Monografí­as

Hoy en 'Películas tan raras que apenas existen': "Nadie oyó gritar" (1973)

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Director: Eloy de la Iglesia.
Guión: Antonio Fos, Eloy de la Iglesia y Gabriel Moreno Burgos.
Fotografía: Francisco Fraile.
Música: Fernando García Morcillo.
Duración: 88 minutos.
Nacionalidad: España.

Intérpretes: Carmen Sevilla, Vicente Parra, María Asquerino, Antonio Casas, Tony Isbert, Goyo Lebrero, Felipe Solano, Ramón Lillo, Antonio del Real.

Sinopsis: una mujer que vive en un edificio de reciente construcción a las afueras de Madrid ve como su único vecino arroja a un cadáver por el hueco de un ascensor. El asesino la secuestra a continuación y le obliga a ser su cómplice a la hora de deshacerse del cadáver…

El guipuzcoano Eloy de la Iglesia, junto a otro director, José Antonio de la Loma, fueron los responsables del auge y éxito del denominado "cine quinqui" en la década de los ochenta en nuestro país, subgénero que se nutría de la ola de inseguridad ciudadana que se vivía en aquella época y que elevó a la categoría de héroes casi románticos a los protagonistas de aquellas historias de robos con recortada y chutes de heroína. Películas como "Miedo a salir de noche" (película que creó incluso una leyenda urbana), "Navajeros", el díptico de "El Pico", "Colegas" o "La estanquera de Vallecas" confirmaron a Eloy de la Iglesia como uno de los artífices de dicho subgénero y por lo que siempre será recordado; sin embargo antes de frecuentar esa temática, durante la década de los setenta cultivó con bastante fortuna el thriller terrorífico, pero el éxito de su cine quinqui fue tal que apenas se recuerda su producción anterior, y es una lástima. Entre 1970 y 1973 rodó cuatro películas adscritas a esa temática: "El techo de cristal" (1971), "La semana del asesino" (1972), "Nadie oyó gritar" (1973) y "Una gota de sangre para morir amando" (1973). De todas ellas las mejores y las más conocidas son las dos primeras, "El techo de cristal" fue un pequeño éxito de público, y "La semana del asesino" es más conocida fuera de nuestras fronteras que dentro, de hecho la crítica estadounidense la coloca como una de las películas antecedentes del género gore junto a "Bahía de Sangre" (1971) del maestro Mario Bava, y por qué no, al fin y al cabo se trata de un proto-slasher bastante sangriento, tanto que fuera de nuestras fronteras se la conoce como "Cannibal Man". "Una gota de sangre para morir amando" o "Murder in a Blue World" fue, aunque parezca mentira, una especie de plagio-homenaje-remake de nada menos que "La Naranja Mecánica" de Stanley Kubrick, un encargo del productor José Frade a Eloy de la Iglesia: ya que la película no se podía ver en nuestro país por la censura franquista (y no fue estrenada hasta la muerte del dictador), pues ellos ni cortos ni perezosos elaboraron una especie de plagio que resulta bien curioso de ver.

De este "ciclo" temático posiblemente la más floja de todas sea la que nos ocupa, "Nadie oyó gritar", que sin embargo no es una película en absoluto despreciable sino que resulta de lo más entretenida, con un argumento directamente sacado de los thrillers hitchcockianos. Aunque hay quien quiere ver en ella una especie de giallo a la española, la realidad es que de giallo sólo tiene el atractivo título, puesto que faltan los dos elementos que precisamente caracterizan al género: la investigación policial y un asesino enguantado.

La película, con un argumento interesante va perdiendo fuerza a mitad de película hasta desembocar en un final sorpresivo y abierto muy característico de esa década, y cuenta con unas más que eficaces interpretaciones a cargo de la pareja protagonista, Carmen Sevilla, guapísima, y el antiguo galán Vicente Parra en el papel del asesino.

