Rock, sangre y muerte: malditas canciones (III)

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Hace algo más de un mes comenzamos a publicar una mini serie de artículos dedicados a temas o artistas que, por alguna u otra razón, están relacionados con hechos sangrientos, con la muerte, con hechos dramáticos,…Hoy publicamos el último de esta trilogía, ya que con esta tercera entrega llegamos al final de nuestro repaso a estas canciones “incómodas” de la historia del Rock (al menos de momento, porque el autor amenaza con volver sobre el tema en el futuro).

Como ya dijimos en algún momento, esto no pretende ser un viaje exhaustivo, puesto que seguro que existen muchos más ejemplos que los que aquí hemos ido recogiendo a lo largo de estas semanas. De hecho, y sin pensar mucho, se me ocurren temas como el del Black Metal del norte de Europa, con asesinatos y quemas de iglesias incluidos por ejemplo, todo el affaire Phil Spector, la accidental muerte de Razzle cuando iba a buscar cervezas junto a Vince Neil, quien conducía un poco cargadito… Pero para todo ello tendréis que esperar, lo dejaremos pendiente de momento, quizás en un futuro…

En este último artículo de la serie nos encontramos con criminales nazis, talibanes, artistas famosos movilizados por una buena causa (y llegando al estudio en sus coches de lujo y sus limusinas), Hell’s Angels y Blues del Delta inspirado por el mismísimo Maligno.

Y recordad por si todavía no lo habéis hecho que podéis leer las otras dos partes anteriores del artículo pulsando en los siguientes links: parte Iparte II. Espero que disfrutéis del viaje.

El ángel de la muerte se pasa al Trash Metal: Slayer y el doctor Mengele

Auschwitz, the meaning of pain, The way that I want you to die, Slow death immense decay, Showers that cleanse you of your life” Jeff Hanneman, fragmento de “Angel of Death”, 1986.

A saber qué se le pasaría por la cabeza al garrulo de Jeff Hanneman cuando escribió el tema que abre “Reign in Blood”. Porque dedicar una canción a Josef Mengele y a sus andanzas y experimentos en el campo de exterminio de Auschwitz no parece muy buena idea. De hecho, la inclusión del tema provocó que la edición del disco se retrasara. Columbia, que era la distribuidora de Def Jam, se negó a sacar el disco por el artwork y el contenido de las letras. Finalmente fue distribuido por Geffen, aunque el sello nunca anunció oficialmente que iba a hacerlo.

La banda desde entonces fue acusada de simpatizar con el movimiento nazi, estigma que todavía hoy les persigue; tampoco ha ayudado mucho la simbología y el merchandising que han usado durante toda su carrera. Pero de todo esto ya hablé en otro artículo anterior (Nazismo y Rock), así que no me extenderá mucho.

Jeff Hanneman fue claro al respecto. Estando de gira con Slayer compró un par de libros sobre Mengele, ya que es aficionado a la II Guerra Mundial y colecciona parafernalia bélica. Y de allí sacó toda su inspiración, pero en ningún caso se ensalza la figura de Mengele. De hecho era tan obvio para él que nadie puede estar de acuerdo con algo así que tener que decirlo le parecía que estaba de más. Como añadiría Kerry King más tarde, la canción es simplemente una narración de los hechos, igual que se puede ver en cualquier documental.

Sinceramente, me parece bastante ingenuo por parte de la banda pensar que una canción así no fuera a provocar ningún revuelo. Seguramente ellos lo sabían y contaban con eso. Y si no como campaña de marketing no les vino nada mal.

El blues de John Walker: Steve Earle visita Guantánamo

If my daddy could see me now – chains around my feet, He don’t understand that sometimes a man Has got to fight for what he believes” Steve Earle, fragmento de “John Walker’s Blues”, 2002.

Cuando el ejército estadounidense entró en Afganistán para acabar con el régimen Talibán, y ya que estaban allí lograr contratos millonarios para sus empresas y controlar el mercado energético en una zona altamente estratégica, nadie podía imaginar que en este esfuerzo altruista para librerar (y liderar) al mundo libre de las garras del terrorismo islámico se iban a encontrar con uno de los suyos luchando en el bando contrario. Se encontraron con algo impensable hasta entonces: tenían al enemigo en casa. Si ya fue un duro golpe recibir un ataque de magnitud en su propio suelo esto acabó por desorientar todavía más las mentes simples del estadounidense medio.

A Steve Earle también le impactó el tema. Pero él, que es una persona de izquierdas, analizó el asunto y quiso ponerse en la piel de John Walker Lindh para escribir una canción en la que pudiera expresar el otro punto de vista de la historia. Aunque evidentemente Steve Earle es un patriota, la canción creó una gran controversia, e incluso surgieron voces que le tacharon de apoyar a los terroristas. Ya sabeis, o estás con nosotros o estás contra nosotros.

