LA MÁSCARA DEL DEMONIO

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Mario Bava, 1960

Si hace unos meses os  acercábamos a esta sección a Darío Argento, ahora le toca el  toca el turno a otros de los grandes de la escuela de terror italiana, Mario Bava. Y nada mejor para hacerlo que con lo que fue su ópera prima “La máscara del demonio”, quinta esencia del terror gótico y uno de los grandes títulos europeos dentro del género.

Hijo del director de fotografía Eugenio Bava, Mario no tardó en seguir los pasos de su padre, llegando a trabajar como director de fotografía para directores como Tourneur o el mismísimo Riccardo Freda (considerado el padre de la escuela italiana de terror). En 1959 decide que ya está preparado para rodar su primera película, dejando hasta su muerte (Roma, 1980) una filmografía más que recomendable, donde destacan entre otros títulos: “Terror en el espacio”, “Bahía de sangre”, “Diabolik”, o “Las tres caras del miedo”. Pero sin duda la película por la que pasará a la historía es por su ópera prima, una joya del cine de terror que cualquier aficionado al género (o no) tiene que ver.

El film está basado en un relato de Nikolai Mogol llamado “El viyi”, aunque Bava lo tomó solo como inspiración, ya que hace una versión bastante libre de dicha historia.

En la Edad Media, durante la época de la inquisición, la princesa Asa (una Barbara Steele en el que posiblemente sea el mejor papel de su carrera) y su amante Javutich son condenados a muerte por practicar brujería, por el propio hermano de la princesa. Antes de morir, (en una brutal escena en la que le clavan en la cara una macabra máscara llena de pinchos) Asa jura que volverá para vengarse de los familiares de sus verdugos.

Dos siglos después, el cadáver de Asa y de su amante salen de su letargo para cumplir la última promesa de ella.

magazine images

El gran secreto de la película es sin duda la fuerza visual que desprende todo el film, aquí se nota la experiencia de Bava como un gran director de fotografía. Con unas puestas en escena donde no falta el más mínimo detalle, cementerios brumosos, criptas, tétricos castillos, carrozas fúnebres, puertas secretas, bosques embrujados, apariciones a media noche… vamos, que el amigo Bava no nos da un segundo de tregua. Todo ello rodado en un espléndido blanco y negro, con un uso de las luces y las sombras magistral. No obstante la película es clara heredera de los clásicos de la Universal de los años 30 y del expresionismo alemán.

Si eres fan de las películas clásicas de la Hammer y de la saga en que Corman homenajeó a Poe, ya estás tardando en verla.

 

 

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