La muerte del Metal
Friday, 10 May 2013 00:00
Natxo G.
Con Metallica fuera de juego hace muchos, muchos años, Dave Mustaine entregando discos poco más que correctos, y Anthrax volviendo a su pasado pretérito de una manera bastante vergonzante, la muerte de alguien como Jeff Hanneman es para el Metal casi como la puntilla. Porque hace años que perdimos a Pantera, los herederos naturales de la generación de los Big Four, y con la situación actual de la industria musical es imposible que permita que bandas como Mastodon puedan recoger el guante de manera apropiada. Así de triste es la situación, por mucho que nos empeñemos en verla de otra manera.
Lo siento, pero este texto pretendía ser un homenaje a Jeff Hanneman, compositor de algunos de los himnos definitivos del Metal, a pesar de sus, en ocasiones, controvertidas letras. Pero transcurridos estos días desde su muerte la realidad me ha hecho ver que da igual los homenajes que podamos dedicarle a uno de los guitarristas que definieron nuestra música en los últimos lustros (sí, soy consciente de que para muchos el Metal ni siquiera es Rock and Roll), porque lo cierto es que la gente menor de 25 años que haya podido lamentar esta muerte es una proporción ridícula. Debo decir que en mi casa, cuando yo era adolescente, Slayer no eran muy bienvenidos. Aún así, como buen frikazo que siempre he sido, conseguí que alguno de mis "colegas" de clase me dejase alguna cassette grabada, en contra de la opinión de mi hermano, que en aquel entonces era algo así como la persona en la que más confiaba a la hora de escuchar música. A este respecto también es legendaria la anécdota de cuando decidí allá por el año 90 comprarme un LP de Public Enemy ante su estupor... pero qué cojones, yo empezaba a demostar que también tenía un criterio propio. De todas formas esto hoy no toca. En cualquier caso, mi relación con Slayer a lo largo de los años ha sido... cuando menos complicada. Recuerdo ya mayorcito cómo me impactó (re)escuchar un tema como "Raining Blood", hasta el punto de que eso me empujó a volver a fijarme en Slayer tras algunos años en los que el Metal casi dejó de interesarme. Sé que no voy a aportar nada nuevo si digo que es uno de los temas definitivos no solo del Thrash, sino del Heavy Metal en general, pero tampoco puede uno pasar por alto semejante evidencia. Por suerte pude ver a Slayer con la formación original hace algunos años en un festival. Posteriormente también la he visto con Gary Holt, aunque inflexible que es uno, aquello fue como una especie de muy buen placebo simplemente. Odio tener que pensar que nunca más vamos a poder ver a Jeff Hanneman sobre un escenario por culpa de una puta araña. Que Slayer no van a poder contar nunca más con su pluma para componer nuevas canciones. Pero esa es la realidad. Muchos no ven a esta gente al mismo nivel que, por ejemplo, un Bo Didley, pero cuando vaya palmando toda esta generación... ¿con quién coño nos vamos a quedar? ¿Con los putos Muse? Ya podía cascarla el indeseable de Bono, un puto cáncer mesiánico para el Rock, en lugar de alguien como Hanneman. Estamos de acuerdo en que Slayer tal vez perdieron la lucha de la imagen (esas acusaciones de pertenecer a la ultraderecha lo cierto es que tenían su razón de ser). Pero hace ya algo así como un cuarto de siglo que se editó "Reign in Blood", disco que todavía sigue sin ser superado (tal vez igualado, pero nunca superado). Escribo todo esto hoy empapado por alcohol y sin una idea clara de lo que quiero plasmar, pero me parecía lo mínimo que un "heavy metal kid" como yo podía hacer para reivindicar la figura de Jeff Hanneman. R.I.P.
Last Updated ( Tuesday, 07 May 2013 18:59 )
A Wilco no les conoce ni la madre que los parió
Friday, 03 May 2013 00:00
Natxo G.
Hace unos días aparecía en los medios una noticia relacionada con un estudio sobre el consumo que los jóvenes hacen de la música hoy en día. Buscando un titular llamativo y haciendo un guiño gafapasta, la mayoría destacaban que el 72% de los encuestados desconocía quiénes son Wilco (ver el ejemplo de El País, periódico tradicional y especialmente sensible con todo lo trendy). Lo importante -y desconcertante- de sus conclusiones no obstante es que mientras que la mayoría considera la música como algo importante en sus vidas, sin embargo su consumo se limita a escuchar por internet canciones sueltas a través de canales gratuitos. Es, como muchos sospechábamos, un consumo superficial y sujeto a lo que se dicta desde las listas de éxitos.
