Que levante la mano el que esperase algo de "More light", el décimo trabajo de Primal Scream. La mía no la veréis, y eso que durante años fui un irredento de Gillespie y su prole. Y es que tras intentar volver al rock con el prescindible "Riot city blues" e intentar escalar el edulcorado mundo del pop con el aborrecible e insoportable "Beautiful future" la credibilidad de la banda estaba en algo más que entredicho. Si a eso sumamos la marcha de Manny retornando a su grupo madre, Stone Roses (aunque la suma de años en Primal Scream supera con creces a su permanencia en Stone Roses), el futuro de los británicos, liderados por el incombustible Bobby Gillespie, parecía condenado al ostracismo y a sacar discos con los que seguir hundiendo su carrera.
Muchas veces se ha dicho que Primal Scream debe mucho a sus productores, y es cierto. "Screamadelica" no sería lo mismo sin Andrew Weatherall o the Orb, ni "XTRMNTR" luciría como obra canónica sin el elenco de gente que colaboró, entre ellos el mismísimo Kevin Shields, saliendo de debajo de la manta en la que estaba escondido. Y eso es cierto, no lo negaré, pero hay que tener un olfato agudo y saber elegirlos. Tras hacerlo, tener unas buenas canciones para producir. Si no hay mata, no hay patata, que suele decirse. David Holmes ha sido el elegido para la ocasión, para tratar con un muestrario de canciones variadas, que rezuman psicodelia, rocanrol, y pop. Primal Scream siempre han sido, y serán, una amalgama de sonidos. Imposible describirlos de otra manera o encasillarlos. Según el propio Gillespie, con este disco han querido homenajear a l rock psicodélico, que siempre ha estado muy presente en su música. Aunque declare haber abandonado las drogas y la mala vida, creo que pasarán años antes de que su cuerpo expulse todo lo que se ha metido, y con lo que aún le hierve dentro, ha compuesto algunos momentos psicotrópicos dignos de mención.
"2013", el tema que abre el álbum, es sencillamente sublime. Nueve minutos de artillería para poner las cosas en su sitio. Un atmosférico saxo con melodía juguetona, guitarras volátiles cortesía de Kevin Shields (sí, colabora puntualmente en el álbum) y un Gillespie con su característica voz lánguida y pretendidamente sugerente conforman un tema que de por sí solo, casi vale el disco. Tras recuperar la fe, quedas preparado para lo que sea. "River of pain" sigue sonando fascinante y cargado. Con ligeros aires arabescos en algún momento y un interludio cacofónico-orquestal de libro, los largos siete minutos que dura se nos pasan volando, nunca mejor dicho. Con "Sideman", encontramos pura psicodelia de manual, con una sección de viento deliciosa, y con "Relativity" y sus dos diferenciadas partes, un mantra hipnótico inicial que nos acaba dando paso a la zona chill-out para lograr que lo mil veces escuchado nos suene excitante. Esa es la magia de Primal Scream. Ese es el Boby Gillespie que queremos.
Aunque la columna vertebral del álbum es la psicodelia, al menos tal y como los de Glasgow la entienden, también hay momentos para añadir sonidos negros con "Elimination blues" (que cuenta con nada menos que Robert Plant haciendo coros), momentos rock, del que nunca han quitado el ojo, con "Turn each other inside out", baladas lisérgicas y humeantes como "Walking with the beast" o sonidos optimistas en "It’s all right it’s OK" de cuyos uh-la-la nos mofaríamos si los hubiese hecho otra banda, pero lo ha hecho Primal Scream, y nos gusta.
También hay momentos mediocres, claro (un disco de 13 canciones tiene que ser muy bueno para no tenerlos) como el pop-rock-chicle de “Invisible city” o el hip hop bastardo de “Culturecide”, pero no logran empañar el conjunto.
En resumen, aunque nunca volverán a ser el grupo que nos entregó discos tan impactantes como "XTRMNTR", hipnóticos como "Vanishing point" o generacionales como "Screamadelica", con "More light" al menos recuperan el pulso perdido pudiendo mirar hacia el frente con la cabeza alta, entregando un compendio de canciones opiáceas que funcionan en su mayoría por separado y todas como conjunto. La reinvención crónica que sufre Primal Scream cada cierto tiempo, esta vez no ha sido un salto al vacío ni un suicidio creativo. Esta vez ha sido algo meditado y macerado, y definitivamente ha sido para bien. No en vano, es su mejor trabajo en mucho tiempo.
Bobby ha recuperado el mojo.








Cuando se cumplen veinticinco años desde que se lanzara en solitario tras pasar por bandas como Canned Heat o los Bluesbreakers de John Mayall, el veterano músico de blues Walter Trout vuelve al ruedo discográfico el próximo junio con este "Luther's Blues". Se trata de un homenaje a Luther Allison, una de las mayores influencias de Trout y al que rinde tributo con un disco en el que recoge un total de trece temas del maestro.
Bajo Wisdom of Crowds se esconden Bruce Soord de The Pineapple Thief y Jonas Renkse de Katatonia. Desde que el primero comenzó a trabajar en el proyecto tuvo en mente el nombre del segundo para ocuparse de las voces, así que antes de acabar la composición contactó con él y juntos redondearon las nueve canciones que componen este debut y que se edita el próximo junio.
