Gary Gilmore’s Eyes: la verdadera historia

«Let’s do it» fueron las últimas palabras que pronunció Gary Gilmore cuando esperaba ser ejecutado. Con absoluta tranquilidad afrontaba su condena a muerte, que minutos más tarde ejecutaría un escuadrón de policías, a cambio de 50$.

Sentado en una silla y con un paredón de sacos de arena detrás, Gary Gilmore sería el primer ejecutado por el sistema estadounidense en los muchos años, que si bien no se habia abolido la pena de muerte, no se había llevabo a cabo ninguna muerte legal.

En esta, nuestra web, vamos a dar un paseo por el lado oscuro de un personaje que The Adverts inmortalizaron en su éxito Gary Gilmore’s Eyes, en la que hablan del uso que se dió a los restos del mismo.

La de Gary Gilmore, es la historia de un perdedor con todas las letras, alguien que como tal debe acabar en los infiernos, capaz sin embargo de desafiar a un sistema penitenciario como el estadounidense, un ser atípico, un ser curioso.

Nacido allá por el año 40 en Texas (telita..) fue el hijo de un viajante que vendía publicidad en revistas, supongo que el hecho de no tener un hogar estable tampoco ayudó demasiado a la salud de su tejado. Con 15 años, ya era un raterillo de poca monta que vagabundeaba por el medio-oeste, y que malvivía de pequeños hurtos. A los 24 ya era carne de presidio, condenado a 18 años de carcel por un robo a mano armada, no saldría del talego hasta el año 76, más de la mitad de su vida había ya transcurrido entre rejas. Tras una breve época como roadie de los Wings, volvería a la carga.

Casado con una chica llamada Nicole, la historia de ambos se parecía  más a la de un personaje de Bukowski que a otra cosa: alcoholismo y múltiples delitos eran el pan de cada día de esta disfuncional relación. Malvivían como la basura blanca que eran, tras una discusion con Nicole, Gary cogió una pistola y le descerrajó dos tiros al encargado de un motel, y se llevó por delante también a un gasolinero, inmediatamente sería detenido.

Llevado ante la justicia, Gary sería condenado a  muerte, que por aquella época en los estados unidos, estaba en «desuso». Nadie habia sido ejecutado desde hacía varios años. Usando una serie de argucias legales, todo reo condenado a muerte podía evitar la ejecución pasando a ser un preso perpetuo. Esta situación de status quo era aceptada por la sociedad sin objeciones.

Gary era el único preso destinado a morir, pero las manifestaciones en contra de su próxima ejecución se sucedían en la calle. Él, sin embargo, lejos de apelar, aceleró el proceso lo máximo posible para ser ejecutado cuanto antes.

Nicole y Gilmore decidieron que ella se suicidaría tras la muerte de este.

«Como otras personas que tienen sus derechos, Gary los tiene también. Si se está cometiendo un error y la ejecución sigue adelante, él se lo buscó».


Al puro estilo Pilatos. El juez se lavaba las manos con estas palabras, Gary o los verdugos, no lo sé bien, hicieron una camiseta con una diana en el centro a la que las balas deberían llegar.

La medida final, tan impopular en los 70, fue todo un escándalo que superó fronteras y  se convirtió en objeto de debate a nivel mundial. De algun modo por primera vez en su vida, Gilmore no era un ser mediocre y protagonizaba las conversaciones de medio mundo. El escándalo, si cabe, era más polémico por la forma en la que se llevaría a cabo la ejecución, nada más y nada menos que por fusilamiento, un método ciertamente salvaje que se intentó maquillar dandole a uno de los verdugos del pelotón de fusilamiento una bala de fogueo  para que estos tuviesen la conciencia tranquila (supongo).

El 17 de enero de 1977 Gary fue ejecutado en una fábrica de latas; su cuerpo fue donado a la ciencia y Gary vio cumplidos sus deseos, ya era alguien conocido. Treinta años han pasado desde la vuelta de la pena de muerte, y más de mil reos  han cumplido esta condena dese entonces.

Parte de su cuerpo, concretamente las corneas fueron donadas e implantadas a dos pacientes. A partir de esta anecdota, The Adverts, escribieron su hit, Gary Gilmore´s Eyes.

I’m lying in a hospital,
I’m pinned against the bed.
A stethoscope upon my heart,
A hand against my head.
They’re peeling off the bandages.
I’m wincing in the light.
The nurse is looking anxious,
And she’s quivering in fright…

I’m looking through Gary Gilmore’s eyes.

The doctors are avoiding me.
My vision is confused.
I listen to my earphones,
And I catch the evening news.
A murderer’s been killed,
And he donates his sight to science.
I’m locked into a private ward.
I realise that I must be…

Looking through Gary Gilmore’s eyes.

Looking through Gary Gilmore’s eyes.

I smash the light in anger.
Push my bed against the door.
I close my lids across my eyes,
And wish to see no more.
The eye receives the messages,
And sends them to the brain.
No guarantee the stimuli must be perceived the same…

When looking through Gary Gilmore’s eyes.

Gary don’t need his eyes to see.
Gary and his eyes have parted company.

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