Conciertos

Y&T - Bilbao (Kafe Antzokia 10-10-14)

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Ante el apabullante concierto que ofrecieron los Y&T el pasado viernes diez de octubre, uno siente la necesidad de analizar ciertas cuestiones que surgen a posteriori. Articular en palabras lo presenciado durante más de dos horas de puro Rock and Roll californiano, en medio de un Antzoki entregado. Tratar de comprender en definitiva, cómo es posible que un conjunto capaz de dar directos de semejante enjundia, continúe luciendo su nombre por clubs de media entrada, sin optar a las grandes ligas en las que otros llevan décadas campando.

Sin responder a estas cuestiones, y pasando de largo sobre la narración del evento, tenemos que ser capaces de analizar el motivo por el que el mundo parece haber sido injusto con los de Meniketti. Habiendo parido plásticos elementales como "Earthshaker" o "Black Tiger", al tiempo que eran ensalzados como una de las bandas fundacionales por el roquerío angelino de principios de los ochenta, resulta complicado asegurar que fue lo que les acabó privando del pedazo del pastel oportuno.

En mi modesta opinión, poseen la misma belleza que las fotos desgastadas que te encuentras en cajones olvidados. El encanto de otros tiempos, grabado en todos y cada uno de los surcos de sus canciones. Una imagen, actitud y entrega, que te retrotraen hasta las mismas fechas en las que sus melodías fueron creadas. Como si te hubiesen metido en el Delorean de "Regreso al Futuro", sin haberte tenido que quitar la cazadora roja de Michael J Fox por el camino. Así veo yo a los Yesterday and Today de Meniketti.

Haciendo honor por tanto a la primera parte de su nombre-la del ayer-es como los creadores del "Mean Streak" continúan afrontando sus descargas. Ofreciendo una entrega y minutaje, que no son propios de hoy en día, como si aún tuviesen que hacerse un nombre a base de directo arrollador. Como si cada noche que se suben a las tablas, fuese a ser la última que les vayan a permitir oficiar.

Viéndolo así, es lógico que esa máxima de que al público se le ofrezca lo justo para que no termine silbando, al señor Meniketti nunca le haya terminado por convencer. Por esto se reafirma en la idea de tocar cada noche más de dos horas de media, variando el repertorio todo lo que puede y sin utilizar subterfugios con los que pillar aire y salvar la papeleta. No se vale más que de su experiencia contrastada y sus mañas de artesano resabiado, para hacerse gigante sobre el escenario.

Por desgracia, y volviendo hasta a la pregunta que lanzábamos al inicio de este texto, los Y&T jamás han conseguido mantenerse en la primera división con la que un día coquetearon. Su añejo estilo de hacer las cosas, parece destinado a la nostalgia pasajera, la misma que despiertan los díscolos diseños que pueblan sus camisetas. Sus apabullantes maneras sobre las tablas, parecen no ser suficientes como que la historia haga justicia con estos californianos y eso es algo que tampoco parece que vaya a cambiar en pleno 2014.

Terminando por donde se suponía que tenia que empezar, comentaré que la actuación del Antzoki del diez de octubre, no fue ninguna excepción a los anteriores conciertos que hemos podido presenciar a la banda, con todos los ingredientes que he ido mencionando de pasada, y gozando de un sonido y luces difícilmente superables. Tan abrumadoramente buenos, que sería demasiado aburrido el hecho de ponerse a resumirlo.

Sin la contagiosa entrega de Brad Lang, tocando las cuatro cuerdas frente a nosotros, o la desgarradora técnica que sigue regalándonos Meniketti con el par de guitarras que saca de paseo, nada podría ser igual. Es necesario emocionarse con el tramo final de "I Believe In You", cantar en comunión las líneas de "Midnight in Tokyo" o dejarse llevar por la historia, mientras todo termina al son de "Forever". Es necesario estar viéndolo para poder creerlo.

De esta manera dejaríamos atrás un inicio marcado por el medio tiempo "Rescue Me", recuerdos a los discos más melódicos que Y&T grabara a finales de los ochenta y éxitos mundiales del tamaño de "Mean Streak", "Summertime Girls" u "Open Fire", esta última hábilmente empleada para abrir los bises. En medio de un setlist amplísimo encontraríamos cortes que no sabíamos de donde habían salido y que imaginábamos que venían a cuento para celebrar dignamente los cuarenta años de la banda.

A lo largo de dos horas y cuarto, por tanto, tuvimos tiempo para volver a encarar a una de las bandas clásicas por definición, en una maravillosa sala de media entrada, dando una nueva lección a las nuevas generaciones, sobre lo que supone amar y dignificar tu trabajo. Generando dudas en nuestras cabezas acerca de porque nunca han llegado a ser más grandes, mientras nos despedían los aplausos enfervorizados de un público absolutamente agradecido. Parecía que la vieja foto había vuelto a emocionarnos una vez más.

 

YOB + Pallbearer - Erandio (Sonora 5-10-14)

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Dejar que te pasen por encima, dos bandas como Swans y Yob, en un mismo fin de semana, podría calificarse como masoquismo sibarita, o simplemente como desconsideración absoluta con los tímpanos implicados. No tengo aún muy claro la forma en la que reflejarlo, aunque imagino que os podréis hacer una idea aproximada de lo que os planteo. Nuestros oídos siendo los que soportasen el bendito castigo sónico que nos aguardaba, mientras nuestros espíritus comulgaban con la tormenta de watios. Primero, de viernes, con los cisnes limpiándonos el cerumen pertinente y el domingo, con los de Mike Scheidt materializando las pesadillas de cualquier otorrino.

