Conciertos

Heavy Tiger - Zaragoza (Pub Eccos 22-10-14)

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Amplio paseo el que se están dando Heavy Tiger en su segunda visita por nuestro país en menos de un año. Si aquella vez fue una primera toma de contacto con el público del sur, ahora estas tres jovencitas suecas van a completar casi la quincena de conciertos. Y al parecer con bastante éxito, puesto que apenas sobrepasado el ecuador de la gira, ya habían agotado algunos de los artículos de merchandising y estaban a punto de hacerlo con alguno más. El trío está presentando en directo su debut largo, "Saigon Kiss", que lleva también varios prensajes ya a estas alturas.

Así, Heavy Tiger llegaban a Zaragoza la nada propicia y un tanto ventosa noche del pasado miércoles. Una noche en la que el contraste entre la edad de las protagonistas y de la mayoría del público era tan grande que alguno me dijo al oído que parecíamos viejos verdes. No pareció importarles demasiado a estas chicas de Estocolmo, que en apenas 50 minutos dieron una verdadera lección de lo que debería ser un concierto de rock and roll: sudor, riffs básicos acompañados de la justa melodía y sobre todo diversión.

Porque las chicas, a pesar de contar con un público pasivo en exceso -sobre todo al comienzo-, supieron desprender entusiasmo a raudales mientras nos ametrallaban con canciones propias de innegable encanto, homenajes a héroes como AC/DC, Led Zeppelin o Deep Purple en feroces versiones llevadas a su terreno (por cierto, que alguien me aclare si estoy loco o realmente fusionaron el riff de "Not Fragile" de Bachman Turner Overdrive con "Highway Star") y una Maja -guitarrista y vocalista- que se lleva gran parte del protagonismo por sus poses, sus ganas de comerse el escenario y su eterna sonrisa. Y eso sin desmerecer a sus compañeras Astrid y Sara, que se alternan también a la voces y coros y aportan empaque a un sonido que en ningún momento hacía aguas, ni siquiera durante los solos. Porque lo único tierno que hay en Heavy Tiger es la edad de sus componentes, no desde luego su música, que sabe reivindicar sus influencias sin sonar derivativa ni falta de originalidad. Triunfaron.

La de cal la dieron los locales DeNegro, que abrían la velada ante algunos incondicionales, para los que parecían estar ofreciendo un concierto privado; se nota que están bien ensayados (despliegan su set de manera prácticamente impecable), aunque tal vez deberían haberse centrado en el concierto y no involucrarse en bromas privadas con el público (hubo incluso quien se acercó al escenario para despedirse de la banda porque se le había hecho tarde). Este tipo de detalles acaban dando una imagen de poca profesionalidad y amateurismo a una banda que, por otra parte, no suena del todo mal gracias a tomar prestados riffs de aquí y allá, con una especial inclinación hacia la vertiente cafre -y algo cansina por lo repetitivo- de unos Motörhead por ejemplo (y salvando enormemente las distancias). Les faltan tablas y les sobró tiempo.

 

Saint Vitus + Orange Goblin - Bilbao (Kafe Antzoki 15-10-14)

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Treinta y cinco años después de publicarse en todo el mundo conocido, el mítico "Born Too Late" sería finalmente presentado sobre las tablas de un escenario bilbaíno. Sus creadores, los insignes Saint Vitus, lo defenderían de la misma forma que lo habrían hecho si hubiese aparecido anteayer, con la misma vehemencia y credibilidad que uno acostumbra a toparse cuando afronta bandas imberbes. Sin que el peso de los años, hubiese podido mellar la autenticidad que aquellos legendarios surcos desprendían.

Antes de que la lección de historia nos llevase hasta el lejano 1986, Orange Goblin dispondrían de una hora larga para caldear de manera suficiente el Antzoki bilbaíno. Lo harían como es costumbre en ellos, redundando sobre su lado más rocoso, y obviando su faceta más etérea. Brad volvería a ser el gigantesco referente visual sobre el que pivotarían el resto de los componentes, encontrándose la puesta en escena absolutamente supeditada por su imponente presencia.

De manera sencilla volverían a plantarse por tanto, de similar forma a como se manejaron en el pasado Kristonfest del 2013. Su sonido no sería tan farragoso como en aquella ocasión, en cualquier caso, aunque su espíritu volvería a comulgar con la vertiente más cazallera del Stoner, esa que últimamente andan popularizando los Red Fang, con cada paso que marcan.

Inyectarían adrenalina cervecera de esta manera, recortando la silueta de Motörhead sobre el Antzoki, al tiempo que arrancaban alguna que otra tímida ovación. Sus minutos acabarían sonando un pelín lineales finalmente, consiguiendo despuntar en alguno de los momentos estelares, pero sin ser capaces de mantener la intensidad a lo largo de todo el minutaje.