En definitiva, sin ser la mejor del realizador vasco, es una estupenda película a descubrir, que afortunadamente cuenta con una digna edición en dvd en nuestro país a cargo de Divisa, al igual que hay que descubrir esta etapa de Eloy de la Iglesia. Por cierto, volvería al género terrorífico en pleno éxito de su cine marginal con "Otra vuelta de tuerca" (1985), estupenda y muy academicista adaptación de la obra de Henry James, pero ésa es otra historia.

 

Last Updated ( Thursday, 28 May 2015 18:10 )
 

'El coqueto aerodinámico rocanrol caramelo de ron' de Tom Wolfe

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Título original: The kandy­kolored tangerine­ flake streamline baby
EE.UU., 1965
134 pgs.
Ensayo, Nuevo Periodismo

Los scalextric son un juego similar al tren eléctrico, donde dos dragsters en miniatura, cada uno de unas cinco pulgadas de largo, impulsados a electricidad, recorren un modelo reducido del cuarto de milla. Beebe toma un micrófono y anuncia que está ahí Dick Dale, el cantante, y quien compita con Dick en el scalextric recibirá uno de sus discos. Dick Dale es muy popular entre estos chicos porque interpreta canciones de "tabla". Los tablistas ­-quienes practican el deporte de la Tabla Hawaiana­- son muy admirados por todos los muchachos. Tienen su propia jerga, con palabras como hang ten, que significan lo mejor del mundo.

"El coqueto aerodinámico" es una lectura ciertamente intelectual a la vez que maravillosa y sensualmente superficial. Son cosas del llamado Nuevo Periodismo, la corriente literaria iniciada por Truman Capote con su llevada al cine "A sangre fría" y de la que forman parte autores como Hunter S. Thompson ("Hell's Angels", "Miedo y Asco en Las Vegas"...) y el propio Tom Wolfe, un esteta desenfadado y cercano que reflexiona de forma crítica y muy amena sobre los fenómenos sociales de la cultura moderna occidental.

Quizás el referente más próximo que tenemos, en lo que al estilo se refiere, en nuestra lengua, sea el periodista musical Diego A. Manrique: un tipo desenvuelto que tiene la rara habilidad de expresar en un lenguaje coloquial, aceptable y entendible por cualquiera, una visión profunda, crítica y razonada de ese mundo que te quiere enseñar, un mundo hacia el cual se siente atraído estéticamente y cuya atracción desea compartir con los demás. Como un niño que te enseña su nuevo juguete.

El texto es fresco, vibrante, onomatopéyico: el primer título que tuvo el ensayo que da nombre a este volumen fue "There Goes (Varoom! Varoom!) That Kandy­Kolored (Thphhhhhh!) Tangerine­Flake Streamline Baby (Rahghhh!) Around the Bend (Brummmmmmmmmmmmmmm)...". Lo publicó Squire Magazine en 1963. En él se introduce de lleno en el mundo estético y marginal de los coches pichicateados de la Costa Oeste y da sentido artístico y filosófico a una experiencia que surge como un fenómeno colectivo y espontáneo.

El Establishment no puede soportar este aspecto de Roth, como ningún Establishment podría soportar a los dadaístas durante mucho tiempo. A los beatniks antes que a los dadaístas. El truco siempre ha sido absorberlos de alguna manera. Hasta ahora Roth se ha resistido a la absorción.

"Eramos los verdaderos gangsters del pichicateo", dijo Roth, "Nos repiten que tenemos una actitud negativa. Nuestra actitud es diferente y eso nos hace negativos".

No hay duda de que la postura de Wolfe es entusiasta y que él mismo se siente parte de lo que narra, sin embargo, cuenta a la vez con la lucidez y la honestidad necesarias para admitir, como hiciera Hunter S. Thompson con delicioso pesimismo, que ese mundo precioso y artificial que admira es tan efímero y banal como un castillo de naipes, lo cual no le quita, ­más bien al contrario,­ ni un ápice de su belleza.

