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Editorial

Estériles broncas rockeras

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Parece que el anuncio a finales de esta pasada semana del nuevo disco de Metallica, "Hardwired...To Self-Destruct", previsto para el próximo 18 de noviembre, y sobre todo el estreno del single de adelanto "Hardwired", han levantado pasiones encontradas en las redes sociales. No parece haber un consenso entre los fans, con opiniones divididas entre el mayor de los rechazos, el más fervoroso de los apoyos y algunos -los menos- actuando con bastante indiferencia a la noticia.

Dejando al margen que por aquí nos haya parecido un tema simplón y plano y que la portada a nuestro gusto deje bastante que desear (hay quienes la comparan incluso con la del "Odd Fellows Rest" de Crowbar), está claro que la banda de San Francisco se ha convertido en una de las más criticadas en las últimas dos décadas. Con la edición de "Load" en 1996 y posteriormente de "Reload" Metallica pasaron a estar en el punto de mira de muchos fans descontentos con la nueva dirección musical del grupo e incluso con sus cortes de pelo (?). Sus actuaciones contra Napster aproximadamente por la misma época no ayudaron a que aumentara su popularidad, dándose una situación bastante curiosa, con fans de toda la vida dándoles la espalda de la noche a la mañana, pero también ganándose el desprecio de otros muchos que los habían conocido gracias al "Black Album", puesta en marcha para algunos del proceso de "venta" de la banda (algunos más ya lo situaron con el lanzamiento de su primer video clip oficial, "One"). "St. Anger", verdadera bajada de pantalones donde por primera vez en toda su carrera Metallica no marcaban el camino, sino que seguían el marcado por otros, parecía una vuelta forzada a la agresividad perdida y en definitiva un álbum que no gustó a casi nadie. Con "Death Magnetic" parecían redimirse a base de corta-pegas de su propio pasado, resultando un disco que dadas las circunstancias nos traía de vuelta a los mejores Metallica posibles actualmente. A años luz de sus años clásicos seguramente, pero aún así los mejores Metallica posibles en el año 2008, repito. Y he olvidado conscientemente basuras como "S&M" o "Lulu"; algunos lo llaman memoria selectiva.

Pero a pesar de todos los altibajos, movimientos en falso y supuestas traiciones a los dioses del metal, Metallica no han visto reducida su popularidad o la asistencia a sus conciertos ni un ápice. Por muchos fans veteranos que les dejen en la estacada, siempre habrá una nueva legión de jóvenes seguidores dispuestos a batirse en duelo por ellos. Como contábamos en el artículo que la pasada semana dedicamos al vigésimo quinto aniversario del "Black Album" (leer aquí), este disco vende mil nuevas copias todas las semanas solo en los Estados Unidos.

Sea como sea el contenido de "Hardwired...To Self-Destruct", que tendrá formato doble por cierto, cualquiera con un teclado, acceso a internet y mucho tiempo que perder ha dictado ya sentencia. Los fans somos así, nos creemos con derecho a poner en tela de juicio cualquier movimiento de nuestros artistas favoritos, cuando deberíamos limitarnos a castigarles simplemente no consumiendo su nuevo producto si no nos gusta... ¡ah! Lo siento, olvidaba que hoy en día no se venden discos. Pero os diré lo que creo que va a pasar a partir del 18 de noviembre: exactamente lo mismo que ahora, con fans a favor, fans en contra, palabras gruesas tanto a favor como en contra, un éxito de ventas (lo que eso signifique en este siglo) y un mayor éxito de la posterior gira de presentación. ¿O acaso alguien se piensa que lo que diga en una maldita red social va a tener algún tipo de influencia en la carrera de uno de los grupos de rock más conocidos sobre la faz de la Tierra?

