Editorial

Atrevida ignorancia

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He vivido muchos conciertos desde que empecé a ir hace muchos años. Conciertos de todo tipo: bandas grandes, bandas enormes, bandas en horas bajas, bandas en su mejor momento, en pequeños bares o locales, en estadios, en sitios de capacidad media... Tras todos estos años solo recuerdo tres o cuatro encontronazos con público "gilipollesco": en un concierto de R.E.M. (sí, de R.E.M., lo juro) cuando un le pedí un poco de espacio a un "atontao" que estaba literalmente saltando sobre mis pies, que me espetó "este sitio es para bailar, si no quieres bailar vete a la grada"; en un concierto de Pearl Jam, cuando un tipo con toda la pinta de "Magilla el Gorila" estuvo tocando los huevos a tooooooodoooo el mundo que tuvimos la desgracia de caer cerca él, empujando indiscriminadamente sin ton ni son mientras hacía algo así como que bailaba (al final y ante la insistencia de su novia que se temía un linchamiento, se marchó, no sin haberse llevado varios empujones y el regalo de mi rodilla en su espalda, algo que no debió de hacerle mucha gracia porque se giró desafiante para cantarme a escasos centímetros de mi cara algo que debía de pensar que era la letra de la canción que estaba interpretando la banda); el payaso estudiante erasmus ataviado con una camiseta de Slash que en la última gira de Axl Rose me dijo que le había quitado el sitio, a lo que yo pregunté si su entrada tenía número de plaza porque la mía no; un imbécil que tras varios empujones bastante violentos durante la actuación de Kyuss Lives! en un festival se me encaró tras pedirle que tuviera un poco de cuidado; y tal vez mi favorita, cuando en un concierto de Bruce Springsteen en un estadio, una mujer de mediana edad a nuestro lado dijo con la clara intención de que lo oyéramos "¡Qué jeta! ¡Acaban de llegar y nos quieren quitar el sitio!".

Pero la de este día en concreto me sentó realmente mal y fue la que ha motivado en parte este escrito. Hace algún tiempo fui a ver una gira de varias bandas que vivieron su mejor momento comercial allá por los años 80. Era una de esas giras que siguen teniendo bastante poder de convocatoria entre cierto tipo de público, por lo que el recinto estaba bastante lleno. La cosa fue así: pista del recinto hasta los topes, chavales de unos 17 años completamente borrachos dándolo todo y restregándome sus extremidades superiores por la cara, yo que los aparto un poco para al menos no tener que esquivar guantazos involuntarios y uno de los chavales que se gira y con su mejor cara de malo me dice "Que esto es un concierto de Rock". Reconozco que si no le crucé la cara al niñato de los cojones fue por pura educación. Y soy consciente de que tal vez parezca ahora mismo un abuelo cebolleta, pero me indigné bastante. ¿A qué viene todo esto? Porque no sé cuántos conciertos habrá visto el chaval, pero yo, como le comenté a alguien en el momento, hay temporadas que veo una media de cuatro a la semana. Y sé dónde me puedo meter y dónde no en un concierto y el tipo de público que me voy a encontrar en cada uno. Con mi complexión no duraría ni dos viñetas dentro de un pogo en un concierto de Slayer por ejemplo, aparte de que ese tipo de exhibiciones testoterónicas no me llaman lo más mínimo. Pero respeto al que quiera meterse de hostias con música de fondo, siempre que lo haga con quien también esté por la labor y en la parte delantera del escenario, como suele ser costumbre. El que quiera puede meterse y el que no retirarse a un lugar más alejado y todos contentos.

Lo que no comprendo es por qué un anormal puede en un sitio teóricamente tranquilo meterte por toda la jeta un violento empujón por la espalda cuando ni te lo esperas -eso, perdonad que os diga, parece hecho con intención de hacer daño-, o por qué le puede sentar mal a alguien que le pidas que respete mínimamente tu espacio. En alguna ocasión a mí personalmente alguno de estos gilipollas que se escudan en lo del rock ha llegado a hacerme verdadero daño. Y también he visto muchas veces a gente que se han comido tremendas hostias por obra y gracia de estos "bailarines".

No es que espere que la gente no salte o no baile, aunque a veces los conciertos parezcan una puta clase de gimnasia, pero normalmente cuando alguien te pisa o te empuja accidentalmente suele pedir perdón -afortunadamente el ambiente que reina en los conciertos y festivales suele ser excelente la mayoría del tiempo-. Es este tipo de sujetos que deben de pensar que ser rockero consiste en hacer lo que se te antoje sin respetar al resto los que creo que son una lacra, puta chusma que habría que erradicar. Esos que tal vez vean un concierto al trimestre pero que encima se permitan tratar de explicarte "de qué va el rock".

 

NME gratuita: ¿Una nueva era para las publicaciones musicales?

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Al comienzo de esta misma semana laboral, la histórica publicación británica NME ha anunciado un cambio sustancial en su política de distribución, ya que a partir del mes de septiembre pasará a ser una revista gratuita. El buque insignia de la prensa musical británica además ha adelantado un cambio en sus contenidos: además de música, el magazine amplía sus contenidos y prestará también atención a otros campos como la moda, la TV y el cine, la política, los videojuegos y la tecnología.