Volviendo a Wilco, el ejemplo fue tomado seguramente porque a los responsables del estudio (de la Universidad de La Rioja, por cierto) les debió de parecer uno de los grupos más relevantes de la actualidad; seguramente ni siquiera conciban que haya amantes de la música que no puedan amar el grupo de Jeff Tweedy. Creo sinceramente que el fenómeno Wilco es desmesurado. Tienen algunas buenas canciones, pero también un puñado de discos aburridos y pretenciosos, aunque debo reconocer que su sonido de directo es uno de los mejores que he presenciado en mi vida. Si quieres que los chavales jóvenes se suban al tren del Rock, desde luego no creo que Wilco sean el vagón más adecuado. Wilco son la clase preferente, mientras que un joven que empieza a introducirse en el rock debe viajar en clase turista. O al menos hasta que pueda permitirse la preferente. En cualquier caso esto que señala la encuesta, que el desconocimiento de la música que se salga de los circuitos más comerciales es casi total, no es algo que no ocurriera antes, como señala también el responsable del estudio, Sergio Andrés Cabello. Sin embargo, este profesor de sociología destaca lo inquietante del asunto: cuando antes nos teníamos que buscar la vida para conseguir buena parte de la música que nos interesaba, ahora con prácticamente toda la música del mundo accesible de una manera bastante más cómoda, lo que se sigue consumiendo mayoritariamente es lo que dictan las radiofórmulas (aunque en teoría se escape de ellas). Y si utilizo el verbo "consumir" es conscientemente. Sí, no deja de ser paradójico que tengamos acceso a más información de la que podamos imaginar y sin embargo sigamos tan desinformados a todos los niveles, no solo en el plano musical. Lo de Wilco no deja de ser una anecdotilla, pero un buen ejemplo -otro más- de que 1984 verdaderamente ha llegado.
Last Updated ( Thursday, 02 May 2013 15:25 )
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El volumen de la música
Saturday, 27 April 2013 00:00
Natxo G.
Hace poco leía algo relacionado con la limitación del volumen de los iPods y lo irritante y frustrante que puede llegar a ser la escucha de determinados discos. Y es que es un hecho que la mayoría del público rockero prefiere escuchar la música a todo volumen y que no conciben la experiencia de otra manera. Pues bien, yo soy probablemente -como el dentista que prefiere el chicle con azúcar- de los pocos que, al menos si están cerca de la fuente sonora, prefieren escucharla a un volumen moderado. Ya veo a algunos queriendo quitarme el carné de rockero, pero como ya hace algún tiempo pregunté a los lectores en una red social, ¿es la sordera inevitable para aquellos que estamos en esto del Rock?
En mi caso personal eso es lo que parece, porque desde hace algunos años padezco acúfenos, eso que dicho en rockero se llama tinnitus o simplemente pitido constante. Por eso mi consumo de música mediante auriculares se reduce al mínimo, si acaso un par de horas de vez en cuando, cuando voy de viaje. Siempre he procurado tener cuidado al respecto, pero supongo que es inevitable cuando se asiste a demasiados conciertos y se tiene la mala costumbre de procurar verlos desde cerca. Además en ocasiones la experiencia alcanza niveles insoportables e incluso dolorosos, sobre todo cuando el grupo de turno se pasa con los agudos; seguro que más de uno y más de dos sabéis a qué me refiero. Durante una temporada en los conciertos intenté utilizar tapones, pero acababa siempre quitándomelos o simplemente me olvidaba de usarlos. Sin embargo yo no pretendo lanzar una cruzada contra la música alta -a pesar de que sufro en silencio y a volumen infernal Radio Olé cuando le da por ahí a la tarada de mi vecina de al lado o cualquier mierda modernilla del vecino de dos plantas más arriba-, cada cuál debe hacer lo que estime oportuno. De hecho hay cierta música que exige escucharla al 11. Lo mío es una desgracia como otra cualquiera y ahora que me doy cuenta muy adecuada para el chiste fácil dedicándome a la crítica musical. Por eso he llegado a una solución de compromiso: como digo el uso de auriculares lo tengo casi desterrado de mi dieta musical, en casa escucho la música a un volumen que no me moleste al oído (y creedme, no es difícil que eso ocurra), pero en los conciertos, como sé de antemano que al final no me pondré los tapones, sigo actuando como siempre. Tal vez no sea el más rockero de mi barrio, pero a mí me vale.