Después de este ensayo se suceden otros tres, de nombres no menos sugerentes: "Arquitectura electrográfica", "Los muchachos de la melena" y "Las Vegas (¿Qué?) Las Vegas (¡No te oigo! Mucha bulla) ¡¡¡Las Vegas!!!". En todos ellos encontramos una crónica de la contracultura americana de los sesenta contada desde adentro, por alguien del rollo, y con el lenguaje adecuado, pero eso sí, sin perder la distancia necesaria para elaborar un relato irónico y realista de todo lo que allí sucedió.

Last Updated ( Friday, 29 May 2015 13:16 )
 

'Ian Curtis. En cuerpo y alma - Cancionero de Joy Division'

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Ian Curtis es, no cabe duda de ello, una de las figuras más trágicas del rock and roll de las últimas décadas. También, o tal vez precisamente por ello, es uno de esos personajes que, años después de su desaparición, sigue suscitando el interés y despiertan la curiosidad de nuevas generaciones de melómanos no conformes con lo que les escupe a la cara el tiránico modelo de radiofórmula.

Compilado por Jon Savage y su viuda Deborah Curtis, partiendo de alguna obra anterior de similar concepción, pero de más reducido alcance, "En cuerpo y alma" es la mejor aproximación escrita al arte de Ian Curtis que podamos encontrar, conteniendo reproducciones de las letras originales, sus transcripciones y traducciones al castellano (difícil trabajo, por cierto, el de Daniel Gascón, encargado de trasladar el sentido de esas letras a nuestro idioma). Un compositor cuyas letras dan una idea de la complejidad de su personalidad y muestran, expuestas cronológicamente, cómo se desarrollaban las capacidades literarias de un incipiente escritor que no sabemos hasta dónde podría haber llegado.

Preceden al grueso de la obra un prólogo de Deborah Curtis y una soberbia introducción de Jon Savage, que nos ayudan a contextualizar con precisión el corpus artístico de Ian, marcado profundamente por las circunstancias personales del autor.

Una obra a todas luces imprescindible para los fanáticos de Joy Division.

"Ian Curtis. En cuerpo y alma - Cancionero de Joy Division" está editado en España por Malpaso.

 

'Pequeño circo - Historia oral del indie en España' de Nando Cruz

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Nando Cruz, periodista musical en activo desde hace ya unas décadas, se propuso hace unos pocos años revisitar la historia del indie en España y conseguir reunir en un solo volumen un resumen de la historia de una ingente generación de bandas que intentó superar su contradicciones y sus limitaciones para hacer música.

En "Pequeño circo" encontramos una revisión de la historia del indie en España contada por muchos (no todos, pero sí los principales) protagonistas. Nando Cruz ha realizado la titánica tarea de entrevistarlos a todos ellos para posteriormente ordenar cronológicamente todo lo narrado. Más de trescientas horas de grabación y dieciocho meses de intenso trabajo nos dejan un barroco mosaico en el que distintos artistas van desmenuzando sus recuerdos sobre aquella época, algunos de ellos míseros, otros más divertidos de recordar, todos ellos necesarios para conformar casi mil páginas de cultura popular que, tras leerla, se me antoja indispensable. ¿Cómo nadie lo había hecho antes?

No hay nostalgia generalizada, aunque es imposible no sentirla al leer ciertos pasajes del libro, y en diferentes tipos y grados de ella para cada perfil de lector debido a condiciones culturales y geográficas.

"Pequeño circo" es un texto en modo alguno revisionista, pues no pretende hacernos comulgar ni excomulgar con ninguna de las ideas expuestas. Sí se puede atisbar cierta crítica subterránea, pero parece hecha desde el cariño a una época de sueños y esperanzas para algo que estaba llamado a nunca materializarse: una escena, una verdadera escena indie. Además de absurdo, por ir en contra de la misma idiosincrasia del indie, es algo que aunque muchos se empeñaron, ahora queda claro.