Se trata del cambio más ambicioso de NME en sus 63 años de existencia, una publicación que cuenta con una potente y cuidada página web desde el año 1996, parte de su negocio que contará con una especial atención a partir de ahora, pero que aún así seguirá imprimiendo 300.000 ejemplares cuando comience su nueva etapa tras el verano.

No creo además que sea necesario recordar la enorme influencia de NME en su país para ponderar la trascendencia que un hecho como este pueda tener. No estamos hablando de un semanario cualquiera, y tal vez esto marque una tendencia a medio plazo, aunque es un poco pronto todavía para hacer predicciones de futuro. Lo que sí que está claro es que un cambio así no se decide de la noche a la mañana, y además de meditado, los responsables de la revista lo habrán encontrado rentable de alguna manera.

¿Y mientras que ocurre en España? En este país, como casi siempre, estamos a años luz al respecto de estas cuestiones. Recordemos que hace algunas semanas la errática edición española de Rolling Stone anunció su despedida, dejando patente que su modelo de negocio es, al menos a día de hoy, insostenible: demasiado mainstream para el público rockero y probablemente no muy comprendida por el resto.

Puede efectivamente que nuestras publicaciones musicales tradicionales más especializadas simplemente estén aguantando el tirón, aunque su tradicional secretismo respecto a tiradas y cifras de ventas nos obliga a especular. Pero lo que sí está claro que hasta tiempos muy recientes, no han visto su extensión por la world wide web como una parte fundamental de una publicación que quiera seguir existiendo. Y ni por esas hemos llegado al desarrollo de los sitios propios que sí llevamos años viendo en las cabeceras internacionales más importantes.

Como en todo hay excepciones, y aquí vimos como, desde muy temprano, un medio como Mondo Sonoro le concedía una especial importancia a su página web. Curiosamente además se trata de una publicación gratuita. A pesar de no comulgar demasiado con sus contenidos, hay que reconocer que entendieron desde el primer momento los nuevos tiempos y supieron adaptarse y sacar partido de ellos.

Por otro lado, acabamos de asistir también al nacimiento de una nueva revista impresa, Rock Duro, que viene de la mano de los editores de This Is Rock y This Is Metal, lo que parece indicar que tal vez no sean tan malos tiempos para las publicacione stradicionales en papel.

¿Adónde quiero llegar con todo esto? No puedo proponer una sesuda teoría, simplemente porque no la tengo. Lo que sí que creo es que hay una estrecha relación -o tal vez sea solo un reflejo- entre la salud actual de la música rock en nuestro país y la falta de una red de medios especializados realmente potentes y que no se limiten a la mera subsistencia. Y aquí me refiero a medios impresos -con o sin extensión en la www- y a los puramente digitales, un modelo también de difícil sostenimiento, por cierto. Pero cuando veas las barbas de tu vecino cortar...

 

AC/DC también sucumben al streaming

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Esta semana AC/DC han acabado pasando por el aro, de modo que todo su catálogo está ya disponible en cualquier servicio de streaming. Es lo que marcan los tiempos y tal vez no sea ninguna sorpresa, sobre todo porque desde finales del año 2012 ya estaba a la venta en formato digital.

Ya hablé de todo esto en su día (ver editorial aquí), pero no puedo dejar de pensar que cuando los musicólogos hablen del paso de lo analógico-tangible a lo digital-virtual, este será uno de los hitos que deban destacar. AC/DC no son una banda cualquiera, y su inicial oposición a adaptarse a estos nuevos tiempos, no creo que haya de verse como una resistencia de dinosaurio, sino más bien como una defensa de la integridad del artista y su obra como conjunto. Recordemos que de lo que se quejaba Angus Young era que lo digital, al permitir el consumo de temas aisladamente sin necesidad de escuchar los que le acompañan, desdibujaba el concepto de álbum como entidad completa.

Del mismo modo, tampoco creo que este cambio de postura deba observarse como una conversión por convicción, sino más bien como una maniobra comercial. No me imagino a Angus manejando un iPod, qué queréis que os diga. La maquinaria que mueven bandas como AC/DC -o de otras como Metallica o Iron Maiden, que en los últimos años se han dedicado a comercializar su catálogo de una forma masiva- es bastante costosa, y seguramente quien maneje los negocios de los australianos haya convencido a la banda de que es la única manera de rentabilizar sus lanzamientos. Y esa es probablemente la razón principal de este cambio de postura.

Sin embargo, yo que precisamente dirijo un medio digital, no puedo dejar de sentirme incómodo con todo esto. No soy ningún ludita y no me cierro a las ventajas (que algunas tiene) del formato digital y el streaming; tal vez simplemente sea un romántico que se aferra a un tiempo que ya no va a volver, pero me vais a permitir que ahora me vuelva a poner el vinilo de "Back in Black".

 

Yo estuve allí (por desgracia)

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Existe una frase que dice algo así como que a veces es mejor no conocer a tus ídolos, porque te puedes llevar sorpresas desagradables. En el mundo de la música, en ocasiones es mejor no ver a según qué bandas en vivo, porque pueden o bien arruinar el recuerdo que tenías de ellos o, si nunca antes las habías visto, dejarte uno muy triste.

