OJOS SIN ROSTRO (Les Yeux Sans Visage)

Georges Franju, 1959

 

Recuerdo perfectamente la primera vez que vi "Ojos sin rostro", eran los primeros noventa y estaba en pleno crecimiento cinéfilo. Solía devorar los programas de carteleras en busca de alguna película que me llamara la atención, ya fuera en la filmoteca, en algún cine club, o en cualquier sitio fuera del circuito convencional de los cines de estreno. Eran mediados de octubre y daba comienzo la Mostra de Cine de Valencia, y buscando la programación en la cartelera Turia marqué una película francesa de finales de los cincuenta, titulada "Les Yeux Sans Visage", y cuya única referencia  que tenía era alguna reseña de un incipiente fanzine valenciano dedicado al cine fantástico, porno, gamberro y bizarro, y que desde su modestia ya empezaba a hacer mella en la psique de una pequeña legión de fans, por supuesto me estoy refiriendo al 2000 maniacos -¡qué grande eres Manolín!- y que con el tiempo se ha convertido en clara referencia para los adictos al género en toda España. Bien por ellos.

Así que, acompañado de mi chica y de nuestra por entonces inseparable amiga Alicia, me fui para los antiguos cines Martí de Valencia, a ver que me deparaba aquella película de nombre tan sugerente. Pagamos las 400 pelas de marras y a la butaca.

Tras hora y media de proyección la sensación fue demoledora, ese gratificante estado en el que te deja una película, cuando tras su visionado sabes que va a estar en tu top particular muy, pero que muy alto el resto de tus días. Sin duda aquella mezcla de poesía, horror y thriller había calado muy hondo en mi cabeza.

Ha llovido mucho desde entonces –y cientos de pelis más han sido visionadas- así que anoche cuando me dispuse a verla de nuevo en el sofá de mi casa no tenía muy claro si me iba a impresionar tanto como aquel lejano día de octubre.  Por supuesto pasó lo que tenía que pasar, si bien no me impresionó tanto, me gustó mucho más. Y es que "Ojos sin rostro" es una obra maestra con todas las letras.

La historia que nos cuenta es bastante simple y efectiva. El doctor Génessiern con la ayuda de su compañera (una magistral Alida Valli) se dedica a secuestrar jovencitas que tras someterlas a una operación para extirparles la piel del rostro, lo injertan en la joven hija del doctor, Christine, que se desfiguró la cara en un accidente de tráfico.

Una tras otra las operaciones van fracasando, por lo que tienen que ir consiguiendo nuevas chicas. Tras un catártico y bellísimo final la película llega a su fín.

OJOS SIN ROSTRO (les yeux sans visage)Pero lo que hace realmente grande la película es el modo con el que Franju rueda la mayoría de las escenas, pasando de unos planos realmente oníricos y bellos al horror más atroz.

Una clara muestra sería la primera aparición de la hija del doctor con una enigmática máscara sobre el rostro, tras una conversación con su padre y quedándose ya la chica sola, se da un paseo por la casa –en una pausada escena- que es de una delicadeza y belleza abrumadoras, de esas que por sí ya justifican una película. En una de las siguientes escenas vemos al doctor Génessiern y a su ayudante en la sala de operaciones arrancándole la cara de cuajo a una de las chicas secuestradas, tras haber sido diseccionada con un bisturí, con una frialdad que produce escalofríos. Si bien el pistoletazo de salida del cine gore está fechado con la salida de "Blood Feast" unos años después, hay en esta escena más atrocidad que en toda la filmografía de mi venerado H.G. Lewis.

Otro de los grandes aciertos de la película es la banda sonora, desde esa música circense que acompaña cada nuevo secuestro de la ayudante del doctor, hasta esa melancólica y sensible música que suena en muchas de las aparicones de Christine, con esa máscara y ese abrigo que ya forman parte del imaginario del cine fantástico.

"Ojos sin rostro" es una película llena de escenas que guardas en tu retina por mucho tiempo, tanto por su belleza como por su horror, y seguro que directores como Cronenberg y David Lynch la han visto en más de una ocasión.

 

Y nada mejor para acabar que con las palabras que pronunció Pauline Kaen – una de las más reputadas críticas de cine de todos los tiempos- tras el visionado de "Ojos sin rostro":

 

hoy os voy a hablar de la película de terror más elegante que se ha hecho jamás…”

 

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