Last Updated ( Monday, 22 August 2016 07:20 )
 

Boquitas de piñón

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Os pondré en antecedentes. En el año 2013 recibí un mensaje de cierto músico español pidiéndome que le ayudara a difundir la campaña de crowdfunding que había lanzado para publicar su primer disco en solitario. Lo cierto es que durante los días anteriores, este personaje se había dedicado a darle al "me gusta" a contenidos nuestros en Facebook, cuando no lo había hecho nunca. Como existía cierta relación personal, accedí a ayudarle con la promoción y publicamos una noticia. En el pasado ya habíamos ayudado a este sujeto con la promoción de un festival que organizó durante un par de ediciones o tres, e incluso el último disco de su banda recibió una muy buena crítica en Rock and Roll Army. No tenía por qué haberlo hecho; al fin y al cabo, esta persona nunca ha movido un dedo por nosotros, a pesar de todo lo que comento.

La cuestión es que la campaña salió adelante, se publicó el disco y empezaron a aparecer las críticas en medios amigos. No así en Rock and Roll Army, ya que probablemente nos dejó para los últimos porque para cuando recibimos el disco, ya hacía tiempo que yo había leido varias reseñas. En un momento dado, sin embargo, recibimos una copia del disco en cuestión, y tras pegarle una escucha mi socio me previno: "es una mierda", me dijo. "No será para tanto..." pensé yo. Pero cuando ya tuve la oportunidad de escucharlo, no pude sino dar la razón a mi querido compañero: el disco era una mierda como un piano. Creo recordar que en mi posterior reseña dije algo así como que era una "borrachera de ego".

Como quiera que esto de internet es imprevisible, la reseña empezó a cosechar muchísimas visitas. En cierto foro de cierto festival alguien había posteado el enlace al artículo; el protagonista además, haciendo alarde de su buen carácter y su deportividad (pretendo ser irónico aquí), lo posteó en su perfil de Facebook, abriendo la veda para que decenas de energúmenos se dedicasen a insultar abiertamente e incluso amenazar medio en broma -espero- al autor. Jugada maestra: comento que hay que estar a las duras y a las maduras, pero no freno a todos los que están faltando al respeto a alguien a quien ni siquiera conocen; yo quedo como un señor y dejo que otros hagan el trabajo sucio por mí. Ni más ni menos.

La cosa llegó a ponerse bastante fea como digo, sin que esta persona moviera un solo dedo para parar la cascada de insultos y descalificaciones varias. Incluso su señora esposa llegó a preguntarme por una frase concreta de la reseña, para después de que le explicara lo que había querido decir, sin ni siquiera rebatirme nada, se despachase ella también a gusto contra mi persona... pero en otro espacio. Nocturnidad y alevosía.

Huelga decir que en la década larga que llevamos funcionando, esta no era la primera polémica ni probablemente será la última. Me han llovido insultos a mansalva en bastantes ocasiones y procuro no tenerlos en cuenta porque siempre, y digo siempre, son de personas que en su vida han leído Rock and Roll Army. Si haces una actividad pública es a lo que te expones, y el mundo siempre ha estado lleno de gilipollas, pero ahora más que nunca tienen los medios para expresarse fácilmente sin tener que dar la cara. Además, como dije en su momento, perfectamente podía haber escrito la reseña con pseudónimo, pero preferí dar la cara porque para mí es más importante ser consecuente que no hacer amigos (así nos ha ido siempre, por cierto).

Lo que sí me dejó perplejo en su momento fue la actitud de este "señor", que si de verdad hubiera encajado la crítica con deportividad en lugar de estar encantadísimo de conocerse, como mínimo habría atajado los insultos contra mi persona. En su día escribí un texto con la intención de publicarlo como editorial, pero por alguna razón se quedó guardado hasta hoy. Como nos queda muy poco en el convento hemos decidido recuperarlo tal cual, aunque mi opinión ya no es tan conciliadora como parece deducirse de lo escrito en el año 2013. Os lo reproducimos a continuación:

La penúltima polémica en la que nos hemos visto envueltos ha hecho aflorar lo mejor y lo peor de muchos. Entre lo mejor el apoyo recibido por algunas personas vinculadas a otros medios musicales y del propio protagonista, ante el que me quito el sombrero por encajar como un señor una crítica que no le era nada favorable.

Pero quería centrarme en lo peor, que da más juego. Y simplemente porque tengo por costumbre no retocar textos que ya han salido publicados ni dar explicaciones posteriores sobre ellos. Esta vez me ha tocado lo segundo, por deferencia al artista y porque la respuesta ha sido a todas luces desproporcionada: se trata de una mera reseña en un medio independiente a la que se le está dando, a mi juicio, más importancia de la que verdaderamente tiene. Creo que se está sobredimensionando nuestra influencia como líderes de opinión, sinceramente.