El día que les tocaba tampoco era el más propicio como para montar timbas, a pesar de que arrancasen pinchando hueso con "Scorpionica" y sacando a paseo "Quincy The Pigboy", en los momentos finales. Aquello seguiría pareciendo un miércoles cualquiera, una vez se hubieron bajado del escenario.

Antes tendrían tiempo para presentar unas cuantas novedades de su último redondo, sobresaliendo sin problema el "In The Arms Of Morpheus", y reservándose un lucido hueco para rescatar el "Saruman's Wish" de su lejano "Frecuencies from Planet Ten". No sería un mal comienzo, pero tampoco llegarían a justificar del todo, el habernos sacado de casa.

Para esa labor estarían esperándonos pacientemente los Saint Vitus de Wino y Dave Chandler, apostados sobre sus parcelas correspondientes, plenamente preparados para lo que allí se jugaban. Comenzarían impertérritos, sin despeinarse más de lo necesario mientras soltaban sobre el Antzoki, su primera andanada de Proto-Doom recalcitrante. Luciría de esta manera "Living Backwards", tan añeja como todos las recordábamos, retumbando entre las paredes de manera triunfal.

Ahí daría comienzo el viaje iniciático que teníamos concertado. Un polvoriento paseo por los momentos fundacionales del estilo, a cargo de uno de los grupos que ayudaron a crearlo. Recordarían antes de ponernos tiernos, alguno de los temas que conformaban su último opus, haciendo que "Let Them Fall" y "Blessed Night", recibiesen la cuota de atención que se merecían. Sonarían imperiales y ya nos dejarían claro la espectacular base rítmica que tenían montada, llamándonos la atención la prominente pegada que se gastaba Henry Vasquez. Un auténtico animal tras los parches, resultaría ser el colega.

Tras otro par de paseos por el resto de la discografía del conjunto, los Saint Vitus llegarían hasta el punto sin retorno, en el que tocaba ponerse a repasar uno de los pilares fundamentales del Doom. Uno de los trabajos más influyentes de los ochenta, tomaba cuerpo ante nuestras narices, tan mohoso y desgastado como un viejo sótano sin ventilar, con las mismas telarañas que lo adornaban en los vetustos cassetes, que pinchábamos cuando éramos críos.

Lo mentarían de manera inversa, comenzando por el final y zanjando con el homónimo "Born Too Late" que abría el disco original. La sucesión sería inapelable y mantenida, sin que nada enturbiase el guion establecido, con Wino cantando de manera magnética y siniestra, mostrándonos el verdadero lado oscuro, sobre el que el Metal un día fue fraguado. Obviamente nos retrotraerían hasta los fundadores. Hasta los mismísimos Black Sabbath de cuerpo presente, tendríamos que ir a buscar influencias y parecidos. La esencia misma de la oscuridad, parecía estar materializándose en el Antzoki bilbaíno, aquel miércoles de octubre.

Dave Chandler tomaría las riendas escénicas de manera casi absoluta en este punto, desgarrando su afilada guitarra, con más alma que técnica, mostrándose indómito y peligroso a pesar de su edad, viviendo cada palabra de un disco, que el mismo compuso en su mayor parte. Daría el contrapunto perfecto a la monolítica figura de Wino, quien ya tendría bastante con clavar su acostumbrada estampa de mesías maldito.

De esta manera tan infalible, remacharían con acierto los seis clavos que invocaban los que nacieron tarde, aquellos, claro está, que pretendieron vivir los finales de los sesenta, montados en la oscura nube que sobrevino al universo hippy. Terminarían con el "Born Too Late" por tanto, con toda la sala volcada y entregada lo suficiente, como para que la banda volviese a salir e interpretase el tema que les da nombre, el mismo que fue inspirado por el corte del Volumen Cuatro, con Wino restando épica, pero agregando carisma en el proceso.

Así llegaría el colofón mantenido. Las formas pétreas se diluirían un poco llegados hasta aquí y el cantante terminaría cantando varias líneas entre las primeras y entusiastas filas. La fiesta Doom llegaría a su fin sin que hubiese hecho falta saltarse una sola coma, sin que el desencajado gesto de Wino hubiese dejado de intimidarnos, ni los tiempos hubiesen tenido que acelerarse lo más mínimo. Tan solo una gloriosa ceremonia de miércoles, funeraria, contenida y calculada en el tiempo.