Afortunadamente a Steve no le ocurrió como a las Dixie Chicks y no fue objeto de ningún boicot. Pero el tema le encabronó tanto que dos años más tarde publicó “The Revolution Starts Now”, rabioso album contra la política exterior de Bush, y apoyó abiertamente al candidato demócrata John Kerry (sí, aquel que se parecía a Herman Monster). Para que luego pensemos que todos los estadounidenses son idiotas…

 

Red Hot Chili Peppers – Millionaires against Hunger

We’re Millionaires Against Hunger”, Anthony Kiedis, fragmento de “Millionaires Against Hunger”, 1985.

En 1985, un gran número de artistas norteamericanos de primera fila unían sus fuerzas conmovidos por los estragos de la hambruna que asolaba el continente africano y lo llenaba de cadáveres. El nombre del proyecto musical que unió a estos 45 músicos fue “USA for Africa”, y el single se tituló “We are the World”. No tardó en encaramarse a lo más alto de las listas de ventas.

Esto, que parece la introducción de “El Equipo A”, a priori es una iniciativa muy loable e incluso hasta necesaria. Pero joder, uno recuerda el horrible video con Michael Jackson cuando todavía era negro, con un Bruce Springsteen y su look de gasolinero macarra ochentero con su cuello a punto de estallar, la insoportable Cindy Lauper y su estridente voz… que no que no, que no hay quien se trague eso. Además la canción era realmente horrible. Una pastelada de la que no hubo forma de escapar, la pesadilla más horripilante de cualquier metalhead adolescente.

A otros a los que no les gustó ni una pizca este montaje fue a los Red Hot Chili Peppers. Aquel año estaban grabando con George Clinton como productor el album “Freaky Styley”, su segunda obra. Por aquel entonces estaban en EMI y tampoco gozaban del status que alcanzarían posteriormente. Así que cuando los ejecutivos del sello se enteraron que pensaban incluir un tema titulado “Millonarios contra el hambre”, donde se criticaba la hipocresía de muchos de los artistas que habían participado en USA for Africa, se vieron obligados a actuar. No iban a permitir que los procaces casi adolescentes todavía se pasasen de la raya. A fin de cuentas ya era más que suficiente con que escribieran canciones sobre las chicas de los colegios católicos.

Así que al final el tema no se incluyó en “Freaky Styley”. Tuvieron que pasar varios años, otro disco de estudio y un EP hasta que por fin salió publicada como cara B del single de “Taste the Pain”, extraído del album “Mother’s Milk” (1989).

Los Peppers nunca estuvieron del todo a gusto en EMI. Siempre se sintieron puteados, y no simplemente por este asunto. Así que al final llegaron a un acuerdo y se fueron a Warner. Supongo que el iluminado que les dejó escapar justo en el momento en que iban a comenzar su etapa más exitosa a nivel de ventas todavía se está dando de cabezazos contra la pared.

Bad Acid Trip: la muerte del sueño hippie en Altamont

Mirando atrás, no creo que fuera una buena idea tener a los Hell’s Angels trabajando allí”, Keith Richards, 1969.

El 6 de diciembre de 1969 se celebraba en el circuito de Altamont, al norte de California, uno de los festivales más tristemente famosos de la historia del Rock. Organizado por los Stones, el Altamont Free Concert marcaría trágicamente el final de una era. Si poco tiempo antes Woodstock se había convertido en el festival del amor, en la materialización de los ideales hippies, Altamont iba a ser su antítesis, el festival del mal rollo, la violencia, un mal viaje de ácido en el que todo iba a acabar mal. Este mal ambiente estuvo muy presente a lo largo de todo el día.

Al parecer el festival tenía que haberse celebrado en San Francisco, pero las autoridades de la ciudad, temiendo que se les viniera encima la misma marea humana que en Woodstock, decidieron denegar los permisos. Así es como deprisa y corriendo se tuvo que improvisar para buscar un lugar alternativo y conseguir un equipo de seguridad.

 

Finalmente los elegidos para encargarse de la seguridad del evento fueron la banda de moteros de los Hell’s Angels, contratados según dicen por 500 dolares y cerveza gratis durante todo el día. Se mascaba la tragedia. Ya durante el concierto de Jefferson Airplane uno de los angels amenazó a la cantante del grupo y dejaron sin sentido a otro de los miembros del grupo. Y todo porque esta les recriminó la violencia con la que estaban ejerciendo su cometido. Según parece uno de los angels había sido agredido, lo que les encabronó aún más. Existen filmaciones del momento (aparecen en el documental “Gimme Shelter”), así que, si quereis visionar este altercado, es fácilmente localizable en youtube por ejemplo, con el Hell Angel subido al escenario, micro en mano y diciendo más o menos que ellos allí eran los dueños y señores, que no tendrían problemas de discutirlo con quien fuera. Mientras sus compañeros siguieron imponiendo su ley en las primeras filas.

