Editorial

El Rock del centro comercial

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Hace unos años tuve la suerte o la desgracia, según se mire, de asistir a uno de esos conciertos de "Rock" que sí salen en la tele, pero que para los que estamos metidos en esto, de Rock tiene más bien poco. El recinto, una plaza de toros, estaba prácticamente lleno con una cantidad de gente de aspecto rockero vistas a diez metros, pero que en las distancias cortas más parecía haberse vestido para un catálogo de cadena de ropa. En aquel momento lo apodamos "Grancasa-Rock", por un conocido centro comercial de la ciudad en la que resido, pero también me vale "Bershka-Rock", "Zara-Rock", "H&M-Rock" o "Springfield-Rock". Porque en los últimos años parece que vende más el ir de rockero que el ser rockero en sí. O tal vez ese tipo de personas crean que realmente SON rockeros, no lo sé. Como dijo alguna vez alguien en esta misma web, ahora si te cruzas con una limusina ten por seguro que se trata de una despedida de soltera y no de alguna estrella de camino a su próximo concierto.

La verdad es que a mí me da igual esta "popularización" (ojalá fuese una popularización de verdad), aunque debo reconocer que se me saltó una sonrisa al ver hace poco a una señora de unos sesenta años empujando su carrito de la compra calzándose unos creepers; dentro de un par de años a los cazadores de tendencias les dará por otra cosa y nosotros volveremos a nuestra vida rutinaria. Y ojo, que no me considero parte de una especie de elite ni nada por el estilo. Simplemente es que choca ver en una cadena de ropa popular cosas como chupillas de cuero que recuerdan vagamente a lo que vestiría Joey Ramone o cinturones de tachuelas dignos del Rob Halford más S&M. También debo decir que hace años, antes de que se volvieran a poner de moda las Chuck Taylor, comprar unas putas Converse resultaba bastante más barato, así que visto por ese lado, ojalá se pase la moda pronto, sí.

Lo que me pregunto es cuánta de esta gente que va a un concierto al lustro (como mucho) habrá pillado cacho con las entradas para el concierto de The Rolling Stones. Mis experiencias con este tipo de eventos masivos es que se da una mezcolanza de gentío que bien merece el estudio sociológico, aunque tal vez haya tenido mala suerte porque siempre he tenido alrededor a personas que más bien parecían estar allí para tener algo que contar al día siguiente en la oficina. Como el que va a ver el puto Circo del Sol o la película que acaba de ganar el Goya. Porque si realmente tenemos 54.000 personas dispuestas a ir a ver un concierto de Rock deberíamos darnos con un canto en los dientes.

Siguiendo con las frases hechas me temo que no caerá esa breva. Dentro del ambiente en el que yo me muevo, con gente que acude regularmente a conciertos, no conozco a nadie que vaya a ir a ver a The Rolling Stones esta vez. ¿Casualidad? Es posible, pero hasta donde yo sé todas esas jovenzuelas con pinta de tocar en las Runaways que me cruzo cada día por las calles no van a conciertos. O tal vez sea que no van a los conciertos a los que voy yo, pero teniendo en cuenta que hay semanas en las que voy a cuatro eventos casi siempre de muy distinto pelaje algo me dice que efectivamente, esa gente NO VA a conciertos de ningún tipo. Bueno, salvo que los Rolling Stones toquen en la ciudad.

Tampoco voy yo a restar importancia al hecho de que los precios esta vez han alcanzado ya límites difícilmente asumibles para casi cualquiera. Dejando de lado lo nocivo que eso mismo resulta para la supervivencia del Rock a medio plazo (¿qué chaval de 16 años se puede permitir pagar semejantes precios?), es que yo personalmente esta vez ni me lo planteo. Y como yo muchos. Y eso que tal vez nosotros pudiéramos optar a una acreditación de prensa. Y digo tal vez porque es evidente que hasta el suplemento de negocios de cualquier periódico de provincias querrá conseguir una, como es natural y perfectamente entendible, claro.

A todo esto, el otro día me eché mis buenas risas viendo en las noticias al portavoz de una asociación de consumidores explicando que es ilegal anunciar un precio como final y que luego el real sea otro. ¡Bravo! ¡Bravísimo! ¿Pero es que hacía falta que vinieran los Stones para que alguien denuncie el impuesto revolucionario ese llamado "gastos de distribución"? Este debe de ser otro de esos tipos que van a un concierto al lustro, y con él los miles de "desinformados" que no saben que el resto de los mortales llevamos años sufriendo este atraco y que probablemente le montaron el pollo el miércoles a los pobres trabajadores de la FNAC, que como todos sabemos son los que tienen la culpa de todo.