 

Y&T - Bilbao (Kafe Antzokia 10-10-14)

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Ante el apabullante concierto que ofrecieron los Y&T el pasado viernes diez de octubre, uno siente la necesidad de analizar ciertas cuestiones que surgen a posteriori. Articular en palabras lo presenciado durante más de dos horas de puro Rock and Roll californiano, en medio de un Antzoki entregado. Tratar de comprender en definitiva, cómo es posible que un conjunto capaz de dar directos de semejante enjundia, continúe luciendo su nombre por clubs de media entrada, sin optar a las grandes ligas en las que otros llevan décadas campando.

Sin responder a estas cuestiones, y pasando de largo sobre la narración del evento, tenemos que ser capaces de analizar el motivo por el que el mundo parece haber sido injusto con los de Meniketti. Habiendo parido plásticos elementales como "Earthshaker" o "Black Tiger", al tiempo que eran ensalzados como una de las bandas fundacionales por el roquerío angelino de principios de los ochenta, resulta complicado asegurar que fue lo que les acabó privando del pedazo del pastel oportuno.

En mi modesta opinión, poseen la misma belleza que las fotos desgastadas que te encuentras en cajones olvidados. El encanto de otros tiempos, grabado en todos y cada uno de los surcos de sus canciones. Una imagen, actitud y entrega, que te retrotraen hasta las mismas fechas en las que sus melodías fueron creadas. Como si te hubiesen metido en el Delorean de "Regreso al Futuro", sin haberte tenido que quitar la cazadora roja de Michael J Fox por el camino. Así veo yo a los Yesterday and Today de Meniketti.

Haciendo honor por tanto a la primera parte de su nombre-la del ayer-es como los creadores del "Mean Streak" continúan afrontando sus descargas. Ofreciendo una entrega y minutaje, que no son propios de hoy en día, como si aún tuviesen que hacerse un nombre a base de directo arrollador. Como si cada noche que se suben a las tablas, fuese a ser la última que les vayan a permitir oficiar.

Viéndolo así, es lógico que esa máxima de que al público se le ofrezca lo justo para que no termine silbando, al señor Meniketti nunca le haya terminado por convencer. Por esto se reafirma en la idea de tocar cada noche más de dos horas de media, variando el repertorio todo lo que puede y sin utilizar subterfugios con los que pillar aire y salvar la papeleta. No se vale más que de su experiencia contrastada y sus mañas de artesano resabiado, para hacerse gigante sobre el escenario.

Por desgracia, y volviendo hasta a la pregunta que lanzábamos al inicio de este texto, los Y&T jamás han conseguido mantenerse en la primera división con la que un día coquetearon. Su añejo estilo de hacer las cosas, parece destinado a la nostalgia pasajera, la misma que despiertan los díscolos diseños que pueblan sus camisetas. Sus apabullantes maneras sobre las tablas, parecen no ser suficientes como que la historia haga justicia con estos californianos y eso es algo que tampoco parece que vaya a cambiar en pleno 2014.

Terminando por donde se suponía que tenia que empezar, comentaré que la actuación del Antzoki del diez de octubre, no fue ninguna excepción a los anteriores conciertos que hemos podido presenciar a la banda, con todos los ingredientes que he ido mencionando de pasada, y gozando de un sonido y luces difícilmente superables. Tan abrumadoramente buenos, que sería demasiado aburrido el hecho de ponerse a resumirlo.

Sin la contagiosa entrega de Brad Lang, tocando las cuatro cuerdas frente a nosotros, o la desgarradora técnica que sigue regalándonos Meniketti con el par de guitarras que saca de paseo, nada podría ser igual. Es necesario emocionarse con el tramo final de "I Believe In You", cantar en comunión las líneas de "Midnight in Tokyo" o dejarse llevar por la historia, mientras todo termina al son de "Forever". Es necesario estar viéndolo para poder creerlo.

De esta manera dejaríamos atrás un inicio marcado por el medio tiempo "Rescue Me", recuerdos a los discos más melódicos que Y&T grabara a finales de los ochenta y éxitos mundiales del tamaño de "Mean Streak", "Summertime Girls" u "Open Fire", esta última hábilmente empleada para abrir los bises. En medio de un setlist amplísimo encontraríamos cortes que no sabíamos de donde habían salido y que imaginábamos que venían a cuento para celebrar dignamente los cuarenta años de la banda.

A lo largo de dos horas y cuarto, por tanto, tuvimos tiempo para volver a encarar a una de las bandas clásicas por definición, en una maravillosa sala de media entrada, dando una nueva lección a las nuevas generaciones, sobre lo que supone amar y dignificar tu trabajo. Generando dudas en nuestras cabezas acerca de porque nunca han llegado a ser más grandes, mientras nos despedían los aplausos enfervorizados de un público absolutamente agradecido. Parecía que la vieja foto había vuelto a emocionarnos una vez más.

 
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