El tema se salió tanto de madre que los Grateful Dead llegaron, vieron el percal, y decidieron marcharse de allí por patas sin tocar siquiera. La conversación en la que comunican que ellos se marchan también está filmada. Se puede ver a Jerry Garcia verdaderamente acojonado. A pesar de todos los malos augurios los Stones deciden seguir adelante. Tras varias horas de espera (Bill Wyman tuvo problemas para llegar al recinto) el ambiente era una auténtica olla a presión que podía estallar en cualquier momento. El show acaba siendo muy accidentado, con continuas llamadas a la calma desde el escenario y pausas para relajar los ánimos. Hasta que por fin, durante la interpretación de “Under My Thumb”, Meredith Hunter, un joven negro de 18 años, esgrime un arma y es acuchillado 5 veces por un tal Alan Passaro. El asesinato fue recogido hasta por 3 cámaras diferentes, así que los morbosos también lo podeis ver con bastante detalle. Aún así nunca quedó claro si recibió alguna puñalada antes de sacar el arma o fue acuchillado precisamente por eso.

Para evitar males mayores los Stones decidieron acabar el concierto, pero estuvieron varios años sin volver a interpretar “Under My Thumb” en directo.

Cruce de caminos: el Diablo compra el alma de un tal Robert Johnson

Early this mornin’ when you knocked upon my door, Early this mornin’, ooh when you knocked upon my door, And I said «Hello, Satan», I believe it’s time to go.»” Robert Johnson, fragmento de “Me and the Devil Blues” circa 1936.

Cuando Robert Leroy Johnson murió el 16 de agosto de 1938 solo contaba con 27 años; su legado musical se reducía a 29 canciones (en total 42 tomas divididas en 2 sesiones diferentes); y solo se conservan 3 fotografías suyas (una de ellas descubierta hace relativamente poco tiempo). A pesar de esto, o quizás precisamente por ello, la figura del bluesman es legendaria y ha sido reivindicada por diferentes generaciones de músicos que han tocado (o cuasi plagiado, como Led Zeppelin) sus canciones: los citados Zeppelin, Eric Clapton, Red Hot Chili Peppers,…También podemos ver la influencia de su leyenda en un film como “Crossroads”, en la que Steve Vai era un guitarrista que había vendido su alma al Diablo y se enfrentaba al panoli de Ralph Machio, por ejemplo. El grupo inglés Thunder le ha dedicado todo un disco recientemente, “Robert Johnson’s Tombstone”, muy recomendable por cierto.

Una parte importante de la leyenda de Robert Johnson es la que cuenta que hizo un pacto con el Diablo para mejorar su técnica a la guitarra. En la tradición sureña, está muy extendida la leyenda de los cruces de caminos. Allí acudía a la medianoche el que quisiera sellar un pacto con el maligno: el maldito vendería su alma a cambio de algún importante favor del Ángel caído. Se dice que Johnson fue concretamente al cruce de la carretera 61 con la 49 en Clarksdale, Mississippi. Cuentan que antes de eso era un buen armonicista pero guitarrista del montón que malvivía tocando por los peores garitos de todo el sur, y que tras desaparecer una temporada (algunos dicen que un año entero) volvió ya convertido en un guitarrista de gran técnica con el bottleneck y de una prodigiosa lírica.

Su muerte también está rodeada de misterio. La versión más extendida es que un marido celoso envenenó su whisky mientras tocaba en un bar, aunque otras dicen que murió de sífilis, de neumonía… lo único que sabemos a ciencia cierta es que su certificado de defunción señala que murió en un lugar llamado Greenwood y que no hubo ninguna autopsia que aclarara el óbito. El lugar donde descansan sus restos, si es que los restos de alguien que ha vendido su alma al diablo pueden descansar, es incierto. Varios lugares se disputan el honor, aunque parece ser que lo más probable es que la tumba se localice en el pequeño cementerio de la Zion Church, cerca de Morgan City.

A todo esto tenemos que añadir además la temática de algunas de sus canciones (“Crossroads Blues”, “Me and the Devil Blues”,…), que aportan verosimilitud y apoyo a todas estas conjeturas.

Nunca sabremos si la leyenda de Robert Johnson es cierta o no, pero lo que sí está claro es que su influencia en la música popular ha sido inmensa y que probablemente perdurará para siempre. Además, ¿no es mucho más atractivo pensar que realmente el Diablo existe y que le gustan el Blues y su hijo bastardo el Rock?

Leer primera parte de este artículo aquí.
Leer segunda parte de este artículo aquí.

 

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