Quizás yo sea demasiado joven (desde luego mucho menos de lo que me gustaría y desgraciadamente muchísimo menos de lo que la gente tiende a pensar), pero no recuerdo que cuando las entradas se vendían en las tiendas de discos en tacos de papel ocurrieran estas cosas. Ni se montaba tal histeria ni se rozaban los disturbios. Y, qué curioso, no existían los "gastos de distribución" por un objeto que la empresa promotora tenía que distribuir realmente entre los establecimientos que las vendían e ir a recoger luego las que no se habían vendido junto con el dinero recaudado. Además ¡qué caramba!, solían ser mucho más vistosas y daba gusto coleccionarlas.

Last Updated ( Thursday, 03 April 2014 07:46 )
 

De rojos y hombres

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Cualquiera que se sube a un escenario es objeto de la opinión del público, de la prensa, de sus amigos, familia... de todo el que tenga una boca, vaya. En eso se basa en gran parte nuestra labor: en opinar sobre lanzamientos discográficos y actuaciones en vivo. Y de la misma manera, nosotros como representantes de un medio escrito podemos ser objeto de crítica y chanza por lo que expresamos en un foro público. Es algo que va con el cargo, como diría aquel, por lo que se asume como una parte más de nuestra labor.

Además es inevitable que, más tarde o más temprano, topemos con un lector airado que se crea en la obligación de defender incluso hasta con los puños sus opiniones. Porque, no nos engañemos, aquí de palmaditas en la espalda poco. Lo que abunda suele ser el intento despiadado de destrozar al contrincante -en este caso el redactor de turno- por parte de ese tipo de justicieros de la red que, en el 99% de los casos, lo hacen aprovechando el anonimato que permite el medio. Algunos son graciosos, la mayoría lamentables y de vez en cuando hasta se cuela alguno inteligente. Pero lo que tengo claro es que esa máxima de "todas las opiniones son respetables" es un gran mojón: hay gente que merecería tener limitado el acceso a un teclado (y, si se quiere, se puede también incluir aquí a algunos colaboradores de medios musicales, que no estoy escurriendo el bulto).

La política de esta web siempre ha sido la de aprobar todos los mensajes dejados en nuestros artículos mientras cumplan unas normas mínimas. A veces incluso hemos aprobado mensajes claramente insultantes, simplemente porque creemos que califican de forma inequívoca al que los deja. Podría ponerme a enumerar todas las polémicas que se han generado a lo largo de los años, todas las amenazas, los insultos o incluso las opiniones sobre la vida personal de algunos de nosotros vertidas por personas que ni siquiera han tenido el gusto de ver ni una triste foto nuestra en el Instagram. Yo en concreto he sufrido ataques que han llegado a rozar el delito y tal vez algún día hable de la persona que, de cara a la galería, dijo asumir una mala crítica pero que cuando en su perfil de Facebook la cosa se salió de madre con insultos, amenazas de enviar matones a la puerta de mi casa para romperme las piernas y demás majaderías, no tuvo el detalle de pararles los pies a tan maduros y reflexivos coleguitas. El resultado fue que yo quedé como un auténtico cabrón con pintas que tenía algo personal contra el susodicho, todo un caballero por aceptar tan "deportivamente" la crítica. La historia es mucho más larga, así que me la reservaré para cuando haya que tirar de la manta. Pero volviendo al tema, debo decir que uno no puede ni debe caer bien a todo el mundo y que todos podemos equivocarnos, así que mientras se haga con respeto, hay que saber encajar cualquier crítica.