Last Updated ( Saturday, 27 April 2013 11:24 )
De listas negras, amiguismos y supervivencia
Monday, 01 April 2013 00:07
Rock and Roll Army Staff
Estamos muy cabreados últimamente. Algunos dirán, no faltos de razón, que es difícil saber cuándo no lo estamos en esta web, ya que la mayoría de nuestros editoriales son para dar cera. Para ellos entonces una apreciación: en este momento lo estamos más que de costumbre. Y es que resulta que parece haber gente que se piensa que nuestro trabajo no vale nada. O esa es al menos la impresión que da, ya que recibimos casi a diario correos invitándonos a hacernos eco de la publicación de discos o libros, pero cuando solicitamos copias promocionales obtenemos la callada por respuesta.
Imagino que como esto del correo electrónico es semi gratis, por el mismo precio meto en una lista de mailing a los medios que sí nos interesan con los que nos la traen floja y si cuela, cuela. ¿Que quieres anunciar en tu medio una nueva colección de libros de temática musical que editamos, que el grupo del cuál somos managers saca nuevo disco o la gira de un grupo cojonudo que nos traemos? Perfecto, pero no te vamos a "pagar". Quizás algunos crean que estamos haciendo apología de la payola, pero nada más lejos de la realidad: recibir una copia de un disco no significa que le tengas que hacer necesariamente una buena crítica. Y lo mismo sirve para un libro por ejemplo. Pero que quede claro que cualquier entidad privada con ánimo de lucro cuando necesita promoción de sus productos paga; en especie como sería normalmente el caso de lo relacionado con la música. Y mediante este sstema todos nos beneficiamos: nosotros porque tenemos contenidos y ellos porque reciben la atención que necesitan. Sería el colmo que tuviéramos que pagar por hacerles publicidad a otros, o como dice el dicho popular, que además de putas tuviésemos que poner la cama. Porque, lo hemos dicho muchas veces, aparte del tiempo invertido mantener una web de estas características cuesta un dinero. Que seamos un medio modesto no significa que tengamos que bailar el agua a nadie. De hecho hay cierta promotora que no nos ha vuelto a acreditar para ninguna de sus giras después de que en un artículo cuestionáramos sus chapuzas. Nosotros seguimos anunciando sus giras, pero evidentemente nunca vamos a cubrir conciertos en los que pasamos por caja (lo que decíamos antes de las meretrices y los lechos). ¿Esto significa cavarnos nuestra propia fosa? Probablemente. Que seamos un medio modesto no significa que no merezcamos ni la cortesía de recibir una respuesta a nuestros correos solicitando material promocional que en teoría se nos ha ofrecido previamente. Es una mera cuestión de cortesía, pero parece que en este país la educación y el respeto es algo que no se lleva. Tenemos bien claro que mucha gente del apestoso mundillo musical de este país probablemente piense que somos una pandilla de pajilleros que lo único que quiere es trincar discos gratis, cuando estamos en esto no ya por amor al arte, sino incluso perdiendo dinero, y que nos lleva muchas horas de trabajo promocionar el suyo. Si estamos en esto no es por negocio, habríamos echado la persiana hace eones, aunque evidentemente aspiramos al menos a cubrir gastos. Consideramos que nuestro trabajo es necesario, que se valora mucho por quien verdaderamente debe hacerlo -los lectores- y que la falta de apoyos y no estar integrados en ciertas redes de clientenlismo (que se dan y mucho) nos convierte en un medio verdaderamente independiente, aunque luego sean otros los que enarbolen esa bandera y quieran sacar beneficio por ello. En el fondo lo que pasa en este país es que somos todos muy cutres. Ni siquiera nos molestamos en quedar bien, en quedar como señores, que debería ser lo mínimo. Supongo que todo forma parte de esta degeneración moral que día sí día también nos lleva a observar casi pasivamente un nuevo escándalo financiero. Preferimos también poner el culo en pompa para salir en algún medio de renombre, aunque su audiencia no sea el público al que dirigir tu producto, que apoyarse en gente a la que primero, le interesa lo que ofreces; y segundo, que además sabe de lo que está hablando. Pero cuando nos suben el IVA todos a protestar a las calles. Y ojo, que nosotros somos los primeros en contra de medidas como esas, pero a veces nos da la risa. Aunque debo decir que también hay muy honrosas excepciones, personas que saben cómo hacer su trabajo y que se ponen a tu disposición para todo lo que puedas requerir. Espero que todos ellos, personas con las que colaboramos habitualmente y con algunas de las cuales incluso podemos decir que la relación epistolar ha derivado en un verdadero aprecio, sean conscientes de ello.
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