20 años de ‘Appetite for Destruction’: cuando éramos reyes

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Para ir picando: A la mierda con el garage, a la mierda con los Beatles, a la mierda con las listas del Rolling Stone, a la mierda con Bon Jovi, a la mierda con los críticos amargados, a la mierda Björk, a la mierda con las imágenes en blanco y negro, a la mierda con Ok Computer, a la mierda con los jebis que preferían a Metallica, a la mierda con los delfines, a la mierda con el hair metal, a la mierda con el Popular1, a la mierda con los pantalones de ciclista, a la mierda con lo que todo el mundo haya dicho alguna vez sobre este disco. En resumen, a la mierda con la objetividad.

ESTE ES EL MEJOR DISCO DE TODOS LOS TIEMPOS.

En 1989 (2 años después de la fecha original de publicación) mi hermano volvió de pasar un año estudiando en Denver y recuerdo, en concreto, que trajo 3 discos con él: “Full Moon Fever” de Tom Petty (y esto es otra historia, aunque en su momento no me dijo tanto), “Dr. Feelgood” de Motley Crue y sí, “Appetite for Destruction” de Guns N´ Roses. El impacto que esa portada primero, y lo que descubrí dentro después, me produjo a mis tiernos 11 años, sólo se me ocurre compararlo a lo que sentiría si mañana decidiera que quiero ser mujer. Tras escuchar ese disco yo no era el mismo, mi primitiva idea de la música, del rock, de lo que esta te hacía sentir, no era la misma, y en resumen el curso de mi vida se “torció” en ese preciso instante de manera irreversible. Yo quería eso, y lo quería para siempre…

Y es que empecemos por el principio: LA PORTADA. La portada que conocí en ese vinilo era la de la cruz clásica, no la original censurada del robot violador de Robert Williams. Esa cruz en la portada me parecía (y aún me parece) el mejor logo de banda de la historia, apestaba a peligro, a rock n´roll, a clásico. Estuve mucho tiempo obsesionado con esa portada y la dibujaba constantemente en todos lados, en el pupitre, en los cuadernos, en las carpetas de las txabalinas con las que intentaba sobrepasarme… la verdad es que todavía me parece uno de los putos símbolos definitivos del rock.

Creo que he visto el vídeo de “Welcome to the jungle” más veces que el de los aviones entrando en las torres gemelas. En este video se ve claramente de que iba la vaina: eran los Stones, eran los Dead Boys y eran mucho más, y todo a la vez. Axl Rose lo escupía fuerte y se erigía como la estrella de rock definitiva, un rabioso “chico de la moto” del rock n´roll, todavía muy lejos de caer en el pozo de la paranoia, y el egocentrismo más absoluto.

El principio de este disco es perfecto, sin más. El crescendo hasta el riff principal (un riff demoledor, pero nada convencional) es de los comienzos mas intensos de la historia (¿He dicho ya que me parece el mejor disco de rock de todos los tiempos?) y es obvio que cualquier persona de bien, cuando estalla este riff, debe pensar en estrellar coches, beber, drogarse, pelearse con cualquiera, romper la ley, y lanzar teles por la ventana de hoteles.

“It´s so easy” sigue siendo mi tema favorito, siempre que pienso en lo que significan los Guns pienso en esta canción. Macarrismo, actitud punk, letra explosiva, cloacas, tiene todo lo que nos gusta, ¿verdad? Pero es que estos Guns no tenían absolutamente nada que ver con bandas de éxito en esos momentos como Van Halen, Bon Jovi (por dios no!) o Motley Crüe. Pero claro, es que ahí teníamos a Duff Mckagan con su candado al cuello, y si este hubiera leído que algún capullo les mete en el mismo saco que Poison o Warrant, la hostia se hubiera oído en la redacción del Rockdelux.

Otro detalle: ¿Qué clase de genio puede pensar en empezar un medio tiempo como empieza “Sweet child o´ mine”, con un lick de guitarra así en soledad y que encima salga tan pegadizo, tan comercial en el mejor de los sentidos, y que lleve la canción hasta ese otro nivel? Puedes oír millones de veces ese comienzo que sigue sonando originalísimo y todavía hace que los botones de tu bragueta salten como balas. Pero claro, es que es Slash, y no el guitarrista de Muse, qué hostias!!

La letras por otra parte, son un ejemplo de literatura outlaw de callejón, de un puñado de escoria que intenta sobrevivir en las peligrosas calles de una ciudad que puede matarte o hacerte más fuerte. Este disco sólo podría haberse engendrado en el contexto de ese estercolero del exceso que es L.A.

Luego estaba Izzy Stradlin, el chico que soñaba con ser un Stone, y que dejaba claro que aquello era puto rock n´ roll. De hecho, ellos mismos exterminaron el hair metal de un plumazo, bastante antes de que el grunge llegara para barrer las cenizas.

Yo lo tengo claro, quizás con más madurez, mi banda favorita sean los Stones, la banda de la que me llevaría sus discos a una isla desierta, pero lo que nunca cambiará, lo que ni queriendo puedo borrar, es que la banda de mi vida se llama Guns N´ Roses, y el disco que ha marcado lo que soy se llama “Appetite for Destruction”. Esa sensación primeriza, de ver a un puñado de tipos jóvenes, peligrosos, chulos y rockeros, conseguir algo tan perfecto, arrasar en todo el mundo explicándole a toda la puta humanidad de qué manera están equivocados en escuchar toda esa mierda prefabricada, porque ellos son relevantes sin ni siquiera quererlo y no les puede importar menos lo que piense cualquiera sobre lo que deben o no deben hacer. Esto era este disco, estos eran los buenos tiempos en los que las cosas tenían sentido.

Cuando yo era un crío y Guns N´Roses dominaban el mundo.

 

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