¿Y a qué viene todo esto? Seguro que os lo estaréis preguntando muchos. La respuesta es sencilla: durante los últimos días hemos estado recibiendo mensajes de un lector que opina que la crítica de cierto disco es bastante desacertada (él no lo expresa así, obviamente). Los primeros los aprobamos, a pesar de que el tono era bastante insultante y que nos acusaba, así en general, de no tener la más mínima idea de lo que hablábamos. Pero cuando la cosa se puso ya cansina, con mensajes del tipo "si queréis guerra la vais a tener", decidí no seguir jugando a su juego. En primer lugar porque el asunto ya no tenía que ver con una crítica más o menos afortunada. En segundo lugar, y este es el motivo más importante, porque esta vez el ataque no iba dirigido -como suele ser habitual, debo de ser muy polémico- hacia mí directamente, sino hacia uno de mis colaboradores. Puedo aguantar ataques personales y nunca he tenido reparos en aprobar ese tipo de mensajes cuando van dirigidos contra mí, pero no creo que deba hacer lo mismo con mis colaboradores porque pueden llegar a pensar, con razón, que permito que les falten al respeto. Y esa es es la razón que se esconde tras todo esto, ni más ni menos.

¿Qué ha ocurrido después? Pues que este ser intelectualmente superior nos ha acusado de "rojos" en sentido peyorativo (o algo similar, no recuerdo exactamente la expresión), de ejercer la censura (supongo que con razón), de ser en definitiva, y aquí cito textualmente, "herederos directos de Robespierre, Franco y Jomeini" mientras nos anima a seguir así ya que "pronto van a cambiar las cosas en este país, y a lo mejor resulta que sois vosotros los que tenéis que aguantaros como me aguanto yo ahora".

Me parecería una tontería más de un pretencioso aspirante a escritor si no fuera por otros comentarios que más bien suenan a amenazas veladas, como el de "Hala, adiós, hombres (lo de "hombres" es un decir, porque entre hombres se dicen las cosas claras y sin miedo, y no se tiene pánico de la opinión ajena)".

Sí, querido amigo Emilio -tú al menos firmas con nombre y apellidos-, si ser un hombre significa representar esas ideas que pareces defender y que desprenden un insoportable hedor a naftalina (y espero que sea solo una provocación), entonces yo no lo soy. Ahora, no puedo hablar por el resto de mis colaboradores, así que el día que nos retes a un duelo con florín igual alguno te toma la palabra.

Y para terminar me gustaría citar algo que figura en la cabecera del blog de nuestro protagonista de hoy: "Pero por favor no toquen mucho los cojones; aquí estamos entre personas mayores; los niños y los tontos que se vayan para otra parte, por favor, sabemos que es duro para ellos aguantarse de dar por saco, pero es que molestan".

PD: no insistas, no vas a volver a escribir para Rock and Roll Army.

Last Updated ( Wednesday, 26 March 2014 11:47 )
 

Adiós a Scott Asheton, adiós a los Stooges

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Despedir un fin de semana suele ser doloroso, pero si además se hace con la noticia del fallecimiento de alguien que admiras, comenzar otra nueva semana puede hacerse muy cuesta arriba. La noche del pasado sábado fallecía Scott Asheton, miembro fundador junto a su hermano Ron, Dave Alexander y el ahora único superviviente de aquella formación Iggy Pop, de los Stooges. Tenía 64 años y a la hora de redactar estas líneas no se sabe mucho más sobre el fallecimiento. Tal vez tenga algo que ver con el infarto que sufrió en el año 2011 tras su actuación en el Hellfest francés, pero qué más dará; lo único importante es que se ha ido otra de las piezas que ayudaron, años después, a definir todo un género, tanto musicalmente como escénicamente. Él estaba allí cuando se grabaron "The Stooges" y "Fun House", después cuando la banda pasó a llamarse Iggy and the Stooges y facturaron "Raw Power", cuando Iggy se untó de mantequilla de cacahuete o en el famoso concierto que se recogía en ese infame pirata titulado "Metallic KO", años después reeditado con material extra y convertido en disco doble. Sí, Scott Asheton es parte de la historia del Rock. Punto.

Pero no voy a descubrir yo ahora la importancia de los Stooges dentro de la historia del Rock porque sería estúpido y temerario por mi parte. Solo me gustaría decir que la muerte de Scott Asheton, ya triste de por sí, ha vuelto a traer a mi mente una deprimente realidad: da vértigo pensar que ya solo nos queda Iggy del cuarteto original y no quiero ni imaginarme qué nos quedará cuando él no esté. No vamos sobrados de figuras legendarias, y cada vez nos quedan menos, por desgracia. No podrá haber un nuevo Iggy Pop porque, simplemente, Iggy Pop es irrepetible. Y el día que gente como él u otros seres irreemplazables como Keith Richards, Bob Dylan, Neil Young o Tom Petty mueran, todos nos quedaremos huérfanos.

