«Appetite for Destruction» – Vigésimo Anivesario

21 de Julio, año 1987. Se publica el disco de rock más grande de los últimos 25 años al menos, y sin duda alguna uno de los más grandes de la historia del Rock n’ Roll. Cinco sujetos surgidos del más infecto callejón de Hollywood fichan por Geffen, discográfica que publica el album de debut más incendiario de la historia. Las cosas nunca volverían a ser lo mismo, surgía la última gran banda masiva de Hard Rock. Nunca más volverían a grabar una obra tan cruda, ni volverían a componer temas tan sucios como los contenidos en esos surcos. Vilipendiados y amados a partes iguales, no tardan demasiado en pasar de banda prometedora a grupo super ventas. Teloneros de lujo de los mismísimos Rolling Stones, colaboraciones con históricos como Alice Cooper, actuaciones de sus miembros con Tom Petty o Bruce Springsteen…

La resaca del estrellato les empuja a grabar un mini lp acústico y un par de años más tarde a sacar simultáneamente al mercado 2 discos dobles. El batería original del grupo ya no estaría entre ellos. Las drogas habían resultado un problema del que casi todos habían podido escapar (al menos de las que necesitan aguja). La furia de antaño se desvanece, las composiciones son menos sucias, y las influencias stonianas afloran más que nunca. Los ramalazos cuasi-punk dejan paso a temas largos y épicos.

También surgen las dificultades y las rencillas internas. Uno de los compositores principales de la banda abandona el barco; el líder natural del grupo inicia un viaje egomaníaco que todavía hoy le tiene secuestrado, rodeado de una banda de efectivos mercenarios y en la que ya no queda ningún otro de los miembros originales. Un disco de versiones es el último testimonio en estudio. Han pasado unos 12 años desde entonces. 12 largos años en los que las noticias han sido confusas, el ir y venir de músicos y de productores constante, las sesiones de grabación inacabables… quizá algún día llegue la democracia a China…

¿Exagero? Sinceramente, creo que no. Guns N’ Roses son unas de esas bandas que levanta pasiones encontradas, así que algo debe de haber. Si eres de los que los aman, o al menos de los que les seguiste en su momento, serás también de los que continúen leyendo esto. Si no lo eres, hace rato que te hemos perdido. De todas maneras nunca simpaticé con el público mongólico que arrastraron a partir de la edición de los “Illusions”, y creo que en buena medida el gran rechazo que siempre ha suscitado el grupo viene de esa época, de esos fans, de esa imagen y de esos pretenciosos videos, sobre todo la trilogía visual formada por los clips de “Don’t Cry”, “November Rain” y “Estranged”, que según algunos tiene detrás un profundo significado filosófico, aunque en realidad al revisionarlos intentando verlos desde esa óptica nos dé la risa. El día que Axl Rose fue rescatado del mar por dos putos delfines fue como si algo muriera en el mundo del Rock. Aquel no era el mismo Axl que habíamos visto perder el control en la histórica grabación en vivo de la MTV. Ni siquiera eran la misma banda. Algo cambió entre la época “Appetite…”/”Lies” y los dos discos dobles. Steven Adler fue incapaz de cambiar a la par y fue expulsado, Izzy Stradlin’ no lo aguantó mucho, y Slash y Duff simplemente se dejaron llevar y acabaron perdiendo su parcela de control sobre la banda. A día de hoy, viendo filmaciones de los años 91-93 da la impresión de que todos temían a Axl. Con su ego disparado a niveles obscenos cualquier pequeña contrariedad hacía que sobrevolara la amenaza de una suspensión o de un show interrumpido a la mitad. Axl estaba ya completamente ido, aunque su etapa de Howard Hughes todavía no había llegado. Pero no le faltaba demasiado. Es delirante que mientras James Hetfield era retirado a un hospital tras haberse quemado con la pirotecnia Axl se negara a finalizar el show. O que se largara a mitad de concierto después de darle su merecido con sus propias manos a un tío que le sacaba fotos desde las primeras filas en St. Louis. Por no hablar de las horas de retraso con las que solían empezar los conciertos, con los estadios repletos, y todo porque el cantante no se sentía con ánimos de salir al escenario.

Pero así era W.A.R. Durante la última gira europea de esa pantomima que actualmente pasea Mr. Rose por los escenarios, mucha gente se quejó de impuntualidad, de desgana, de su lamentable estado físico… aparte de la cochambrosa imagen actual de Axl, el resto son cosas a las que nos tenía acostumbrados, así que… ¿de qué coño os quejáis?  ¡si es el mismo Axl de siempre!

Guns N’ Roses nunca pretendieron mejorar el mundo, como U2; y desde el principio parecía claro que no durarían mucho tiempo juntos, como los Stones. Ellos mismos son los culpables de que ahora no estemos hablando de una de las bandas más grandes de la historia. Quizás los Rolling Stones sean el espejo en el que deberían haberse mirado: Jagger y Richards toda la vida a la greña, pero ahí siguen, y de vez en cuando todavía componen temas buenos. Pero no, Guns N’ Roses la jodieron. Y sin embargo aquí estamos, veinte años después hablando de un disco que no deja indiferente a nadie para lo bueno y para lo malo.