Pero parece, sin embargo, que hay que soportar estoicamente insultos, amenazas personales y demás gilipolleces de los bocazas de turno simplemente porque no les ha gustado demasiado lo que hemos escrito. Y sí, digo bocazas, porque entiendo que a mí que soy el que pone la cara se me llame gilipollas, que se comente -espero que medio en broma porque de lo contrario creo que sería hasta delito- que me van a enviar un par de sicarios o incluso que se me tilde "de no tener ni puta idea" (creo que en esta ocasión no se ha utilizado precisamente esa expresión, pero sí se ha sugerido la idea). Pero lo que me parece mear fuera del tiesto es entrar en asuntos personales. Parece que con toda esta mierda de las redes sociales la gente se ha acostumbrado a un exhibicionismo personal tal que se cree que tiene derecho a opinar sobre la vida del resto del mundo igual que ellos muestran todas sus miserias para que opine cualquiera. Entiendo que forma parte del trato que se enjuicie mi trabajo al frente de una web que es pública y que está pensada precisamente para eso, para que la gente la vea. Lo asumo y vivo con esa parte más amarga a la que le doy la importancia justa: ninguna. Por donde ya no voy a pasar es por lo otro: gente que se cree con todo el derecho del mundo a entrar en temas personales, sobre todo cuando su mayor información sobre mi persona es un texto de tres párrafos que han leído ya condicionados por lo que se ha ido diciendo sobre ellos y por su amistad con el protagonista. Me pregunto dónde están el resto del año cuando apoyamos el trabajo de bandas y sellos independientes mediante nuestros artículos (a estas alturas más de dos millones publicados, por cierto), cuando denunciamos situaciones injustas para con el mundo musical o cultural, cuando informamos de giras, damos a conocer nuevos nombres o ayudamos a promocionar las campañas de crowdfunding de personas con las que hay lazos desde hace tiempo. Me pregunto también dónde están cuando vienen de visita grupazos y estamos veinte personas en la sala, cuando hay que apoquinar en el puesto de merchandising para que la banda de turno pueda dormir en un modesto hostal esa misma noche o cuando hay gente que arriesga su dinero programando cosas underground con la certeza de que, probablemente, va a volver a palmar pasta. Y el argumento de la crisis no me lo creo, porque en el año 2008 veía a una gente en los conciertos y en el año 2013 sigo viendo exactamente a LA MISMA GENTE. La misma.

Pero en este país, como ya lo he dicho muchas veces, somos muy cutres. Y muy cegatos. Tendemos a sacar la navaja a la mínima y a pedir disculpas después -eso en el mejor y más raro de los casos-. Y sin embargo seguimos siendo uno de los países que más piratea, por ejemplo. Pero se nos llena la boca diciendo lo mucho que nos gusta la música y todo lo que hacemos por ella. Pecaría de ingenuo si creyera que este artículo va a cambiar algo o que va a hacer reflexionar a alguien, pero creo de justicia decir alto y claro que lo que mejor podrían hacer muchos es callarse. Eso y dar la cara, claro.

Last Updated ( Friday, 05 August 2016 08:41 )
 

El negocio de la nostalgia musical

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Hace ahora tres años exactamente tomaba notas para un posible artículo que nunca llegué a terminar. Su título era "10 bandas que deberían volver desesperadamente". Y nunca llegué a acabar aquel artículo porque simplemente me olvidé de él (o perdí el interés, que para el caso es lo mismo). Si ahora os estoy hablando de ello es porque, buscando en mi archivo personal algún texto que permaneciera todavía inédito, ha vuelto a asomar. Como su estado era muy embrionario simplemente os comentaré que de ocho grupos que ya tenía pensados, cuatro han acabado anunciando su regreso en este tiempo; un quinto suena insistentemente en los mentideros del rock como la próxima gran reunión del underground musical; otro más perdió a uno de sus componentes, con lo que la reunión parece haberse esfumado definitivamente -aunque dos de los supervivientes llegaron a actuar juntos después de décadas-; y finalmente dos ni están ni se les espera, pero alguno de los integrantes de otro de ellos ha mencionado en redes sociales que echa de menos el grupo y el otro, mucho más legendario, suele ser objeto de rumores cada cierto tiempo.