A día de hoy solo me queda pedir una cosa: que Iggy y James Williamson no sigan explotando el nombre de The Stooges. La reunión original estuvo bien, tal vez muy bien, pero por mi parte me gustaría que quedara en eso, un buen recuerdo como el que tengo de la primera de la veces que vi a los Stooges.

 

Estrenamos 'La Era Lunar', tema de adelanto de 'Retrofutura', el nuevo disco de Estilo Internacional

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Estilo Internacional editan el próximo mes de marzo "Retrofutura", segundo LP del trío madrileño. Once nuevos temas de Post-Punk Revival en una auto-producción que será editada en formato vinilo (+CD) mediante colaboración con el sello Delia Records.

Por este motivo en Rock and Roll Army estamos estrenando "La Era Lunar", décimo corte del álbum. El vinilo está disponible en preventa hasta el 28 de Febrero a precio especial en el siguiente enlace.

Tracklist:

01 - Impermeable.
02 - El Ingeniero del Alma.
03 - La Puerta Trasera de la Razón.
04 - El Garaje Hermético.
05 - Octubre.
06 - Más Allá del Espectro.
07 - Desde la Ciudad Jardín.
08 - Vacío Perfecto.
09 - Cielo en Llamas.
10 - La Era Lunar.
11 - El Fin de la Historia

Last Updated ( Thursday, 13 February 2014 07:25 )
 

Año nuevo... la misma mierda de siempre

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Con el comienzo del año casi todos nos prometemos a nosotros mismos que vamos a hacer ejercicio, a aprender inglés, a cocinar o que realizaremos cualquiera de esas viejas aspiraciones personales de las que también pasamos en septiembre, justo después de las vacaciones. No nos engañemos, las personas no cambian. Y este año me sorprendería que fuese al contrario.

Año tras año nosotros nos planteamos qué sentido tiene todo esto y vosotros queridos lectores soléis ser partícipes de ello. El persianazo definitivo ha estado muy cerca en más de una ocasión (muchos también lo sabéis), pero por diferentes razones aquí hemos seguido. Aunque las recompensas escaseen, a veces todo merece la pena por cosas tan insignificantes como que Kirk Hammett marque como favorito uno de nuestros contenidos en Twitter.

Sin embargo hay algo contra lo que no se puede luchar, y es el dinero. Si me dieran un euro por cada persona que me ha comentado que quería una de nuestras nuevas camisetas... ahora tendría para unas cañas. Si además de decirlo las hubieran comprado, yo no estaría ahora escribiendo esta editorial.  Pretendíamos sufragar parte de los costes de mantenimiento anuales con la inyección económica de esas camisetas. Nuevamente la realidad nos dio tal sopapo que todavía nos pita el oído izquierdo: la cantidad de camisetas que hemos vendido hasta el momento es tan ridícula que nos da hasta vergüenza decir la cifra. Y por supuesto, no da para mantener nada de nada.

Podríamos ser políticamente correctos y decir que estamos decepcionados, pero a veces es mejor ser brutalmente honestos y decir las cosas como son: estamos asqueados. Asqueados de todos aquellos a los que desinteresadamente hemos ayudado a lo largo del tiempo pero que cuando toca devolver el favor se hacen los orejas. Y no hacemos muchas de las cosas que hacemos para cobrarnos luego el favor, eso que quede claro. No va con nosotros mendigar tampoco, así que nadie espere que vamos a darles la tabarra.

Nos asquea también bastante toda esa gente que dice apoyarnos pero que a la hora de la verdad no mueve un dedo. Es como esas relaciones amorosas en las que una parte da mucho más que la otra supongo. Lo bueno es que nunca hemos sido vengativos.

Sin embargo que nadie se extrañe si de aquí a unos meses pasamos a ser un bonito recuerdo. Hemos amenazado tantas veces con cerrar que ya esto parece el cuento del pastorcillo y el lobo, lo sabemos. Pero el día que las circunstancias sean insostenibles no nos temblará el pulso. Eso sí, para los morbosos decir que nos iremos por la puerta grande y soltaremos mierda a paladas, stay tuned...

PD: Tal vez debamos asumir que un medio así no tiene ninguna viabilidad hoy en día, que no somos lo suficientemente buenos o que le importamos tres cojones a la gente. O todo a la vez.

 
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