“Appetite for Destruction” sigue siendo hoy en día un disco igual de impactante que en 1987. Aparte de los considerados clásicos indiscutibles (“Welcome to the Jungle”, “Paradise City”, “Mr. Brownstone”, “Sweet Child o’ Mine”) el disco contenía toda una serie de temones imprescindibles que no les iban muy a la zaga, ni mucho menos. Incluso diría que algunos son mejores que los más conocidos, aquellos cuya melodía tararea hasta tu madre. La verdad es que, mirado con perspectiva, Guns N’ Roses tenían toda una serie de elementos a su favor para arrasar: un disco obscenamente bueno; una portada con polémica que no tardaría en ser sustituida por otra más aséptica, con lo que la original además se convirtió en objeto de coleccionista; la repercusión que les dio aparecer en la película de Harry el Sucio “La Lista Negra”; el interés que por aquel entonces prestaba la MTV al Hard y al Heavy Metal; buena imagen en la línea de los Hanoi Rocks o los New York Dolls más gypsies (Axl todavía no lucía esos horrorosos shorts); su gusto por reivindicar grupos que por aquel entonces NADIE reivindicaba (Aerosmith, Rose Tattoo, Thin Lizzy, los citados Hanoi Rocks…) bien a base de versiones o incluso reeditando en su propio sello, Uzi Suicide (precioso logo por cierto), la discografía entera de los fineses. De hecho parece ser que los derechos de los discos antiguos de Hanoi le pertenecen a Axl, que se los compró a un Andy McCoy que no estaba para muchas hostias. En fin, su destino parece que estaba marcado.

Y tras todo esto ¿qué? Pues exitazo, Rock n’ Roll lifestyle con todo lo que se supone que debe hacer una rockstar, y los primeros problemas. A pesar de todo el éxito, Guns N’ Roses siguen pensando en sus fans. Al fin y al cabo no hacía mucho que habían abandonado las cloacas. Las copias originales del EP “Live?!*@ Like a Suicide” empezaban a pagarse a precio de oro, así que con la excusa de hacer accesibles estos temas se graban otros cuatro prácticamente acústicos y lo editan todo bajo el nombre de “Lies”. La cara G del vinilo contendrá la grabación en directo del año 86, y la R los temas nuevos. La polémica, cómo no, volvería a surgir gracias a la letra de “One in a Million”, donde Axl utiliza la palabra “Nigger”. Cojonudo, ahora además de la acusación de misóginos reciben la de racistas. Y eso que Slash es mestizo y lo repitió entrevista tras entrevista. Aún así Living Colour, que acababan de grabar su primer disco gracias a Mick Jagger, dijeron que no se subirían al mismo escenario que ellos. No habría habido problema de no ser porque ambas bandas coincidieron teloneando a los Stones.

Este además fue uno de los primeros momentos de tensión interna. Durante uno de los conciertos Axl llegó a decir que aquel sería su último show con la banda porque algunos (parece ser que en alusión directa a Slash) seguían “bailando con Mr. Bronwstone”. Tras aquel incidente todos decidirían limpiarse. Pero no todos lo consiguieron. En realidad los excesos con la cocaína y el alcohol nunca acabaron, aunque el tontín de Steven Adler fue el único que no consiguió apartarse de la heroína… Y en su estado tampoco fue capaz de grabar en condiciones sus partes de batería para los futuros “Illusions”. De hecho solo en “Civil War” se mantuvieron sus pistas. El resto de trabajo fue desechado y regrabado después por Matt Sorum. Se dice que en el Farm Aid del año 90 tuvieron que hacer un set cortísimo porque Steven ‘Popcorn’ se encontraba en un estado lamentable. Las cosas acabaron como tenían que acabar, con Adler expulsado de la banda y una disputa legal entre él y el resto de gunners que lógicamente acabó perdiendo el primero.

Con los “Illusions” también entró en la banda un músico más, el pobre Dizzy Reed, que aunque salía en las fotos todos sabíamos que era un puto teclista de apoyo con un carisma menor que cero, aunque curiosamente es el único que se mantiene actualmente al lado de Axl. Y lo de pobre no es gratuito. Cuentan que Dizzy llegó un día al estudio casi con lo puesto, que fue un fichaje personal de Axl sin consultarlo con nadie, y que Izzy se apiadó de él y le prestó unos teclados porque él ni siquiera tenía.

 El siguiente en dejar el grupo fue precisamente Izzy Stradlin’. Tras la primera parte del tour de presentación de los “Illusions” decidió largarse de esa casa de locos. Y eso que todavía no habían entrado en escena las putas coristas, la fofa sección de viento o los muñecos hinchables gigantes. Su sustituto fue el tarugo de Gilby Clarke. Pero ¡oh! ironías de la vida, Izzy tuvo que hacer varios conciertos en su lugar cuando este se rompió una muñeca montando en moto. La experiencia le sirvió al bueno de Jeffrey Isbell para declarar que aquellas pocas fechas le habían hecho recordar por qué había dejado la banda. Recordad que en el video de “Don’t Cry” aparecía un cartel con la frase “Where’s Izzy?”. Aunque todavía no había dejado la banda por aquel entonces ya estaba bastante desconectado del resto de sus compañeros. De hecho prefería viajar solo en furgoneta en compañía de sus perros y de su novia. El día del rodaje del video simplemente no apareció. Axl le había preguntado previamente si iba a salir en el video, a lo que respondió con una escueta y enigmática nota que decía “quién sabe, quién sabe, todo cambia…”

Tras la mastodóntica gira llena de altercados a finales de 1993 se editaría “The Spaghetti Incident?”, irregular disco de versiones y epitafio discográfico de Guns N’ Roses hasta el momento. Un año después saldría la horrorosa versión de “Sympathy for the Devil” en la banda sonora de “Interview with a Vampire”, pero en ella se dice que ya ni siquiera tocó la guitarra Slash. Duff y Matt Sorum salieron detrás. Y así acabó el sueño, porque de todo lo que vino después casi es mejor no acordarse.

 

 

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