Hace poco, en una conversación en el exterior de una sala, en uno de esos corrillos que se forman entre banda y banda cuando la gente sale a fumar, escuché a alguien decir que él pasaba de "viejas glorias" y que no pensaba ir a ver a cierta banda, incluso tocando gratis. En el momento me pareció algo exagerado, porque todos alguna vez hemos visto a alguna banda veterana que se mantiene admirablemente, aunque también nos hemos llevado algún que otro chasco.

Yo normalmente no suelo llevar muchas expectativas en estos casos; con ello consigo llegar a disfrutar del karaoke en el que se convierten estas ocasiones, divertirme incluso, y me voy a casa sin la sensación de haber sido estafado, haber tirado mi dinero o haber perdido hora y media de mi vida.

Pero a veces ni por esas. Me vienen a la cabeza varias de esas ocasiones en las que he querido teletransportarme a otro sitio, como cuando se me ocurrió que sería buena idea ir a ver a Paul Di'Anno y se pasó todo el concierto tosiendo y diciendo aquello tan cinematográfico de "too old for this shit"; o sin ir más lejos la de este viernes pasado, con unos Flamin' Groovies torpes e incapaces de seguir siquiera la más mínima coordinación. Y como a perro flaco todo son pulgas, el "sabotaje" que recibieron desde la mesa de sonido: en mi vida he asistido a un concierto con semejante cantidad de acoples, entre otras cosas. Incluso Chris Wilson abandonó el escenario a la tercera o cuarta canción quejándose de los monitores, con toda la banda retirándose tras él. La cosa fue tan esperpéntica que hay quien opina incluso que tuvo que ser aposta (con Buzzcocks, que venían después, la cosa a nivel de sonido no es que mejorara mucho).

En cualquier caso, este concierto pasará a los anales y dentro de algún tiempo los que allí estuvimos y soportamos todo el concierto -mucha gente se salió de la sala incapaz de aguantarlo- podremos decir orgullosamente aquello de "¡yo estuve allí!".

Last Updated ( Monday, 15 June 2015 06:30 )
 

Cash From Chaos: la tarjeta de crédito de los Sex Pistols

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Se atribuye al difunto Malcolm McLaren, el infame manager de los Sex Pistols (y anteriormente, según su propia versión, también de los New York Dolls), la acuñación de la mítica frase "Cash from chaos", que traducida libremente sería algo así como "sacar tajada del caos". Y ya sabemos cómo acabaron las cosas con los Sex Pistols, o al menos con John Lydon aka Johnny Rotten (y el que no lo sepa que se lea la autobiografía del cantante recientemente editada en nuestro país, "La ira es energía").

Sin embargo, y por si no fuera suficiente con aquella "gira del lucro indecente" (el "Filthy Lucre Tour" que reunió después de años de dimes y diretes a la banda estandarte del punk británico), ahora el nombre de The Sex Pistols se vuelve a ver relacionado con la codicia. Perdón, quise decir que se ve relacionado con las transacciones comerciales y el capitalismo puro y duro: esta semana Virgin Money, la filial bancaria -supongo- del emporio de Richard Branson, ha anunciado el lanzamiento de sendas tarjetas de crédito Master Card en las que figuran las portadas del single de "Anarchy in the U.K." y de "Never Mind the Bollocks, Here's the Sex Pistols".

Imagino que los miembros de la banda poco han tenido que ver con la decisión, aunque supongo que sí que habrán recibido algo a cambio. Lo que sí está claro es que pocos punk rockers han recibido de buena gana las noticias. Y aunque se nos llene la boca en más ocasiones de la cuenta con términos como "autenticidad", "venderse", etc. etc., algo de razón no les falta. El mencionado Lydon ha hecho siempre que ha podido gala de unos principios a prueba de bombas. Incluso en esa reciente autobiografía comentaba que se negó a que se incluyera un tema de la banda en un anuncio porque pensaba que se desvirtuaba su mensaje original.

Bien, pues no sé lo que opinará de esto el señor podrido, pero una de dos, o en esta ocasión ha perdido la batalla o simplemente no tenía ninguna opción por motivos contractuales, de derechos o lo que fuese. La tercera de las opciones, la de que esto beneficia económicamente a los miembros del grupo y él ha estado de acuerdo, podría ser tan válida como las dos anteriores y de hecho daría la razón a todos esos punks de teclado rápido y un iPod en el bolsillo.

De ser así, también podría verse de otra manera mucho más irónica (y muchísimo más favorable para la credibilidad de los que una vez fueran considerados los enemigos públicos número 1 del Reino Unido y sus sacrosantas instituciones, por cierto): no me cuesta imaginarme al bueno de Johnny riéndose en su casa de todos esos idiotas demostrarán su recalcitrante rebeldía contra el sistema utilizando como arma el pago mediante una tarjeta de crédito.

Podría ser así... o podría no serlo para nada. Pero seguro que a Malcolm todo este asunto le habría entusiasmado.

 
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