Aparte de lo anécdotico del asunto, creo que los datos son lo suficientemente ilustrativos de un hecho innegable en el mundo de la música: a la gente le gusta regresar a momentos o a estados anímicos de su pasado a través de los que fueron en su día sus bandas de cabecera. Y si no que se lo pregunten a todos esos grupos de versiones de medio pelo que han proliferado como el moho en la nevera de un soltero. Por más que a los que echamos pestes de este tipo de buitres nos pese, hoy en día los grupos de versiones tienen bastante éxito. Desde luego bastante más que el que tienen grupos que defienden su propio cancionero. Y para muestra la inclusión en algunos festivales de bandas de este tipo o incluso la proliferación de giras e incluso festivales completos dedicados al mundo del "homenaje". Que digo yo que si tienes que ganarte la vida con las canciones de otros (y aquí hago un inciso: ¿todos estos grupos pagan sus correspondientes derechos a los grupos originales?), tal vez deberías plantearte si tu aportación a la música es realmente necesaria.

No nos engañemos, la nostalgia funciona. Y funciona muy bien. Por eso muchos grupos deciden también volver "por el bien de sus fans" (imagino que el dinero es secundario para la mayoría de ellos). O por eso cada lustro más o menos somos testigos de una nueva remasterización de las discografías completas de ciertas bandas, mientras discos básicos hoy en día inencontrables de forma oficial siguen siendo pasto del intercambio por internet porque nadie parece querer poner remedio (¿porque no da los suculentos beneficios que sí ofrecen la enésima tanda de reediciones de Led Zeppelin o Iron Maiden? Lo reconozco, en ocasiones soy muy malpensado).

Imagino que nadie tendrá muchas ganas de darle la vuelta a las implicaciones que todo esto tiene para el mundo de la música. Pero las tiene. Al menos dos y en mi opinión muy graves: apenas hay posibilidad de que surjan nuevos talentos, ya que no cuentan con el espacio ni el apoyo ni mucho menos con el tiempo para desarrollar una carrera de largo recorrido; y los nuevos grupos que surgen, por si fuera poco con tener que vérselas para sobrevivir, tienen además que luchar contra la competencia (algunos dirían que desleal) de todos estos grupos que utilizan los repertorios de otros para hacerse un hueco en las programaciones de las salas de conciertos.

Y yo sé que mi pataleta no va a llegar a ninguna parte, pero todo esto me parece bastante triste. No hace falta recordar que el rock no goza de muy buena salud, y me pregunto si todo esto no es un poco como un suicidio del que nadie parece ser consciente, pero del que todos acabamos siendo partícipes.

Last Updated ( Thursday, 28 July 2016 16:40 )
 

Los chivos expiatorios del rock: Ice T, Body Count y el caso de 'Cop Killer'

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No pretendo frivolizar con este tema, pero me sorprende que todavía nadie haya culpado a Ice T y Body Count de inspirar los últimos tiroteos registrados en Estados Unidos contra agentes de policía. Estoy hablando obviamente del tema "Cop Killer", aquella canción que la banda metalera del rapero incluyó inicialmente en su primer álbum, pero que ante la controversia y la persecución por parte del lobby policial se vió obligado a retirar de los siguientes prensajes de su debut. Coincidió todo el asunto en el tiempo con los disturbios de Los Angeles, que para los más jóvenes del lugar recordaremos que vinieron motivados por la absolución de los agentes de policía involucrados en la injustificable paliza a Rodney King, un ciudadano negro que habían perseguido por conducir borracho. Supongo que han pasado muchos años ya y pocos recuerdan aquel revuelo, para fortuna y tranquilidad de Ice T.

