tres cuartos de concierto! ¡Razzmatazz con aforo completo!

Y es que esta gente se lo merece, Cedric es pura energía, saltaba, se contorsionaba, movía el culo, se encaramaba a los amplis, escalaba, chocaba las manos de la gente, escupía… Cedric fue un torbellino que fue creciendo conforme avanzaba el concierto y tras casi dos horas su voz empezó a fallar, pero el tío no desistió y aguantó con mala hostia y saber hacer. Qué gran nivel tiene este tío para cantar y que gran frontman. Es pura adrenalina, nos destrozó literalmente. Para demostrarlo voy a relatar cómo sucedió lo que se podría llamar la “Apoteosis de Cedric en Razzmatazz”…

 

Los Volta atacaban  “Cygnus… Vismund Cygnus”, Cedric dejó de cantar y empezó a saltar como un loco, solo era el principio. Se fue tras la batería de Thomas Pridgen y se encaramó a los amplificadores, allí plantado abrió sus brazos, miraba hacia el público que llenaba la sala (nos retaba). Se puso apoyado entre dos amplis y empezó a contorsionarse con movimientos lascivos, estaba desatado. Saltó como un felino al suelo y fue corriendo hacia el micro, soltó un alarido y rápidamente una nueva idea asaltó su mente. El resto de la banda seguía recreándose con “Cygnus”, la fantasía lisérgica a la que nos sometían nos absorbía a todos en sus garras incluido Cedric. El frontman no paraba, su siguiente paso fue irse a la izquierda del escenario y subir sobre las pantallas hasta llegar al palco del piso superior de Razzmatazz 1. El encargado de proteger al cantante iba tras él intentando controlar que no le pasara nada grave. Por un momento se me pasó por la cabeza que Cedric iba a saltar sobre la gente, pero no lo hizo, en lugar de eso chocó las manos de la gente frenéticamente. De pronto se giró y vio la enorme pantalla de sonido, empezó a zarandearla pero no duró mucho en su empeño. De nuevo saltó al suelo, estaba de nuevo sobre el escenario. Iba andando tranquilamente, pero todavía la locura no había terminado, cogió una silla y la tiró por los aires. Una vez la silla del revés sobre el suelo Cedric se agarró de las patas y empezó a contorsionarse sobre ella. Harto ya de la silla la estampó contra el suelo, ahora centraba su atención en el micro, un golpe y al suelo. Ahora se movía hacia la parte derecha del escenario, la gente no paraba de gritar, el frontman estaba desatado. De un salto bajó del escenario y empezó de nuevo a chocar manos de los asistentes. De nuevo estaba de vuelta sobre el escenario, esta vez se le ocurrió obsequiar al nuevo batería con la silla de sus amores. Parecía que todo había terminado, pero de repente alguien del público lanzó un objeto al escenario. Era una máscara de lucha libre mejicana. Cedric cogió el guante y se ató la máscara en el tobillo, tras tontear con el nuevo amuleto por fin se lo puso en la cabeza y con la máscara cubriéndole la cara retomó el tema con el resto de la banda dándole un apoteósico final. Nadie daba crédito a lo que acababa de pasar todos gritábamos como locos, pero el concierto no había terminado y la banda guardaba todavía más ases en la manga.

Y Omar… Omar a lo suyo metido en su mundo de fantasía lisérgica y dirigiendo al grupo en numerosas ocasiones. Omar es el director de esta orquesta de locos que es The Mars Volta. Tomas Pridgen demostró que es un gran batería pero que todavía tiene que centrar más lo que toca, porque toca muy libre y a veces parece que se pierde entra tanto golpe. Los temas anteriores a su última obra sonaron muy bien pero se nota que no toca John Theodore. Pero hay que admitir que es difícil emular el toque de ese híbrido de Bonham y Colham que es Theodore.

El bajista de los Volta estuvo increíble controlando a la bestia, es la base del grupo, el sustento, el pilar. Aguanta las continuas improvisaciones de Pridgen. El resto de instrumentistas se escuchaban bastante poco. Las percusiones casi inexistentes en sonido, los vientos no se escucharon todo lo bien que deberían, a la rítmica le faltó algo de pegada sonora, y el teclado a veces casi exiliado, y es que…

La única pega del concierto fue la mala ecualización que tuvieron en Razzmatazz 1, una gran pena, que limitó llegar a un nivel más alto de locura y de disfrute.

Una gran pena que contrasta con la información de gente que fue a Madrid a verlos a la Riviera donde el sonido (nos dijeron) fue mucho mejor. 

En fin que un grandísimo concierto, todo seguido sin bises, sin charlas que interrumpan entre los temas, mucha gente, muy buen rollo, mucha caña y mucha calidad en lo musical. Omar se despidió del auditorio agradeciendo a todos la asistencia. Qué grande. Ya tengo ganas de que saquen nuevo disco y vuelvan por aquí. Vuelvan pendejos, ¡vuelvan!

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