Sigue soñando

¿Os acordáis de Martin Tupper? Era el protagonista de una de aquellas series de los primeros tiempos del Canal +, “Sigue Soñando” (Dream On). Es aquella en la que un tipo que trabajaba de corrector literario en una editorial recordaba fragmentos de series y películas de su niñez que podían ajustarse a las situaciones cotidianas de su vida. Era un niño que se había criado delante de la televisión, y para quien el parecido entre la realidad y la ficción no era una mera coincidencia. Tenía una secuencia para cada situación, y cada situación de su vida podía reflejarse en una secuencia.

Martin era un tipo un tanto extraño, pero nos caía bien. Y nos caía así de bien porque dejando a un lado lo extremo de su obsesión por la televisión, todos y cada uno de nosotros nos hemos sentido reflejados viendo alguna película alguna vez. Y además Martin ligaba bastante más que nosotros, aunque el verdadero gigoló de la serie fuera su amigo Eddie. Ese sí que metía…

Cada día me siento más Martin Tupper, lo que me lleva a la conclusión de que a medida que me hago mayor me vuelvo más neurótico. Solo que lo mío no son recuerdos de las películas vistas durante mi infancia (joder, recuerdo con gran alborozo la saga de “Desaparecido en combate” de Chuck Norris, ¡espero que nunca en la vida alguna de sus escenas se me presente en la memoria en plan déjà vu!). A mí lo que me viene a la cabeza son letras de canciones.

Situaciones jodidas, momentos íntimos, cuando no aguantas al compañero de curro coñazo que tienes a tu lado… existe una canción para todo. Porque amigo, los sentimientos son universales, y no hay nada que sientas que no lo haya sentido alguien antes que tú. Las probabilidades de que alguien ya lo haya expresado en una canción son enormes. “You Can’t Always Get What You Want”, ¿acaso hay himno más universal que ese? Porque sí, está bien, todos nos enamoramos alguna vez, todos hemos escuchado una dulce tonadilla de amor y hemos sentido la letra como nuestra; y cuando es el desamor lo que nos ataca… entonces encontramos cientos de canciones que nos hunden un poquito más en la miseria. Pero la canción definitiva es aquella que escribieron Jagger y Richards allá por el año 1968, porque por muchas veces que te hayas enamorado, o por muchas veces que te hayan dejado, seguramente son muchas más las veces que no has podido tener lo que deseabas. O incluso todo a la vez.

Ahora mismo estoy teniendo una regresión “Martin Tupper”; me viene a la mente la imagen en blanco y negro de un vaquero soltándome con condescendencia “la vida es jodida, muchacho”. Sí que lo es. Parece además como si el ser humano se sintiera reconfortado al saber que siempre hay gente tan o incluso más jodida que tú. Porque además mucha de esta gente no se conforma con dar el trago amargo, no. Tiene que hacer partícipe de ello mediante una canción al resto de la Humanidad, como si compartiendo su pena hallaran algo de alivio. Hace unos meses me pasé días escuchando casi sin descanso “Just Like Heaven”, porque me sentía así, como si estuviera en el cielo. Y además lo surcaba, como si fuera un super héroe. Yo, como Duff, quería ser su superman, quería que ella cogiera mi mano y que me dejara demostrárselo. Pero como no se puede tener todo al final acabé escuchando obsesivamente “Don’t You Ever Leave Me”. Sí, lo sé, soy patético. Pero que tire la primera piedra el que no se haya puesto nunca una canción así para superar que te han dejado tirado.

Las mismas canciones pueden adquirir además diferentes matices y significados según la situación o quién las interprete. Ver a un anciano llamado Johnny cantando “I hurt myself today / to see if I still feel…” nos puso a muchos al borde de la lagrima. En su voz esa letra alcanzaba otro sentido. Realmente es como si esa canción le hubiera elegido a él, y no él a la canción, a pesar de que el autor sea otro. O recordar a Kurt mintiéndonos cuando decía aquello de “When I swear that I don’t have a gun / No, I don’t have a gun” era doloroso. Confiábamos en él como en el mejor de nuestros amigos y nos mintió.

Yo os prometo que jamás seré capaz de escribir una canción, no creo que tenga nada interesante que decirle a nadie que no pueda hacer con canciones de otros. Aunque lo bonito es reinventarse. Reinventarnos nosotros mismos y reinventar los sentimientos, porque, a pesar de todo, la vida sin música no sería nada.

 

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