América, como a los estadounidenses gusta llamar a su país probablemente sin reparar en que es el nombre de todo el continente, sigue sin aprender de sus errores. Y siento decirlo pero me extraña que una oleada de incidentes similares no se haya producido antes. Al fin y al cabo en Estados Unidos no es difícil conseguir un arma -casi cualquier tipo de arma-; es de hecho un derecho constitucional cuyas raíces no vamos a explicar ahora aquí. Pero sí me gustaría señalar que parece que ciertos sectores norteamericanos siguen viendo en la expresión artística musical una peligrosa arma a la que combatir por todos los medios.

Y es que parece muy fácil culpabilizar de los actos criminales cometidos por algunos a la inspiración que puede proporcionar cierta música: Ozzy Osbourne o Judas Priest tuvieron que defenderse en los tribunales de su supuesta responsabilidad en varios suicidios (leer más sobre el tema aquí y aquí); Marilyn Manson fue culpado del tiroteo de Columbine porque los tarados que lo perpetraron eran fans suyos (y si no me falla la memoria, en algún documental televisivo sobre la tragedia realizado poco tiempo después, se citaba como detalle muy relevante que uno de los dos asesinos lucía una gorra de Nine Inch Nails). Sin embargo, a nadie se le ocurre acusar de pernicioso para la juventud el pobre mensaje intelectual que transmiten muchas de las estrellitas pop de moda o el patético ejemplo que dan idiotas como Kanye West con sus gilipolleces, como la pataleta de los Grammy ante Beck Hansen.

Pero no hay que cruzar el charco para encontrar a músicos "culpables" de no sé qué delitos simplemente por haber expresado sus opiniones. Tenemos, sin ir más lejos, la persecución a la que han sido sometidos Soziedad Alkoholika desde hace años por parte de los sectores más radicales de la rancioderecha española. Los vitorianos se vieron obligados a cesar toda actividad hasta que un juez dictaminó que eran inocentes. Y mucho más cercano en el tiempo es el caso de César Strawberry, juzgado por unas tal vez desafortunadas frases difundidas por cierta red social. Podré estar de acuerdo o no con los mensajes, pero lo que tengo muy claro es que estamos persiguiendo "delitos" de opinión conforme a una única ideología y no según unas bases objetivas y mesurables.

Y sin embargo a nadie parece preocuparle la cantidad de descerebrados que, ante la suspensión de la programación habitual de la cadena española de Berlusconi después de la tragedia del avión de Germanwings, estuvieron lanzando mensajes insultantes por las redes contra toda una región incluso. Por ejemplo.

 

La mercadotecnia y los festivales

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Ya deberíamos estar más que acostumbrados, pero sigo sin comprender por qué está nueva costumbre de anunciar las fechas de celebración de la siguiente edición de los festivales durante la que se está celebrando o recién acaba esta. No sé, tal vez se deba a mi naturaleza inclinada al pesimismo, pero no entiendo ese afán por hacerse con entradas para un evento que se celebrará a 365 días vista y del que en la mayoría de los casos no se conoce ni un solo nombre.

Y sin embargo cada vez es más frecuente que la organización de un festival adelante el dato. Entiendo que debe de tratarse de una cuestión de mercadotecnia que a mí se me escapa, pero que seguro que facilita la venta de abonos. No queda otra explicación.

En ese caso cabe preguntarse a qué vamos a los festivales, si a escuchar música o simplemente a lucir palmito y pasárnoslo teta. Y ojo, que ambas cosas se pueden combinar a la perfección, pero tener tan claro que se va a acudir a un evento del que se desconoce el cartel como para comprarse la entrada un año antes me parece un poco temerario. Y gracias a que tenemos internet y hoy en día resulta bastante más sencillo revender un ticket, pero aún así los imprevistos ocurren y es un riesgo.

Claro, que también es cierto que somos animales de costumbres y que si somos asiduos a ciertas citas, luego es complicado "desengancharse". Pero no es menos cierto que, salvo contadas excepciones, no conozco a nadie que sea capaz de comprar la entrada con mucha más antelación que la de seis meses, y eso como máximo.

Volvemos pues a la casilla de salida: ¿cuál es la razón para que las promotoras de los festivales anuncien e incluso saquen a la venta las entradas con un año de antelación? Si alguien lo sabe que me lo cuente...

 
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