Nunca existió, más allá de un montón de grupos, más o menos hábiles a la hora de gestionarse y más o menos inspirados a la hora de componer, una escena. Puntos en común, los hubo, claro: ombliguismo, impericia musical, snobismo y la manía de cantar en inglés, que por cierto hacia el final de la obra se reconoce como uno de los errores de aquella generación. La parte final del libro parece querer desvelar, a modo de epifanía, algunas incógnitas, como qué fue el indie o si supuso una revolución contracultural. Todas esas preguntas las responden los protagonistas, cada uno con una interpretación muy diferente entre sí. Por ejemplo, tendríamos a "J" de Los Planetas, cuya visión del indie es algo mitificadora y algo ensoñadora y a Nacho Vegas, dese luego mucho más pragmático en sus valoraciones finales. Resulta realmente interesante poder contrastar la divergencia de opiniones de todos ellos y e intentar hallar un punto equidistante.

"Pequeño circo" también funciona para intentar entender el indie español actual y el cambio generacional. Si en la Movida todos querían triunfar y ganar dinero, los indies de los 90 tuvieron una actitud nihilista y pretendidamente alejada del éxito. Ahora, de nuevo tenemos hornadas de grupos "indies" (palabra a día de hoy desvirtuada y ya sin apenas significado real – me pregunto si tiene sentido describirlos así) que vuelven a querer ser masivos y llegar a la mayor gente posible. No le veo mayor problema, de verdad, más allá de transformar un espíritu en una pose y de pervertir un legado. Los indies españoles de los 90 tuvieron sus aciertos y errores, pero tras aquellos nombres se esconden un montón de buenas canciones, grupos a recordar, rescatar, o incorporar por primera vez a tu discografía.

"Pequeño circo – Historia oral del indie en España" está editado por la Editorial Contra.

Last Updated ( Thursday, 30 April 2015 10:56 )
 

'Trilce' de César Vallejo

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Perú, 1922
Poesía, vanguardia

Salgamos siempre. Saboreemos
la canción estupenda, la canción dicha
por los labios inferiores del deseo.

Si hay un escritor al que se podría considerar como el Miles Davis de la poesía, sin duda que ese sería César Vallejo, un poeta libre y audaz que se atrevió a cambiar el lenguaje y transformar el género.

Así, el libro más moderno de poesía jamás escrito en lengua española fue publicado en Lima en 1922. El mestizo fue uno de los precursores del Vanguardismo poético al componer un poemario enigmático que hizo correr ríos de tinta.

Cuatro años antes ya había publicado "Los Heraldos Negros", un oscuro trabajo modernista en el que Vallejo mostraba una capacidad de penetración que permitía a su poesía ir mucho más allá de las convenciones retóricas y tocar la fibra sensible del lector.

El poeta, que frecuentaba los círculos intelectuales y poéticos de Lima, especialmente el llamado Grupo Norte o Bohemia Trujillana, fue acusado por el incendio y saqueo de la casa de un comerciante del pueblo y estuvo preso en un calabozo de Lima durante cuatro meses, a pesar de que se cree que no estuvo involucrado.

Trilce. No busques la palabra en el diccionario. No existe. Esta palabra, que da título al libro, fue inventada por Vallejo, se cree que mediante un juego de distorsión verbal caprichosa. El primer poema de los 77 que componen el libro habla de las prisas que le metía el carcelero mientras hacía sus necesidades.

Quién hace tanta bulla y ni deja
testar las islas que van quedando.

A partir de ahí, Vallejo despliega un universo poético donde los problemas con la policía, las dificultades económicas o el hambre, llevan a la nostalgia de la infancia y el entorno familiar. Entremezclados con estos temas encontramos también versos sensuales, humor y, en general, un tono irónico y una rebeldía contra el establishment que empieza en el lenguaje mismo.

El autor borró a menudo los referentes de su poesía y deformó el lenguaje, creando palabras y modificando la sintaxis a su antojo. Numerosos críticos han intentado desentrañar qué significan determinados versos, ambiguos, misteriosos. Por mi parte, te invitaría a leer y disfrutar una obra que en diez años pasó de ser considerada un puro disparate a convertirse en un libro de culto universal.

Last Updated ( Sunday, 26 April 2015 10:06 )
 
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