Sobre los de Michael Gira no es momento de ponerse a divagar en esta ocasión, así que nos centraremos en la exhibición que plantearon sobre la Sonora, los creadores del "Illusion Of Motion". Una demostración de autoridad, que tuvo a los Pallbearer dispuestos para ir creando ambiente. Lo harían ciñéndose a su último "Foundations of Burden", con un volumen similar al que más tarde gozaríamos, pero sin la subyugante presión que desplegarían los de Oregon.

Esta diferencia de atmosferas entre ambos conjuntos, sería determinante a la hora de ponerse a comparar. Mucho más clásicos los Pallbearer, siguiendo las líneas maestras que dejaron grabadas Candlemass o Pentagram, surtirían de Doom épico las dependencias de la Sonora. Buen aperitivo para comenzar, que sería contemplado con atención por el propio Mike Scheidt desde la primera fila. Firme, sólido y apropiado para lo que nos traíamos entre manos.

El líder de YOB se subiría sobre las tablas una vez hubieron concluido, quitándose las gafas y poniéndose a repartir Stoner robusto entre todos los que allí parábamos. Lo haría recordando el lejano y salvaje "Ball of the Molten Land", dejándonos ir a continuación con la interpretación completa de su último plástico. Así iríamos atravesando todos y cada uno de los sinuosos surcos que encierra "Clearing The Path to Ascend".

Uno de los mejores discos del año caería sobre nosotros entonces, arrancando con el Doom hiriente de "In Our Blood", continuando con el Sludge mortífero de "Nothing to Win" y rematando un buen rato después, con los sentidos recovecos que encierra "Marrow". Ejemplificando en unos minutos tan solo, todas las posibilidades que caben en la música de esta gente.

Acabado el tramo que correspondía al nuevo trabajo, los Yob echarían la vista atrás hasta el 2005, para rescatar la mitad de su legendario "The Unreal Never Lived". Sería el instante en el que más de uno volviese a vivir en carne propia, la actuación que la banda interpretó en el Roadburn del pasado 2012, aunque en esta ocasión, fuesen a ser dos tan solo las escogidas.

"Quantum Mystic" atronando con su característico inicio, y "Grasping Air" para dejarnos ir saciados y maltrechos. Aplastados por un conjunto que impacta con vehemencia y que a pesar de contar con un sinfín de matices entre sus líneas, nunca pierde la violencia sobre la que se define.

Last Updated ( Tuesday, 14 October 2014 06:24 )
 

The Big Nose Attack - Zaragoza (La Ley Seca 11-10-14)

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Este pasado sábado arrancaba en Zaragoza la primera visita a nuestro país de los griegos The Big Nose Attack. Debían acompañarles en esta puesta de largo los locales The Peabodys, pero finalmente y debido a una indisposición de última hora de uno de sus miembros, la banda tuvo que cancelar su actuación esa misma tarde. Así, Little Tonie (batería) y Captain Boogieman (guitarra y voces) serían los únicos que subieran al escenario de La Ley Seca la noche del sábado, ante un público compuesto principalmente por "domingueros" sin el más mínimo respeto ni por la banda que está tocando ni por la gente que sí habíamos ido a escuchar al grupo.

Y aquí hago un aparte, porque entiendo que la gente que acudiera a La Ley Seca para ver a The Peabodys se sintiera decepcionada, pero eso no es excusa para no parar de hablar durante todo el concierto (y el dúo de Atenas estuvo sobre el escenario más de hora y media). Personalmente encuentro muy molesto estar escuchando permanentemente la cháchara de algunos, me desconcentra totalmente. Parece que mucha gente no sabe comportarse con el debido respeto y les da lo mismo que sean amigos suyos los que están sobre el escenario que una banda que ha venido desde el otro lado del continente. Y esto es simplemente una cuestión de educación, amigos.

Todo esto, sin embargo, no pareció molestarles en absoluto a The Big Nose Attack ("Tendrías que ver cómo es un concierto en Grecia..." me comentó al respecto el simpático Boogieman después del concierto), que se centraron en ofrecer su contundente set de sucio blues de cruce de caminos y encuentros con el diablo y su rock garagero deudor de nombres como Black Keys, de quienes por cierto versionaron el archiconocido "Lonely Boy", canción que, ¡oh sorpresa!, se llevó la mayor atención de toda la noche por parte del público. He cogido tal tirria a este tema que opté por retirarme en ese momento al baño, pero hay que reconocer que se marcaron una versión que probablemente dejaría en pelotas a la de sus propios autores, y sin necesidad de músicos de apoyo por cierto. No sería la única versión de la noche, puesto que el dúo de hermanos se atrevería también con Tom Waits ("Chocolate Jesus" ante la indiferencia del público) y una "Foxy Lady" de Jimi Hendrix que, a falta de pirotecnia en la digitación, Boogieman suplió con su pedalera de efectos. Pedalera que también fue protagonista durante el largo final de "Down With Me", canción con la que darían finalizado su set entre una orgía de ruido y un desconcertado público que en su mayoría no tenía ni idea de lo que estaba viendo.

Esperemos que en futuras visitas la situación les sea más propicia. Si es que las hay.

 
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