Pablo Und Destruktion – ‘Vigorexia emocional’ (Marxophone 2015)

Pablo Und Destruktion – ‘Vigorexia emocional’ (Marxophone 2015)
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Decía Paul Valery, que cada vez que entraba en sí mismo debía hacerlo armado hasta los dientes. Por fortuna, Pablo García Díaz lo hace a pecho descubierto y nos entrega ahora diez canciones bajo el explícito título de «Vigorexia emocional».

A priori, nada nuevo bajo el sol en las coordenadas de este disco, con respecto a sus anteriores trabajos. Una producción sobria y eficaz, base rítmica al servicio de las composiciones, la voz de barítono característica, que en ocasiones recita más que canta (suenan ecos de Leonard Cohen y Nick Cave), y la guitarra jugando entre el arpegio tremuloso y la tormenta, siguiendo con la senda marcada con «Sangrin» (2014).

Pero, ¡quién necesita novedades, cuando nos encontramos con canciones como «Ganas de arder» o «Los días nos tragaran»! En estos días donde el indie se ha convertido en un término pervertido hasta la extenuación y donde sus grupos bandera hacen anuncios y canciones para marcas de cerveza, Pablo Und Destruktion es una anomalía deliciosa. No cabe duda de que estamos ante un proyecto muy personal, arriesgado y donde el asturiano parece dejarse la piel en cada canción como si le fuese la vida en ello. Algo que, por desgracia, se echa en falta cada vez más. Conviene recordar que en estos tiempos de streaming, de gran oferta, donde las canciones deben entrar a la primera escucha o si no a otra cosa, sacar un disco que necesita de múltiples escuchas puede parecer un suicidio comercial, pero no nos equivoquemos, estamos ante una dicotomía sencilla, comida rápida versus dieta mediterránea (o cántabra en este caso). Ante esta obra, como el propio Pablo dice en «Mis animales», solo cabe «que aquí se acepte el riesgo y se le guarde el respeto».
Trazando un puente entre la tradición asturiana y el folk de autor norteamericano, el de Gijón parece haber encontrado su hábitat natural en estas coordenadas destapándose como un artista prolífico y comprometido. Lejos de dar muestras de agotamiento, cada nuevo trabajo es una pieza más que encaja perfectamente con la anterior, y que presumiblemente construirán una carrera, desde ya, excitante, apasionada y bella.

Al escuchar «La vida es hermosa», una de esas canciones donde la base rítmica deja de estar al servicio de la canción y vuela por sí sola, uno no puede menos que relamerse los labios y pensar en que aún no ha entregado su mejor disco.

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